El factor islámico en la política migratoria rusa

Fuente: Ilia Varlamov

Fuente: Ilia Varlamov

En la actualidad Rusia está llegando a entender que la inmigración y el Islam están estrechamente relacionados y que, si no se tiene en cuenta esta conexión, el país puede encontrarse con graves problemas, a los que Europa ya se ha enfrentado.

Hasta hace pocos años, cuando los especialistas en estudios islámicos, demógrafos y otros estudiosos que se ocupaban de los problemas de Asia Central discutían sobre la correlación entre el “factor islámico” y la inmigración laboral en Rusia, los técnicos y los funcionarios del Servicio de Inmigración Federal Ruso (FMS), por poner un ejemplo, se encogían de hombros y preguntaban: “¿Qué relación hay entre el modo en que una persona barre el patio y su fe?”. Sin embargo, hoy hemos llegado a comprender que la inmigración y el Islam están estrechamente relacionados. Si no se presta suficiente atención a esta conexión, en el contexto de las predicciones demográficas negativas para Rusia, el país podría tener que enfrentarse con los mismos problemas que Europa ha tenido ya.

¿De dónde viene el “factor islámico”?

¿Cómo ha surgido este famoso “factor islámico” en los procesos migratorios? Rusia, al igual que Asia Central, son fruto de la URSS, donde existía una actitud negativa hacia la religión, por decirlo en un modo suave. El Islam logró adaptarse a las diferentes condiciones sociales y conservó un número significativo de fieles. En los tiempos de la URSS, la tradición islámica se conservó mucho mejor en Asia Central que en la región del Volga y los Urales, mayoritariamente cristiana. Esto responde a dos motivos. En primer lugar, los periodos durante los que estas religiones han sido una parte constituyente de Rusia no son comparables. En segundo lugar, los musulmanes de la parte europea de Rusia eran minoría, mientras que en Asia Central representaban la mayoría de la población. Por último, a pesar de la severa represión contra los clérigos musulmanes en ambas zonas, que provocó que esta tradición religiosa prácticamente se perdiera en el occidente, en Asia Central numerosos imanes continuaron enseñando el Islam, lengua árabe y la Sharía a los jóvenes. Además, fue el único lugar en la URSS en el que siguieron funcionando escuelas religiosas musulmanas, la madraza Miri-Arab en Bujara y el Instituto Islámico en Tashkent.

Según los sondeos de opinión realizados por la organización estadounidense Gallup, en 2011 la proporción de la población que cree que la religión es una parte importante de la vida era de un 34% en Rusia, mientras que en Kazajistán alcanzaba un 43%, en Uzbekistán un 51%, un 72% en Kirguistán y un 80% y un 85% en Turkmenistán y Tayikistán, respectivamente. Lamentablemente, todavía no se ha realizado un estudio sobre las actitudes religiosas de los inmigrantes en Rusia. Sin embargo, de acuerdo con las estadísticas del Servicio Federal de Migración pertenecientes a agosto del 2011, la proporción de inmigrantes que llegaron a Rusia desde países de tradición musulmana fue de un 40,95% , lo que ilustra la intensidad y la extensión del fenómeno con el que es preciso tratar.

El Islam en Asia Central
 
Hoy en día, la tradición musulmana se ha convertido en un parte integrante de la vida cotidiana de las repúblicas de Asia Central. A partir de los años 90, la región ha vivido un verdadero “boom” islámico, lo que ha llevado aparejada una proliferación de mezquitas y escuelas religiosas.

A nivel político, una porción de los habitantes locales perciben el Islam como una plataforma que permite la creación de una sociedad fundamentalmente nueva, basada en los principios de la justicia islámica. Esto conllevó un proceso de politización del Islam y su aplicación como ideología que lucha contra los regímenes “antirreligiosos”. Los ejemplos son muy numerosos: Namangan en 1990, la guerra civil de Tayikistán de 1992 a 1997, los desórdenes en Andiján en 2005, las explosiones en el sur de Kazajistán en el verano de 2011...

Todo ello creó una situación, a partir de mediados de los 90, en la que la esfera religiosa es controlada por el Estado de manera más estricta. Hoy en día, por razones de seguridad, mezquitas, imanes y madrazas funcionan bajo la vigilancia de las autoridades estatales
 
El Islam y la migración a Rusia

No es de extrañar que los miembros de la oposición islámica perseguidos en sus países busquen refugio en Rusia, en medio del flujo migratorio de trabajadores donde pueden pasar desapercibidos, y continuar así sus actividades políticas con impunidad.
 
