La oposición siria visita Moscú

Medvédev con Annan impulsor del plan de paz para Siria. Fuente: AP

Medvédev con Annan impulsor del plan de paz para Siria. Fuente: AP

El CNS no ha aprobado oficialmente el plan de Kofi Annan, y parece que sus socios occidentales no están dispuestos a empujar a esta grupo de la oposición hacia las negociaciones. Mientras tanto, Moscú intenta establecer contactos de manera independiente con algunas fuerzas de la oposición siria que muestran una actitud más constructiva.

“La oposición armada siria intenta provocar una reanudación de las hostilidades para hacer saltar por los aires la tregua y así tener una excusa para exigir 'el entierro' del plan de Kofi Annan”, declaró el pasado 18 de abril el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. A pesar de estas graves acusaciones, Moscú intenta restaurar el diálogo con la oposición, sobre todo con los grupos opositores que están a favor de la solución política en Siria.


Al mismo tiempo, el ministro ruso recordó que Moscú siempre habla de la “obligación de todos aquellos que tienen algún tipo de influencia sobre los diferentes grupos de la oposición, especialmente sobre los de la oposición armada, de utilizarla para el bien del pueblo sirio, así como para comunicar una dura exigencia: no permitir ninguna provocación y cumplir con la tregua firmada”.


Estos llamamientos van dirigidos fundamentalmente a los EE UU y a los países de Europa occidental.


Ya que, al tiempo que apoyan el plan de la solución política en Siria desarrollado por el enviado especial de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que ha recibido el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU, ayudan económica y políticamente al Consejo nacional sirio (CNS), que se encuentra fuera del país y está a favor de la intervención militar exterior.


Hasta el momento el CNS no ha aceptado oficialmente el plan de Annan y no está a favor del diálogo político, motivado por el deseo de no tener relaciones con el presidente Bashar el-Assad. Sin embargo, el plan de Annan se fundamenta principalmente en el inicio del diálogo entre el gobierno de Siria y todo el espectro de la oposición.


Comprendiendo que sus socios occidentales no están dispuestos a empujar a la oposición hacia las negociaciones, Moscú intenta establecer contactos de manera independiente con los rivales constructivos del régimen de el-Assad. El 17 de abril el ministerio de Asuntos Exteriores ruso informó del encuentro entre Lavrov y la delegación siria del Comité Nacional de Coordinación de las Fuerzas de Cambio Democrático (JNCCD).


El JNCCD, que incluye mayoritariamente a grupos laicos, principalmente de la izquierda, así como una serie de grupos nacionalistas, es, junto al CNS, la fracción clave de la oposición siria. Sin embargo, a diferencia de estos últimos, se encuentra principalmente en Siria, su orientación es hacia el diálogo político en busca de la reforma del sistema político y está en contra de la intervención extranjera, lo que ha provocado su oposición al CNS.


El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Mijaíl Bogdanov, también comunicó que otro grupo de la oposición siria  fue a Moscú el 20 de abril. En palabras suyas, esta delegación estuvo encabezada por uno de los líderes del Frente por los cambios y la liberación, que también representa a la oposición siria interna.


En octubre del año pasado ya estuvo en Moscú una delegación del Frente. En el extranjero este grupo se ha hizo famoso cuando se negó a participar en el primer encuentro de “Amigos de Siria” en Túnez y su dirigente Qadri Jamil declaró: “El encuentro no está enfocado a la solución de los problemas de Siria. Está siendo utilizado por algunos países, con EE UU a la cabeza, como truco publicitario para encontrar una vía para la intervención externa”. El Frente declara que representa a la mayoría silenciosa en Siria y pretende convertirse en el mediador entre el poder y las fragmentadas fuerzas de la oposición.


“El principal problema de la oposición siria es que no existe un líder carismático que pueda controlar a los líderes de los diferentes grupos étnicos y tribus, así como a las agrupaciones políticas”, opina el presidente del Instituto Ruso de Oriente Próximo, Evgueni Satanovski. “Burhan Ghalioun, el líder oficioso del CNS e intelectual europeo, por ejemplo, reconoce que su autoridad personal en Siria y en el CNS no es demasiado grande”.


En opinión de este experto, el JNCCD, que opera dentro del país, tiene una legitimidad concreta para llevar a cabo las negociaciones con el régimen de el-Assad. Su directiva se opone categóricamente a cualquier tipo de intervención en Siria y tiene más posibilidades de participar en las reformas internas que las fuerzas apoyadas por Occidente.


“Sin embargo el principal problema es que los casi mil millones de dólares invertidos en la campaña contra el-Assad seguirán alimentando la guerra civil durante un buen rato. El dinero se invierte en la confrontación y no en la pacificación”, constata con tristeza Satanovski.

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