Cuando España es INDITEX

Rusia renueva su armario con prendas de diversa procedencia. Fuente: Denis Doyle/ Bloomberg via Getty Images.

Rusia renueva su armario con prendas de diversa procedencia. Fuente: Denis Doyle/ Bloomberg via Getty Images.

En una década, Rusia se subió al vagón de la moda. La crisis reveló que tenía múltiples paradas. Europa disparó su valor, pero bajó su participación. Peor España. Salvo Inditex y Mango. La salida a la crisis está en la innovación. Aquí el ejemplo está cerca.

8 de la tarde, mayo. Calle Arbat, Moscú. A este lado de la calle, una chica rubia, alta y delgada. Al otro, una mujer más gruesa y baja. Cerca, un hombre. Los abrigos son distintos. Pero todos distinguidos. No son parte de un anuncio, sino símbolos de una revolución. En la última década Rusia vivió una gran transformación: la ropa uniformada y monótona de la época soviética y las prendas desgastadas de los años 90 del siglo pasado dejaban su lugar, de manera un tanto febril, al diseño contemporáneo internacional.

La década de (la) moda

La revolución respondía a tres variables. Por un lado, al crecimiento económico, que consolidó una clase acomodada con un notable poder adquisitivo. Entre 2004 y 2010, en apenas seis años, las familias con menos de 3.500 rublos (unos 90 euros) mensuales pasaron del 34% al 4%; las de ingresos superiores a 15.000 rublos (unos 375 euros) mensuales, borde de la clase media en Rusia, del 6,6% al 45,3%; de no existir, las familias con más de 25.000 rublos (625 euros) mensuales a representar el 22%.

La fiebre por la moda se explicaba asimismo por la alta propensión al consumo de los rusos. A lo largo del periodo consagraron al consumo en torno al 70% de su renta disponible, incluso en época de crisis. El gasto directo supone además el 75% de su gasto total (un 35% mayor que la media de Europa Occidental). En 2010, gastaron el 10% de su renta disponible en confección y calzado.

El comportamiento del consumidor ruso, abierto tras décadas de aislamiento a los bienes foráneos, fue también decisivo. En el sector de bienes de consumo, como el textil, el auge de  productos extranjeros de alta calidad y estética atractiva fue mucho mayor al de los nacionales. Entre 2007 y 2010 el valor de las importaciones de confección se duplicó, hasta llegar a los 4.160 miles de millones de rublos. Esta orientación alude a una significativa valoración de la distinción social. Más que una prenda, un abrigo era el signo de un placer y un status. Donde cabía el estilo, reinaba el brillante parpadeo de la imagen.

Los hilos del tejido

Pero en 2008 estalló la crisis económica internacional. No tardó en sentirse en Rusia. El ingreso cayó y con ello el gasto, sobre todo en bienes de consumo. El sector de confección y calzado se vio afectado. Muchos rusos (entre un 30% y un 7% según las fuentes) empezaron a comprar menos. Y aún más (entre un 40% y un 15%) decidieron comprar prendas más baratas. Las ventas de marcas más económicas, centradas más en la utilidad que en el diseño, aumentaron cerca del 70%. Las prendas europeas perdieron cuota de mercado. Las confecciones chinas, turcas, indias, del sureste asiático, Europa del Este y el Norte de África prosperaron.

En realidad, el mercado de confecciones siempre ha estado segmentado. Al menos tanto como lo está la propia sociedad rusa. Solo el 45% de las familias por encima de 375 euros (clase media), o, siendo estrictos, el porcentaje menor al 22% por encima de 780 euros mensuales (clases media-alta y alta), puede adquirir en Rusia prendas importadas de Europa Occidental con frecuencia y comodidad. Conformadas en su mayoría por profesionales liberales y de servicios, estas familias priorizan la calidad, el diseño y el confort por encima del precio, concediendo también importancia a la marca y el país de origen. El resto se nutre de la producción nacional y en mayor medida de las importaciones de prendas baratas.   

Las cuotas de mercado de los países reflejan esta situación. En 2010 el segmento de calidad baja concentró en Rusia casi el 90% de las ventas de confección. China era ella sola el origen de más de la mitad (54%) de las importaciones rusas de textiles. Turquía le seguía, segundo, con una cuota del 8%. Y luego, entre los diez primeros, estaban la India, con el 4,5% del mercado, el cuarto, el sudeste asiático (Vietnam, Bangladesh e Indonesia) y las antiguas repúblicas soviéticas (Kirgistán y Uzbekistán). Y eso sin contar el comercio ilegal, cuya relevancia es descomunal.

