¡Feliz cumpleaños, Pushkin!

Fuente: RIA Novosti.

Fuente: RIA Novosti.

Alexánder Pushkin, propietario de 200 almas y duelista, poeta incomparable y primer novelista de Rusia, vivió una vida fantásticamente hermosa, aunque incómoda para sus seres cercanos. Fue una vida algo triste y misteriosa. Pushkin murió recién cumplidos los treinta y siete años, dejando 92.500 rublos en deudas y cuatro hijos en los brazos de su mujer, una belleza mundana y corriente.

La vida de Pushkin fue una paradoja y un misterio. Lo paradójico estriba en que un tipo pequeño, con cara de mono y uñas largas creara una lengua y un pensamiento absolutamente necesarios para la Rusia moderna. Y he aquí el misterio: ¿cómo puede ser que Pushkin siga aventajando en capacidad de conciencia a los zares y mártires, a los oráculos y a las estrellas del rock?


En cuestiones importantes no me fío demasiado de mis contemporáneos. Quizá por esta razón he pensado varias veces en conversar con Pushkin directamente. Hace tiempo que le quería preguntar:


Alexánder, en la 'Conversación imaginaria con Alexánder I' escrita a principios de 1825, usted comenzaba: “Si yo hubiera sido zar, habría llamado a Pushkin y le habría dicho…” En esa “'conversación' el zar le reprocha a usted la oda

'Libertad', así como su ateísmo y su discusión con el conde Vorontsov. Algunos expertos actuales en Pushkin consideran esta 'Conversación' un error en vano. ¿La habría rechazado usted?


Ni lo habría pensado.


Y si las frases sobre el enfado del zar, ¿le envían a Siberia y, usted seguiría pensando en los ritmos?


La vida rusa a menudo se me presenta como un poema o una novela con estilo o bien malo o bien excelente. Y, por cierto, sin ningún ritmo…


¡Tiene usted razón! Sólo la vida capturada por el lenguaje (con un buen ritmo narrativo) se puede manifestar hasta el final. Y si la vida no se nombra, no se muestra… ¡Sencillamente no es para nosotros! ¿No es así?
Es así verdaderamente, si usted no me engaña preguntando por esto.


Por cierto, hablando de la lengua. Cómo no recordar sus palabras: “Nos hacemos llamar escritores y no conocemos la mitad de las palabras del ruso”. Cuando usted escribió esto, seguramente pensaba que pronto aprenderíamos las palabras. Pero desde entonces la situación no ha hecho más que empeorar. Ahora la mitad de nuestro diccionario está formada por palabras no relacionadas de ninguna manera con las raíces del entendimiento. ¡Nuestra lengua de hoy en día es medio rusa, es criolla!


¡Eh, cuidado! Yo mismo soy criollo.


Para la sangre, la 'criollización' puede ser buena. Pero para la lengua, es un destino deplorable. Precisamente desde la lengua y el pensamiento basado en ella hay un camino directo a la formación y dirección de un país. Usted mismo habló de ello con triste exactitud: “¡La ciencia, la política y la filosofía todavía no se han explicado en ruso!”


Y ahora yo le pregunto a usted. ¿Cómo están las cosas respecto a esto ahora?


Pues casi igual. No hay respeto ni por la lengua ni por la filosofía de vida basada en ella. Entonces, tampoco puede haber respeto hacia la propia cultura, hacia nosotros mismos.


Mm… Recuerdo que yo apunté: “Me han enseñado la ciencia principal: honrarse a sí mismo”.


Y a nosotros nos enseñan a honrar a los demás: formas ajenas de gobierno, hábitos civilizados que hace tiempo que perdieron el sentido, incluso la arrogancia étnica…


Pero en la Rusia de hoy en día son gobernantes muy conocidos. Es bueno saber que se pueden parecer en algo a Pedro por su forma de gobernar:


De repente revivió a Rusia,


la guerra, las esperanzas, el trabajo...


 Tenemos pensadores independientes, pero el problema consiste en que estas no pueden acceder al poder. ¡La mediocridad y la caza espiritual, como la dinamita, ensordecen los dones de la patria!


¿En serio? Pues yo creo que para las futuras generaciones mis versos tendrán sentido:


Existirán problemas en el país, en el que siervo y adulador


estarán cerca del poder...

Aduladores los hay todavía. Pero en el siglo XIX se tenían que ver las caras con la opinión pública. Y ahora sólo se escupen entre sí.


¿No son colores demasiado exagerados? En el país de Pedro debía de haber muchas personas honestas y con talento. Esto se puede comprobar de nuevo leyendo los versos sobre el Gran Carpintero:


No desprecia a su patria


conoce su destino...


En los años 80-90 del siglo XX o bien nos olvidamos de este propósito, o bien lo rechazamos con desprecio. ¿Lo saben ahora? He aquí la cuestión…


La conversación con Pushkin podría seguir y seguir. Ya que para la mayoría de las preguntas contemporáneas Pushkin ofrece respuestas.


Sin embargo, en lugar de acercarnos más profundamente a la poesía, la prosa y sus artículos, miramos hasta la saciedad la ropa de su mujer, la lista de sus amantes, los fascinantes detalles de su vida y muerte. Pero en este ámbito tampoco ha habido éxitos destacables en las últimas décadas. Al contrario, nos golpeamos constantemente la cabeza por una serie de ideas inertes sobre el poeta.


