La nota justa entre fotogramas

Durante la última ceremonia de entrega de los premios Goya, el público escuchó por primera vez el nombre de una pareja de hermanos rusos, Sasha y Evgueni Galperine, en la categoría de Mejor música original por ‘Eva’. Competían con otros tres compositores: Lucio Godoy, Mario Benito y Alberto Iglesias. Se llevó el premio el último, creador de la banda sonora del filme de Almodóvar ‘La piel que habito’ y nominado también al Oscar por ‘El topo’. Una vez anunciado el ganador del Goya, nos pusimos en contacto con Evgueni Galperine y le solicitamos una entrevista. Media hora más tarde tuvimos noticias de él, dispuesto a responder. "Sentimos que no hayas ganado, Iglesias era un rival difícil", le decimos. Después de una carcajada, el compositor, sin perder un ápice de optimismo, replicó: "Se lo merecía él… esta vez".

Galperine es uno de los apellidos que suena con más fuerza entre la nueva generación de compositores de música para el cine. Ambos hermanos trabajan con directores de distintas nacionalidades, se atreven tanto con orquestas sinfónicas como con ordenadores, se contaminan de las sonoridades de otras culturas y no se arrugan a la hora de trabajar en el campo de la publicidad, del teatro o de las instalaciones de arte contemporáneo. Después de nombres consagrados como Herrman, Goldsmith o Morricone, se han vuelto familiares ya los de Max Richter, Dario Marianelli, Abel Korzeniowski, Cliff Martinez o Alexandre Desplat. En España, los Galperine están presentes en la cartelera con ‘Los infieles’ y ‘Los juegos del hambre’. También firman la banda sonora repleta de stacattos y coros ahogados de ‘Eva’, una película futurista ambientada en un mundo en el que conviven humanos y robots. El próximo año repetirá colaboración con la directora rusa Katya Grokhovskaya.


Marta Rebón.- En vuestras biografías, cuando os referís a vuestra ciudad natal en los Urales, siempre aparece una imagen: las ‘tres plantas nucleares ligeramente dañadas’. Al leer algunas críticas de vuestra música he observado que se repiten adjetivos como ‘densa’ o ‘hipnótica’. ¿Tiene algo que ver con esa sombra alargada de las plantas nucleares? Vuestros estudios musicales empezaron en Rusia, pero después los continuasteis en Francia. ¿Qué os habéis llevado de Rusia a Francia?


Evgueni Galperin.- La anécdota de las plantas nucleares no es una broma... Nacimos en Cheliábinsk, una ciudad industrial muy cercana a varias centrales nucleares que sufrieron los mismos problemas que en Chernóbil, pero a mediados de la década de 1970. Aunque no creo que la radiación haya influenciado en mi trabajo… Desde luego, Rusia es un país suficientemente extraño e hipnótico, haya o no radicación en el ambiente. En la zona de Cheliábinsk se construyó el primer complejo industrial para la preparación de plutonio 239 y la transformación de otros materiales radiactivos. En 1957, se produjo el primer accidente. Hubo una liberación de material radiactivo a la atmósfera de un 40% con respecto a Chernóbil. Creo que lo más importante que nos hemos llevado de Rusia no es tanto algo académico, sino nuestro intenso pasado emocional. Intentamos que todo esto quede reflejado en nuestro trabajo. Para mí, la mayor fuente de aprendizaje musical ha sido mi padre, Youli Galperine, un gran compositor, autor de la música de muchas producciones de teatro del periodo soviético. Es una persona con amplitud de de miras y sus consejos han sido muy importantes en nuestros inicios.


MR.- Algunas de tus bandas sonoras las firmas conjuntamente con tu hermano Sasha, aunque fuiste tú quien se inició en este género.


EG.- La colaboración con Sasha empezó de una forma muy natural. Siempre hemos estado muy unidos. Pero incluso si hemos seguido caminos musicales diferentes se puede decir que tenemos los mismos gustos y nos entendemos sin decirnos nada… Bueno, a veces (risas). Cada uno tiene su propia paleta de colores. Cuando trabajamos juntos podemos sumar estilos y así ser más precisos. Para facilitar el trabajo a los directores y que no tengan que hablar con dos personas a la vez, yo hago de interlocutor en cuanto a la dirección artística. Al fin y al cabo soy el hermano mayor (risas). También me encargo de la relación con los productores.


MR.- Vuestra experiencia vital os ha llevado de un lugar a otro. Eso se refleja tanto en el origen de vuestros proyectos, en países y con directores muy diversos de Asia, Europa y América, como en las sonoridades con las que trabajáis, desde los instrumentos clásicos hasta los étnicos, pasando por la electroacústica. Habéis trabajado para el cine de autor, como ‘La traductora´ de Helena Hazanov, o para grandes producciones, como ‘Los infieles’
de Michele Hazanavicius o ‘Los juegos del hambre’ de Gary Ross. ¿Hay alguna diferencia en cómo se trabaja la relación entre música e imagen según el presupuesto de la película y el tipo de público?