La participación de países productores de bienes de mayor calidad era en 2010 pequeña. Entre los diez primeros países solo había dos de Europa Occidental (Italia, tercero, 7,5%, gracias a su liderazgo en alta gama; y Alemania, octava, 1,7%). Portugal era solo decimosexta y Francia decimoséptima, con cuotas cercanas al 0,6%. Pero peor le iba España, veinteava con el 0,45%.

Para ver bien, hay que tomar perspectiva. Los resultados de Europa Occidental en 2010 detentan dos vertientes. Entre 2007 y 2010 el valor de las importaciones rusas de confecciones europeas creció un 40%, de la mano de Italia, Alemania y Portugal. El valor de las importaciones rusas de confecciones de Francia y España se mantuvo. Pero aunque se dilató el valor, la cuota de mercado se contrajo. En el mismo periodo, ésta descendió del 17,5% al 10,8%. En ese periodo, Alemania y Francia conocieron las mayores caídas (63%), seguidas por España (48%). Solo Portugal aumentó su participación. India, Sri Lanka, Uzbekistán o Tailandia ampliaron en cambio considerablemente su cuota de mercado.

España exporta poco

En textiles, España es tan poco importante para Rusia (recordemos, 0,45% del mercado, puesto número 20 en suministros) como Rusia es poco importante para España. Según las aduanas españolas, el valor de las exportaciones de confecciones de España a Rusia alcanzó en 2010 un valor de unos 120 millones de euros. Con ese valor, las exportaciones de prendas a Rusia constituyeron ese año una parte pequeña de las exportaciones totales al país euroasiático (6,1%, puestos número 12 y 9), y una proporción aún más exigua de las exportaciones textiles totales (2,5%, el puesto número 11).

Pero Inditex exporta mucho

Claro que cabe objetar una excepción: Inditex. España es el país número 20, pero el grupo gallego es el cuarto con mayor cuota del mercado (0,8%) en Rusia. Salvo el primero, Adidas, el único con una cuota superior al 1%, los dos que le adelantan están cerca y sus competidores directos muy atrás. Además, entre 2005 y 2010 la cuota de mercado de Inditex aumentó en Rusia de manera progresiva, hasta triplicarse.

El desempeño de Inditex no sorprende. Fue líder mundial en ventas, beneficios, número de tiendas y valor en bolsa en 2011. Amancio Ortega es, según Forbes, el quinto hombre más rico del mundo. Su exmujer, Rosalía Mera, 232ª del mundo, es también la mujer más rica de España. Y suben. Inditex creció en 2011 en todos los indicadores, mientras Ortega ganó dos puestos en Forbes.

Claro que hay otra excepción: el Grupo Punta Fa SL, más conocido por Mango, el 27º en cuota de mercado en Rusia, con el 0,1%. Su accionista mayoritario, Isak Andic, es la segunda persona más rica de España y la 223 del mundo.

Ambos sitúan a Rusia como mercado prioritario. En 2011 Rusia, con 49 tiendas, fue el segundo país europeo donde Inditex abrió más, solo una por detrás de Polonia, líder, y muy por delante de Rumanía, tercera. Mango, la empresa de moda española más internacional con más del 80% de la facturación fuera de España, abrirá este año 30 nuevas tiendas en Rusia.


La concentración de las exportaciones textiles españolas sitúa a sus grupos, pese a la módica importancia general, en privilegiados lugares. España se mantiene, pero los grupos más grandes prosperan. Valen todo un imperio. Son la cara bonita, sobre todo Inditex, del textil español. A su vera, ensombrecen, sin embargo, otras empresas textiles españolas. Esto es más responsabilidad de esas firmas que de Inditex. Mango, por ejemplo, no capitula. Otras empresas tampoco deberían resignarse. Rusia constituye una oportunidad mayúscula. Se espera que el mercado de confección crezca un 3% hasta el año que viene. Más allá de la tasa de crecimiento, Rusia es sobre todo el índice de un desafío inexcusable. No todos los industriales textiles españoles podrán engrosar la lista de Forbes. Pero podrán tal vez sobrevivir a la crisis. Cambiar abrigo por comida. Y por innovación. En textil, en España, para llegar lejos hay que mirar cerca.

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