Un gran número de inmigrantes religiosos organizan áreas para la oración (mussallah) en sus lugares de trabajo. Estas se encuentran en numerosos mercados rusos. Asimismo, muchos nativos de Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán han llegado incluso a ocupar los puestos de muftís religiosos en las regiones de los Urales-Volga.

En realidad, el clero musulmán ruso fue el primero que reconoció el problema del “factor islámico” en los procesos migratorios, ya que una mezquita es un lugar habitual y, “querido”, por decirlo así, en los países de cultura musulmana. Naturalmente, los inmigrantes buscan y encuentran apoyo en las mezquitas, ya que nadie se ocupa de sus problemas, excepto un grupo de organizaciones públicas o comunitarias. Por tanto, los líderes espirituales musulmanes tienen que aceptar la responsabilidad de resolver los problemas de los inmigrantes musulmanes que, desde el 2000, han venido a constituir la mayor parte de sus feligreses.
 
Asimismo, las autoridades religiosas musulmanas se implican en la protección a inmigrantes. El clero musulmán mantiene regularmente reuniones en consejos consultivos públicos con los departamentos regionales del FMS ruso o algunos de sus miembros. Muchos imanes contribuyen activamente a la mejora de las condiciones de vida, trabajo y alojamiento de los inmigrantes y a su integración social y cultural en la sociedad rusa. La idea clave, apoyada por los activistas religiosos, es integrar a los recién llegados primero en la comunidad musulmana y después en el medio social ruso, a través de la predicación, las mezquitas y las madrazas.
 
La postura de las autoridades
 

Los órganos de poder del Estado ruso han advertido la importancia de esta idea, y la necesidad de fortalecer la cooperación con las organizaciones musulmanas, con el objetivo de integrar social y culturalmente a los inmigrantes. Gracias al Ravil Gainutdin, Gran Muftí de la parte europea de Rusia, el tema de la inmigración surgió en los encuentros del ex presidente Dmitri Medvédev con los líderes de los Musulmanes Rusos, y se proyectó a nivel local, en la forma de representantes plenipotenciarios del presidente ruso en los distritos federales y en las capitales de las entidades de la federación rusa.


En 2011 la FMS rusa ha comenzado a cooperar activametne con organizaciones musulmanas, como se acordó en el encuentro entre el jefe del FMS,  K. Romodanovsky con el muftí R. Gainutdin. A finales del 2011 los departamentos regionales del Servicio Federal de Inmigración ruso firmaron acuerdos, que entraron en vigor a principios de este año, con los MSD de Daguestán, la región de Krasnoyarsk, de Stavropol, Adiguéi y Rostov. Asimismo, se alcanzó un acuerdo para la cooperación con organizaciones musulmanas de  Sverdlovsk, Nizhny Novgorod y de otras regiones rusas. La base de los acuerdos es que los centros de asimilación de inmigrantes se establecerán en las mezquitas y combinarán las funciones de asistencia legal a inmigrantes, educación en la legislación rusa, sus costumbres y tradiciones y clases de lengua rusa. Aunque es difícil perfilar la configuración de estos centros, no hay duda de que las pautas se han establecido correctamente. ¿Quién podría, a no ser los musulmanes rusos, entender a sus correligionarios de Asia Central y ayudarlos a encontrar su camino en Rusia?

El mecanismo para la adaptación de los inmigrantes musulmanes puede organizarse del modo siguiente: como se ha dicho más arriba, es preciso establecer en las mezquitas centros de adaptación para inmigrantes, con el apoyo necesario por parte de las autoridades estatales y, probablemente, de las organizaciones comunitarias. En segundo lugar, en las mezquitas se deben crear también consultorías y centros de recursos donde se proporcionen por escrito a los inmigrantes musulmanes reglas de comportamiento en diferentes situaciones, asistencia legal y ayuda de activistas de los derechos humanos, o incluso de funcionarios de inmigración locales. Por último, si una organización religiosa musulmana tiene recursos suficientes, puede organizar también centros de acogida temporal para inmigrantes musulmanes.

Estos centros salen ganando si se comparan con los gubernamentales o los gestionados por organizaciones privadas, ya que allí cualquier inmigrante musulmán podrá encontrar comprensión sincera por parte de sus hermanos en la fe, que podrán proporcionarle mejor que nadie la asistencia necesaria para vivir en un entorno ruso. Probablemente, este es el único modo de evitar los problemas que han estado atormentado Europa desde hace varias décadas.
 

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