Marilyn Monroe en el país de Dostoievski

Fuente: Flickr.

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Marilyn Monroe estuvo en contacto con los servicios de espionaje soviético y llegó a tener una relación con uno de sus hombres. Eso es lo que deja entrever la directora Liudmila Temnova, una ex agente del KGB, en un documental que ha rodado sobre la legendaria actriz. Estrenado en Rusia a finales del año pasado, está previsto que la cinta se proyecte en otros países en los próximos meses.

¿Y cuál es la fuente? El hombre que, supuestamente, encandiló a la estrella. Según sus revelaciones,  él formaba parte de la comitiva que acompañaba a Nikita Jruschov en su visita a los Estados Unidos. Conoció a Monroe en una recepción ofrecida en la Embajada soviética y de ahí surgió la invitación para que lo visitara en Moscú.


La actriz, en pleno rodaje de Hagamos el amor, hizo un viaje relámpago a la capital soviética, donde la esperaba su amigo. Tras recogerla en el aeropuerto, Monroe se alojó en un hotel con vistas al Kremlin, visitó el museo de su admirado Dostoievski y el metro de Moscú. Luego se fueron a una dacha. Según el agente, que tenía entonces veintisiete años, seis menos que la intérprete, fueron dos días inolvidables, aunque no dice explícitamente lo que pasó entre ellos.


El poder icónico que la actriz de Hollywood tenía en el imaginario ruso era inmenso y no es difícil calibrar el gran impacto que la noticia de este viaje habría tenido en su momento, de haber saltado a los medios. En La vida secreta de Marilyn Monroe se cita una frase publicada en el semanario ruso Nedelia: "Cuando se piensa en el estilo de vida americano todo el mundo piensa en chicle, Coca-Cola y Marilyn Monroe".  


Pero la actriz era en realidad una apasionada de las novelas de Dostoievski y, en general, de toda la cultura rusa.  El origen de este interés se debió en gran parte a su maestro, Michael Chejov, sobrino del célebre escritor, que enseñó paso a paso a la futura estrella el arte de la interpretación. Al parecer, la espoleó a leer a los clásicos rusos: además de al autor de Crimen y castigo, a Gógol y Turguéniev, entre otros.


En 1955, cuando Monroe expresó en una rueda de prensa  su deseo de interpretar a Grushenka, el personaje femenino de Los hermanos Karamázov, los medios la ridiculizaron por lo sorprendente que se les antojaba esa declaración.  En el libro de Taraborrelli,  hay una divertida descripción de un reportero que, con la ceja enarcada, retó a la actriz a deletrear el nombre de Grushenka.  La actriz, con evidente hastío, le soltó: "Búscalo tú".


Son varios los creadores rusos que han caído rendidos ante el magnetismo de la actriz americana. Aquí van tres casos, a modo de ejemplo. Mariya Kildibekova saca a relucir a la tentación rubia en uno de sus poemas: en un sueño,  aparecen juntos y revueltos Kennedy, Monroe, Arthur Miller, Stalin y Ósip Mandelstam, en una especie de combinado improbable y más explosivo que un cóctel Molotov.  El artista Vladislav Mamishev es famoso por transformarse en Marilyn Monroe durante sus performances y en sus series fotográficas. Y, por último, el fotógrafo Yuri Toroptsov le dedica uno de sus trabajos: Marilyn and  I: retratos de personas a las que conoció durante sus viajes a Europa  y Estados Unidos y que aceptaron ser fotografiadas junto a un vestido de la mítica actriz, propiedad de un amigo coleccionista.

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