“Tarkovski hace un cine radical”

Rafael Llano, profesor de la Universidad Complutense y  uno de los mayores expertos sobre Tarkovski en España. Fuente: María Fadéeva.

Rafael Llano, profesor de la Universidad Complutense y uno de los mayores expertos sobre Tarkovski en España. Fuente: María Fadéeva.

La charla con Rafael Llano se produjo durante el Congreso-homenaje que recientemente ha tenido lugar en el Museo Solianka de Moscú. Fue durante un dilatado intervalo entre las conferencias. Un soleado día de primavera, sentados en el banco de un parque: a nuestra izquierda, el Monasterio Zachátievski (el Monasterio de la Concepción), enfrente un borracho medio dormido hace unas muecas mientras se despierta, de fondo se escucha el estrépito del tráfico de una calle viviente. “¡Ojo! Todo esto es porque vamos a hablar con Tarkovski”, proclama Rafael, y se ríe.

Muchos rusos no están dispuestos a descifrar y, menos aún, a hablar el lenguaje de Tarkovski. Dicen que no lo captan, que esas escenas en las que apenas hay movimiento les aburren. ¿Están los estudiantes españoles preparados para leer los mensajes de Tarkovski?

Muchos de ellos descubren algo que no habían visto hasta ese momento.  Tarkovski sigue ofreciendo cosas distintas a lo que la gente está acostumbrada. Voy a hablar de un caso muy claro;  un alumno de mi facultad, que se llama Nicolás. Este estudiante descubrió a Tarkovski cuando estaba el segundo de carrera, leyó mi libro “Andréi Tarkovski: vida y obra”, y vino a hablar conmigo. Luego escribió un guión sobre un cosmonauta para un cortometraje acerca de un tema muy soviético, y su corto se transformó en un largo. Creo que no terminó la carrera pero está a punto de estrenar su película inspirada directamente por Tarkovski. De hecho, se volvió en un “alumno” de Tarkovski, que le ha llevado a adentrarse en la cultura rusa. Para  mucha la gente, no solo española, Tarkovski sigue siendo hasta hoy el mejor embajador de la cultura rusa. En un nivel más kitsch, también hay algunos anuncios que hacen referencia a Tarkovski. Había uno en un periódico de coches: uno de los chavales está planeando hacer un cocktail y dice a otro: “¡Te estás poniendo como Tarkovski!”. Lo menciono porque es muy significativo, el hecho de que puedes utilizar ese referente y la gente sabe quién es, lo reconoce. Aunque sea para decir “¡Qué aburrido!” un poco en plan de broma, pero lo han visto, lo reconocen, y yo creo que todo esto es muy positivo.

¿Qué es lo que la gente española sabe del director y por qué lo admira?

Se le admira por su cine y, paradójicamente, por la incomprensibilidad de sus películas. En ambos casos se trata de un radical del cine. Simplemente es el cine más radical del que se puede hablar. La gente a la que nos gusta Tarkovski hemos cuidado las traducciones de las páginas web (Rafael Llano mantiene la página en castellano www.andreitarkovski.org), los cursos de verano, los ciclos en las filmotecas... En primer lugar, se han proporcionado las ocasiones suficientes para que la gente pueda ver las películas de Tarkovski, y en el segundo, para tener pequeños foros de discusión. Esto también anima un diálogo, que forma parte del discurso de Tarkovski. Nos gusta este cine porque provoca un conjunto de actividades muy diferentes a las que provoca el cine comercial. No es simplemente ir a una sala, sentarse delante de la pantalla, decir si te ha gustado o no para luego tomar una cerveza. Tarkovski obliga a su espectador a profundizar en sus pensamientos, en su visión de la vida. Sobre todo porque su cine está enraizado en toda la tradición literaria.

La literatura del siglo XX tiene una serie de rasgos que también encontramos en los filmes de Tarkovski. Las novelas de Joyce, la creación de Marquez, Tonino Guerra, etc. Sus imágenes se encuentran en el borde de lo real y lo poético, lo realista y lo visionario. Lo mismo pasa con Tarkovski. Parece que Tarkovski adquiere la experiencia literaria y la adapta al cine.