A menudo se dice: “Pushkin era un duelista, un matón”. Pero únicamente se le provocaba a ir a las peleas. Lo retaban y aresistió. Pero los retos, a escondidas de Nikolái I eran un juego peligroso. Los duelos de Pushkin eran de un carácter pendenciero, de un dolor agudo. Sujeto a las convencionalismos, Pushkin era en el San Petersburgo de aquel entonces, un divertido espectáculo. ¡Como si fuera un pájaro negro y saltarín lo tenían en una jaula sucia, llena de paja, burlándose y empujándole con los dedos!


'El pachá de los tres bunchuks', así llamaba Pushkin a su futuro asesino, d’Anthés. Pushkin a menudo aparecía en público con su esposa y dos hermanas de esta, aunque, evidentemente, sin ningún bunchuk, símbolo de la autoridad para los turcos.


Sofia Karamzina fue testigo de la ira en este asunto.


Se intentó hacer de él una 'personalidad paródica'. ¡No se consiguió! Al contrario, su propia imagen, de naturaleza no muy agraciada, se volvió inspiradora.


Otra aspecto importante: Pushkin era un Don Juan. Pero este amor extremo a menudo era una máscara. En ocasiones, un burdo intento de 'cosificar' la poesía. Y las mujeres de los altos círculos estaban dispuestas a todo con tal de fundirse en el éxtasis con el 'mono francés', según llamaban a Pushkin sus amigos del liceo.


Entonces, Alexánder, ¿le salieron bien las cosas en el amor?


No del todo. Es algo como lo que  remarqué en su momento, aunque fuera por otra cuestión: “He soñado con placer una tragedia sin amor”. Y a pesar de que esto pertenece más a la escena, tanto amor acabó finalmente por cansarme.
Nuevo malentendido: Pushkin no sabía manejar el dinero. ¡Vaya si sabía! Sus cartas están llenas de precisos cálculos matemáticos y cuentas. El asunto era otro. Pushkin era siempre llevado a circunstancias en las que se veía obligado a gastar más de lo que ganaba con su trabajo literario, más de lo que ganaba de sus fincas.


He aquí una carta suya: “Veo que necesito tener unos ingresos de 80.000. Y los tendré. No en vano me he lanzado a la especulación periodística”.


Se cree que Pushkin era ateo. Sin embargo, el camino espiritual del poeta muestra claramente que se decantaba por la fe cristiana. Lento pero seguro, se movió por un camino especial y poco frecuente: hacia una purificación a través de la belleza profunda y no superficial, hacia la creación del bien en condiciones inapropiadas, entre los pecados y las cargas del mundo.


La santidad mundana, eso es lo que le otorgó a Pushkin su arte.


De todos modos, su vida está lejos de ser un ejemplo.


Sin embargo, incluso alrededor de los grandes iconos rellenan “la vida”. Allí me siento como pez en el agua.


Y además el misterio del impacto en los lectores...


Yo mismo lo desconozco. Léale mis escritos a los niños: la inocencia siempre da la respuesta correcta!


Les leí 'El gallo de oro' y 'Dubrovski'. Las respuestas de los niños de siete y ocho años fueron: “Es tan bonito que he llorado”. “¡Pushkin no miente!”


Es aquí donde empieza a comprenderse a Pushkin. Fue una actitud creativa y no una musa la que dictaba sus versos. Su prosa era la continuación de sus actos; sus versos, de los deseos internos. La vida de Pushkin era arte. Antes y ahora, la vida de muchos de nuestros escritores es una parodia de sus obras.


Y por último, la lengua rusa: el 'supra elemento'. Un medio de bioenergía de gran alcance. La lengua rusa es un océano en el que yacen nuestros actos y pensamientos. Ni Pedro I, ni Pável I, ni Lomonósov, ni Karamzin pudieron descubrir el ruso, lo que significa que en la mentalidad rusa había una gran cantidad de pensamientos que no fueron capaces de encontrar la genialidad de la palabra. Sólo Pushkin fue capaz, de ahí su importancia histórica.


Esto debería ir seguido de la siguiente conclusión: Pushkin dio su vida por el triunfo de la lengua y la cultura rusas. Sin embargo, la conclusión será diferente, inesperada.

Pushkin realmente dio su vida. No por el rey, ni siquiera por la literatura. Pushkin dio su vida por su familia y su buen nombre. Al igual que para expiar los pecados de su juventud, se sacrificó por el bienestar de los niños. Sentía que sin ese sacrificio, la situación moral y económica en torno a él y su familia no podría resolverse.

Como predijo Pushkin, después de su muerte, todo cambió milagrosamente. Las deudas se pagaron. Las hijas fueron nombradas en canciones. La viuda encontró en su esposo un marido-general. Cesaron los  reproches. En lugar de “Pushkin escribió” deberíamos decir: “El Sol de nuestra poesía...”

Todo esto sugiere la idea de que la vida de Pushkin fue la primera y la mejor novela rusa, escrita por él mismo. Una novela sobre el destino y la lucha contra la violencia de éste: Abraham luchó contra un ángel, Pushkin contra burócratas de San Petersburgo que no le dejaban respirar. Se trata de una breve historia sobre la libertad y la esclavitud, y sobre la unión del sentimiento amoroso con una experiencia espiritual.


También es importante el hecho de que esta novela de su vida fuera escrita por el propio Pushkin y simultáneamente. Hubo un rápido crecimiento al principio, un 'giro brusco' (el cambio a la prosa) a la mitad y un inesperado y, a la vez esperado, punto final en un duelo.


Hace 175 años que esta gran novela 'filosófica' y llena de poesía es leída por nosotros con entusiasmo.


Borís Evséyev, es novelista, poeta y ganador del premio Bunin.  

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