Las exportaciones rusas a Argentina crecen concentradas

Buenos Aires. Fuente: Flickr/ Gustavo Buriola

Buenos Aires. Fuente: Flickr/ Gustavo Buriola

El comercio bilateral se recupera, impulsado por los suministros de Rusia al país austral. Los abonos, combustibles y metales rusos consumen el superávit cárnico y frutícola argentino. Pero la diversificación es frágil. Exportar de una manera sostenida requiere una robusta política de promoción comercial. Las viejas misiones pueden ser referencia.

Antes del tango, fue la samba. Antes de la samba, las canciones rusas. Hace 127 años, viejas canciones rusas caldeadas por el ritmo brasileño desembarcaron en los bordes afilados del tango. Alexander Ionin, hasta entonces enviado del Imperio Ruso a Brasil, cambió, por decisión de la Cancillería rusa, Río de Janeiro por Buenos Aires. El 22 de Octubre de 1885 se inauguraban oficialmente con ese traslado las relaciones diplomáticas entre Rusia y Argentina. Desde entonces las relaciones comerciales entre los dos países han sido estrechas.

Según el Servicio Federal de Aduanas ruso, el comercio entre ambos alcanzó en 2010 un valor de 1.027 millones de dólares. Tras desplomarse a principios de la década anterior, por la crisis económica y financiera argentina entre 1999 y 2002, el comercio bilateral conoció un crecimiento sostenido extraordinario durante un lustro. En 2008 sumó más de 1.700 millones de dólares, casi seis veces su valor en 2003. Este aumento se detuvo en 2009, cuando, bajo la crisis financiera internacional, cayó un 45%. El comercio bilateral se recuperó en 2010 y el primer trimestre de 2011 (un 10% y un 63% mayor).

El superávit argentino

El balance comercial bilateral ha sido históricamente favorable a Argentina. En la década pasada, el valor de las  exportaciones argentinas a Rusia fue superior al valor de las exportaciones rusas al país latinoamericano. El balance favorable a Argentina se amplió significativamente entre 2001 y 2006, cuando pasó de 41 millones a 657 millones de dólares. La balanza comercial se equilibró en 2007 y 2008, para dilatarse extraordinariamente en 2009, con la mayor cifra de la década: 705 millones de dólares. En 2010 el comercio retornó al equilibrio de 2008, con un superávit para Argentina de 231 millones de dólares.

Evolución de las exportaciones argentinas a Rusia

Estas oscilaciones responden a los movimientos de las exportaciones y las importaciones bilaterales. Las exportaciones de Argentina a Rusia se estabilizaron entre 1998 y el 2002 en torno a 150 millones de dólares. A partir de 2003 se expandieron vertiginosamente, hasta alcanzar en 2006 los 900 millones de dólares. Desde entonces se ha consolidado una tendencia decreciente. Tras el repunte en 2008 (con 963 millones de dólares el valor más alto de la década), en 2010  su valor fue cercano al de 2005 (630 millones de dólares). El primer trimestre de 2011 desveló una ligera recuperación. El descenso responde a la disminución de la participación de Rusia como mercado de exportación para Argentina.

Evolución de las exportaciones rusas a Argentina

El valor de las exportaciones de Rusia a Argentina conoció en los primeros años de la década anterior un patrón parecido al de las exportaciones argentinas a Rusia: retroceso entre 1998 y 2002 y recuperación a partir de 2003.

Las diferencias son, sin embargo, relevantes. Entre 2003 y 2006 las exportaciones rusas a Argentina crecieron desde un nivel más bajo y más lentamente que las exportaciones argentinas a Rusia. Mientras, partiendo de menos de 100 millones de dólares, las primeras se multiplicaron por más de 3, hasta 244 millones de dólares en 2006, las segundas lo hicieron por 6, hasta 900 millones de dólares.

La evolución desde 2006 también ha sido disímil. A diferencia de las decrecientes exportaciones argentinas a Rusia, las exportaciones rusas a Argentina han continuado la tendencia alcista anterior a 2003, con una pendiente incluso más pronunciada. Entre 2006 y 2008 su valor se multiplicó por 3, hasta los 747 millones de dólares. Tras el traspiés de 2009, en 2010 se incrementaron un 261% y en el primer trimestre de 2011, más de un 200%.

Pese a ello, las ventas a Argentina conservan su tradicional peso despreciable en las exportaciones rusas. En 2008 apenas representaban el 0,16% del total. Los suministros de Rusia han tenido una participación creciente en las importaciones argentinas desde 2004 y sobre todo desde 2007, cuando supusieron el 1,3%. Para Rusia, Argentina es más importante como origen de importaciones que como destino de exportaciones.

