El efecto de la crisis del euro sobre la economía rusa

Dibujo de Niyaz Karim.

Dibujo de Niyaz Karim.

La difícil situación sobre la que atraviesa Europa provoca que, en una época de globalización, analicemos el impacto que esta crisis provoca en Rusia. Todo indica que no ha tenido un efecto muy importante sobre la economía productiva, aunque sí en el mercado de valores. Debido a la dependencia que la economía rusa tiene del petróleo, la clave parece estar en el impacto que la crisis económica en Europa tenga sobre los precios de las materias primas.

Europa es, y siempre ha sido, un importante socio comercial de Rusia. Además, también lo es de China, otro de los destinos clave de las exportaciones rusas. Por ello, cuando Europa tiene problemas, una de las preguntas que lógicamente nos viene a la mente son las consecuencias que tendrán sobre la economía rusa.


Al menos por ahora parece que la crisis del euro no ha tenido un efecto demasiado importante sobre la economía productiva. En la actualidad Rusia crece a un ritmo bastante lento, aunque opera con un margen de producción muy pequeño. En otras palabras, la demanda es mayor que la oferta, por lo que una reducción relativamente pequeña de la demanda externa no ha obtenido un resultado material relevante. En realidad, todo depende de los problemas con el euro y si estos tienen como resultado un descenso significativo y sostenido en el precio de las materias primas. De hecho, durante el pánico por el que han pasado los mercados a causa de los problemas en Europa, el precio de las materias primas, especialmente el petróleo y el metal, claves para el nivel de ingresos en Rusia, han sufrido una bajada de precios significativa. Es en estos momentos, la economía rusa puede recibir un fuerte golpe y el gobierno también puede resentirse.


En Rusia los impuestos al sector petrolero están estructurados de tal manera que el porcentaje de impuestos que pagan las empresas del sector se incrementa de forma progresiva a medida que aumenta el precio del petróleo. Es similar a un régimen progresivo del impuesto sobre la renta, pero en una proporción extrema. Tiene como objetivo garantizar que las empresas petroleras no sean las principales beneficiarias de los ingresos extraordinarios de su actividad y que haya una distribución entre el pueblo ruso a través de los impuestos, ya que en definitiva, los ciudadanos son los verdaderos dueños del petróleo subterráneo. Sin embargo, este régimen tiene un efecto secundario interesante: cuando los precios bajan, las petroleras no sufren más que una pequeña reducción de sus ingresos, mientras que cuando los precios son altos, la mayor parte de los beneficios se va en impuestos. Aunque la otra cara de la moneda es que el gobierno resulta perjudicado, ya que la reducción de los ingresos públicos que se registra cuando el precio del petróleo se deteriora es enorme.


Por ello, Rusia se verá seriamente afectada por la crisis europea si ésta tiene como consecuencia un descenso sustancial en el precio del petróleo. Así ocurrió en el pasado y tal vez sea lo que ocurra ahora. Sin embargo, en la actualidad, el mercado petrolero parece tener una estructura muy sólida, por lo que, si bien es perfectamente posible que los precios se derrumben de forma pasajera, es mucho menos probable que el efecto sea duradero.


Además de las implicaciones directas sobre el comercio, también están los mercados de capitales, en extremo perjudicados por la crisis europea. En particular, el mercado de valores ruso es muy sensible a cualquier deterioro del apetito mundial por el riesgo. Cada vez que el mundo comienza a temer una debacle financiera en Europa, los inversores venden no sólo sus activos europeos, sino todos los provenientes de lugares no percibidos como 'libres de riesgo'. Dado que los activos rusos no entran en esa categoría, los inversores se desprenden de ellos cuando la crisis se intensifica, aunque, como ya hemos visto, no hay impacto directo sobre la economía material. El año pasado, después de alcanzar su cima, el mercado de valores rusos sufrió una caída estrepitosa del 43%, como consecuencia de los temores acerca de un posible colapso del  sistema bancario de la eurozona. También es habitual que haya un efecto similar, aunque de menor magnitud, sobre el rublo y el rendimiento de los bonos. La moneda rusa perdió un 16% de su valor debido a los problemas en Europa.


Estas consecuencias sobre la estimación de los activos no son exclusivas de Rusia. Recientemente, el mercado ruso sufrió un descenso similar al que sufrieron los mercados emergentes en el resto del mundo a raíz de la preocupación por la economía europea. No obstante, estos hechos no ayudan y las repercusiones por la brusca caída que se registró en los precios de las acciones en el sector financiero ruso no van a ser menores. Entre las posibles  repercusiones se encuentran el valor de las garantías que respaldan los créditos a las empresas,  que desencadenan demandas de cobertura suplementaria y tienen como resultado otros factores, con consecuencias negativas sobre la calidad de la cartera crediticia de los bancos.


Todo lo expuesto se mantiene mientras las autoridades europeas, entre las que se encuentra el Banco Central Europeo, no permiten que los problemas financieros del sector desaten una crisis bancaria sistémica a raíz de la cual se congelen los mercados monetarios, no haya financiación para el comercio y se vivan situaciones similares a las que se vivieron después de la caída de Lehman Brothers. Aunque esto no parece probable, si se permite que ocurra ese Armagedón financiero, las consecuencias para Rusia serán mucho más serias y tendrán como resultado un gran deterioro en el rendimiento económico del país.


Alexéi Moiséyev, jefe de Análisis Macroeconómico de VTB Capital, jefe de Análisis de Renta Fija de VTB Capital, vicejefe de Investigación.

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