EG.- Para mí es muy importante evitar estar haciendo el mismo tipo de música durante mucho tiempo y, la mejor manera para ello, es estar involucrado en proyectos con directores que posean puntos de vista muy diversos. Es sumamente interesante penetrar en sus mundos e intentar encontrar la llave musical para cada uno de ellos. A veces no son necesarias ni siquiera las palabras… ¡Las imágenes pueden decir tantas cosas! Por ejemplo, nuestra experiencia con Tian Zhuangzhuang, un gran director chino, muy potente e intenso… se puede decir que no necesitamos hablar, bastaba con algunas palabras que nos traducía un intérprete. Todo lo que necesitaba saber estaba en sus imágenes y en su mirada, con eso pude comprender el rumbo que debía tomar la banda sonora.


MR.- Pero en vuestra página web trazáis una línea divisoria en vuestros trabajos para el cine: cine de autor y cine comercial. ¿En verdad el proceso es diferente en cada caso? ¿Os imponéis distintos niveles de complejidad?

EG.- Tienes razón, se trabaja de modo diferente en cada caso, y me gustan ambos. El cine de arte y ensayo, o de autor, como prefieras, me urge a encontrar una manera sutil y original de expresar las cosas. También a que la partitura desempeñe un papel particular en cada momento y no sólo que vaya a remolque de las imágenes. Las películas comerciales, en cambio, me permiten concentrarme en los estados de ánimo de la banda sonora y no siento el peso de si mi música se parece o no a otra cosa.


MR.- En el circuito francés ya sois muy conocidos. En España, os habéis vuelto más populares gracias a ‘Eva’, la ópera prima de Kike Maíllo… ¿Conocías a fondo el trabajo del ganador, Alberto Iglesias? Lo que encuentro en común entre vosotros es la rica paleta musical que desplegáis en el conjunto de vuestras producciones.


EG.- Aún no he visto ‘La piel que habito´, pero estoy seguro de que lo haré. Alberto Iglesias está haciendo un trabajo muy bueno con las obras de Almodóvar y me apetece mucho ver su última colaboración. Para mí lo más importante es encontrar el color adecuado para cada película, entendiendo película como un punto de vista de la realidad. Para encontrar el color se tiene que trabajar la melodía, la armonía, pero también la orquestación. Y cuantas más posibilidades tengas, más sonidos podrás utilizar y más capaz serás de encontrar el color correcto.


MR.- Grandes producciones de Hollywood, cine independiente canadiense o belga, directores chinos… y una coproducción catalana: ‘Eva’, una película futurista ambientada en una ciudad universitaria cubierta por la nieve. La música se ha grabado en Moscú, Praga y París, con una orquesta de setenta músicos, instrumentos solistas y música por ordenador ¿Cómo llegó Kike Maíllo hasta vosotros?


EG.- Kike Maíllo buscaba un compositor en Francia, porque ‘Eva’ es una coproducción de Run Entertainment, que es francesa. El productor francés le propuso mi nombre, entre otros compositores galos, y Maíllo me pidió una demo de una escena de la película. Así lo hice. Luego me dijeron que le había gustado, pero que no podría decir nada hasta que no oyera las propuestas de los otros compositores. Desafortunadamente, yo no podía esperar más porque tenía que trabajar en otra película y me vi en la obligación de decirle a Maíllo que me retiraba. Un mes después, Eric Tavitian, el productor francés, me llamó para preguntarme si aún estaba ocupado porque Maíllo, después de escuchar las otras propuestas, se había dado cuenta de que quería trabajar conmigo. Mi película se retrasó y pude contestar con un gran "sí".


MR.- ¿Qué es lo que aprecian los directores en vuestro trabajo?


EG.- La mayor parte de los directores nos dicen que encuentran mucha emoción condensada en nuestra música, incluso cuando la emoción está muy escondida en las profundidades. Lo que me produce mayor satisfacción es cuando un director nos dice que le hemos encontrado el color exacto que estaban buscando.



Selección de trabajos para el cine:


‘Fraticide´,  de Ylmaz Arslan. Leopardo de oro del Festival de Locarno 2005.

‘La part animal´,  de Sebastien Jaudeau.

‘The man of no return´,  de Katya Grokhovskaya.

‘La traductora´,  de Helena Hazanov.

‘Le renard et l’enfant´,  de Luc Jacquet. 

‘Coeur animal´,  de Severine Cornamusaz.
‘La cité de Roms´, de Frederique Castaniede
‘The warrior and the wolf´,  de Tien Juangjuang.
‘Carré blanc´,  de Jean-Baptiste Leonetti.
‘Lan´, de Jiang WenLi.
 Premio del público en el Festival Internacionl de Pusan 2009.
‘L’homme qui voulait vivre sa vie´, de Eric Lartigau.
‘Chelovek bezvozvratni´, de Peter Stepin.
‘Eva´, de Kike Maíllo. Película ganadora de 3 Goya.
‘The invader´, de Nicolas Provost. Premio a la Mejor música del Festival internacional de Gand 2011.

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