Lo que es definitivo es que Andréi es el hijo de Arseni Tarkovski, un poeta, y que ha convivido con la poesía desde su infancia hasta sus años maduros. Para Andréi fue normal y natural la aproximación poética al cine. Esto fue una novedad radical. Algunas de sus películas   no tienen una sucesión narrativa clara, sino que funcionan a golpe de emociones, de sensaciones. Tarkovski incluso tuvo que esforzarse en mejorar su lógica narrativa. Se puede decir que es un pensador, que es un poeta, que incluso es un hombre religioso. Todo esto se transforma en sus imágenes cinematográficas. Pero lo más importante es que para él la imagen cinematográfica no es una excusa para hacer filosofía o la literatura, sino que estas cuestiones filosóficas son partes indisociables de la propia imagen. De tal manera, es un autor multidisciplinar, pero al mismo tiempo muy cinematográfico. No está hablando de la poesía, sino de la imagen que se vuelve poética, filosófica o teológica. Siempre está en búsqueda del Absoluto. Pero es el cine mismo, yo creo que todo el mundo reconoce la originalidad en el manejo del tiempo de Tarkovski, de la puesta en escena, del montaje, de la fotografía, de los cambios de luz. En algunas secuencias, hay hasta 20 ó 25 cambios de luz en una misma toma. Al final del “Stalker” la cámara está fija, pero las cosas que graba cambian constantemente: las luces, la lluvia, el sonido... Todo esto está organizado por Tarkovski, y  aunque la cámara no se mueva, es una transformación plástica de la imagen, así como también emocional. Esto es cine en su estado puro.

¿Cual fue la primera película de Tarkovski que viste? ¿Qué impresión te produjo por aquel entonces?

Fue “Andréi Rubliov”, la vi en una cinta de vídeo grabada de la televisión catalana, en versión original con subtítulos en catalán. (Risas) Pero me dio igual. Fue un gran descubrimiento, la vi en el año 1987, un año después la muerte del director. Si Tarkovski estuviera vivo, yo vendría a Rusia a conocerle. Luego organicé en la universidad una muestra de sus siete películas.  Esto fue lo que dio comienzo a un mejor conocimiento de Tarkovski en España.


En tu opinión, ¿existía otra opción para Andréi Tarkovski que no fuera emigrar a Occidente? ¿Podría haber seguido creando en su patria?

La emigración de Tarkovski fue un drama total. Seguramente fue el paso más duro de su vida. Entre otras cosas le obligó a dejar a su hijo en Moscú y toda su familia. Me parece algo muy duro. Él decía que no podía irse de Moscú ni tan siquiera tres días, porque luego tendría que despedirse otra vez de su hijo, haciéndole más daño y viéndole sin verle. Fue un dilema absoluto. A mi modo de ver, esta tensión vital hizo daño a su salud y la situación personal degeneró en un cáncer. Al mismo tiempo, sabía que en Rusia no tenía nada que hacer, que no le iban a dejar trabajar. Tarkovski no quería pasar por ningún compromiso con las autoridades. Creo que si se hubiera quedado en Rusia no habría hecho cine, porque se daba cuenta de que el sistema se estaba derrumbando, que no habría dinero para el cine, y si lo había, no sería para sus proyectos. Mientras que en Occidente tenía numerosas  ofertas. De hecho, durante el año y medio que estuvo hizo “Nostalgia”, la puesta en escena de “Borís Godunov” en el teatro Covent Garden de Londres, escribió y rodó el “Sacrificio” y ya tenía otros proyectos. Las preguntas que me atormentan, aunque sean retóricas, son... ¿si hubiera vivido hasta los ochenta años, sabría hacer el mismo cine? ¿Se habría radicalizado más intelectualmente?¿Tendrían sus películas un contenido demasiado religioso para el mundo actual? En el fondo, a día de hoy, no sé si hay más diferencia entre el mundo de Tarkovski y el mundo consumista en el que vivimos, que entre el mundo soviético y el mundo del director.

¿En qué se adelanto Tarkovski a su época?

Pudo ver el colapso de la Unión Soviética. Y... pues no sé en que más. (Risas.) En otro  sentido, la sociedad en la que él vivía tenía que renovar sus compromisos con los valores espirituales, intelectuales y morales. Este discurso más ético, desde el punto de vista global, no se ha efectuado. Lo que avanzó no fue este discurso, sino el del consumismo.

¿Que preguntarías a Tarkovski si tuvieras la oportunidad de conocerlo?

“¿Por qué no hiciste Dostoievski?” Ahí saldría todo. Todos sus conflictos personales, intelectuales, profesionales y su visión de la cultura rusa. Desde mi punto de vista, en Tarkovski hay un aspecto que es un fracaso. Y me refiero a Dostoievski. Siempre tuvo la idea de hacer algo con este escritor, pero no supo encontrar la manera de plasmarlo en la pantalla como él quería. No encontraba la manera de estar a la altura de Dostoievski con su cine. Entonces se puede decir que había algo en la literatura rusa que se le escapaba incluso a Tarkovski.

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