Aunque el balance comercial bilateral sigue siendo favorable a Argentina, si esta dinámica continúa, el superávit comercial argentino con Rusia podría no durar demasiado. Entre 2006 y 2010 su valor se contrajo un 65% y en el primer trimestre de 2011, casi un 60%.

Los productos de exportación rusos a Argentina

Los intercambios comerciales se concentran en el sector primario. El agroalimentario prevalece en las exportaciones argentinas a la Federación Rusa (95% del total en 2010). Se destacan las frutas y las carnes, con cerca del 30% del valor de las ventas cada una en 2010, pero también productos lácteos, semillas, legumbres, azúcar o pescados, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) de Argentina.

Estudios de la misma fuente revelan que los sectores químicos, metalúrgico y de combustibles predominan en las ventas rusas a Argentina (el 95% entre 2005 y 2008 y casi el 90% del total en 2010). El producto estrella son los abonos. En 2008 concentraron el 73% del total. En 2009 y 2010, más del 60%.
    
Hasta 2007 se identificaba una concentración creciente de los suministros rusos a Argentina, especialmente en los sectores químico y mineral. Según datos del INDEC, la distribución se equilibró entre 2008 y 2010. En 2010, los tres productos principales sumaron menos del 90%. Esto remite a la variación en el suministro de combustible, que fue nula en 2009 y relativamente tímida en 2010, y el crecimiento de algunos sectores, como los de caucho, papel y cartón, productos químicos inorgánicos o nuclear. Este multiplicó por 9 su valor en 2009, y aunque se moderó, en 2010 su valor era 4 veces mayor al de 2008.

Aún importante, esta diversificación compensa escasamente la concentración del periodo precedente. Según los datos del primer trimestre de 2011 es además frágil. El valor de las ventas de abonos y sobre todo combustible se multiplicó, mientras que de los sectores incipientes, solo el nuclear mantuvo el pulso en el periodo. La evolución del sector metalúrgico, el tercero en valor, fue negativa.

Perspectivas

Bajo el son de viejas canciones rusas y tangos desgastados, inaudible la samba, analistas rastrean los signos del futuro. La Cámara de Comercio e Industria Argentino Rusa (CACIAR) calcula que el valor de los intercambios podría multiplicarse hasta 5.000 millones de dólares para el 2015. Argentina produce los agroalimentos que Rusia requiere. Rusia dispone de lo que necesita Argentina: abonos, combustible, metales. Y tecnología. Sistemas y equipos de energía renovable, prospección de satélites o posicionamiento global, por citar algunos, tendrían altas posibilidades de penetrar el mercado argentino. Pero ello demanda una gestión comercial robusta. Y hoy es débil.

Matías García Tuñón, de la Coordinador general de la CACIAR, es elocuente. La concentración de las exportaciones en los últimos años responde en gran medida a la delgadez e ineficiencia de la política comercial rusa en Argentina, abandonada la presencia de sectores tradicionalmente sólidos, como la maquinaria. En la actualidad, el grueso de los empresarios argentinos desconoce la riqueza de la oferta rusa. A diferencia de las décadas de 1970 ó 1980, cuando la difusión exterior merecía mayor y mejor atención, las misiones son discontinuas, breves y están mal preparadas para el mercado argentino, con una agenda débil o información en inglés, sostiene García Tuñón.


Si las estrategias de marketing no son más agresivas, el repunte de sectores distintos al químico, metalúrgico o energético será efímero y el lánguido declive de antiguos músculos tal vez definitivo. Diversificar el mercado significa dar vigor y diversificar la aproximación de la oferta exportable rusa a la demanda importadora argentina. Para ello, deben forjarse alianzas estratégicas de largo plazo que, lejos de traducirse en rígidas burocracias y misiones dispersas y esporádicas, desemboquen en estrategias concretas, eficientes y continuas que faciliten un mayor conocimiento entre los emprendedores de ambos países. Contactos locales ayudan a orientar las estrategias de marketing hacia oportunidades probables. Entre el afilado tango y las viejas canciones rusas caben muchas figuras. La música está sonando. Es hora de ensayar viejos pasos para renovar la escena. Las misiones antiguas no valdrán por viejas máquinas. Sí por nuevas versiones de puntera tecnología rusa. Más allá del brillo exacto de la cifra, valdrán mucho. La riqueza incalculable de la diversidad. Muchísimo.

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