La OTAN obliga a Rusia a defenderse

Se celebra en Bruselas una nueva cumbre Rusia-OTAN marcada por la falta de acuerdo respecto al escudo antimisiles. Foto de Itar Tass.

Se celebra en Bruselas una nueva cumbre Rusia-OTAN marcada por la falta de acuerdo respecto al escudo antimisiles. Foto de Itar Tass.

Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, asistió a la cumbre Rusia-OTAN celebrada en Bruselas. Todavía no hay acuerdo respecto al escudo antimisiles, lo que provoca el inicio de una nueva carrera armamentística. Por otra parte, la opinión pública de Rusia sigue viendo a la Alianza como un enemigo.

El avión del Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que iba al encuentro Rusia-OTAN de Bruselas aterrizó justo cinco minutos después que el de la Secretaria de Estado Norteamericano, Hillary Clinton. Incluso colocaron las aeronaves cerca. “Hola Hillary”, saludó desde la escalera el jefe de la diplomacia rusa a su colega norteamericana. “Hello Serguéi”, pronunció Clinton sonriendo sentada ya en el coche. Con un gesto cordial le indicó el asiento trasero, invitando a Lavrov a ir juntos hacia el hotel.

Los que digan: “eso no pudo pasar” tendrán toda la razón. En el contexto actual de las relaciones ruso-americanas nunca podría darse un viaje similar al descrito. En un futuro previsible, un ministro ruso de asuntos exteriores y un secretario de estado norteamericano nunca se dirigirán juntos, en un mismo automóvil, a un encuentro Rusia-OTAN. La Alianza Atlántica todavía es percibida por la mayoría de rusos como “el enemigo número uno”, aunque formalmente los militares no consideren a los países del bloque un potencial adversario.

El viceprimer ministro, Dmitri Rogozin, responsable de la modernización del complejo industrial armamentístico, informa cada día en su página de Twitter de los avances de su trabajo. Concretamente habla sobre los programas para el rearme del ejército. El coste de los proyectos, calculados a años vista, es de miles de millones de rublos. Al contrario de lo que se pudiera pensar, estas cifras astronómicas que afectan a los intereses de las generaciones futuras, no provocan enojo y rechazo entre la opinión pública rusa por el dinero que se va a dejar de destinar a programas sociales, sino que causan orgullo. Las encuestas sociológicas demuestran que la mayoría de rusos aprueba los planes de las autoridades para destinar anualmente cantidades importantes del presupuesto a la modernización de la industria de guerra. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: la opinión pública no confía en la OTAN y considera que la Alianza lleva a cabo un juego sucio que amenaza la seguridad nacional.

La opinión pública desconfía de la OTAN

Estos miedos están fundamentados. Moscú constata el dominio por parte de la Alianza en territorios cercanos a sus fronteras. En Polonia, Bulgaria y Rumanía se crean nuevas bases militares y la OTAN patrulla el espacio aéreo de los estados bálticos tras su ingreso en la Alianza. Además, los presupuestos militares conjuntos de los países que forman parte del bloque atlántico superan los gastos en defensa de Rusia. Además, los países de la OTAN cuentan con una superioridad en armamento en Europa. Al mismo tiempo, los militares estadounidenses están perfeccionando nuevos tipos de armamento, entre el que se encuentra un arsenal de armas ofensivas, que en el futuro serán instaladas en el Viejo Mundo y podrían hacer cambiar el equilibrio de fuerzas.

A pesar de la ayuda que Rusia proporciona a la Alianza en Afganistán, en el territorio de ese país centroasiático los militares norteamericanos construyen grandes bases militares sin haberlo acordado previamente con Moscú. Esos objetivos, según los expertos rusos, tienen una importancia estratégica para el control sobre el territorio de Asia Central. Las bases del Pentágono se quedarán en Afganistán después de que la mayoría de militares de la OTAN abandone el país, cosa que tampoco satisface a Rusia.

El sistema de defensa antimisiles


Sin embargo, el principal punto de fricción en las relaciones entre Moscú y la OTAN continua siendo el sistema de defensa antimisiles europeo. La negativa por parte de Estados Unidos, y también de los dirigentes de la Alianza, de proporcionar a Rusia garantías jurídicas que aseguren que estos sistemas no están dirigidos contra el potencial nuclear de Moscú, obliga a las autoridades rusas a tomar medidas de respuesta de contención. Washington solo está dispuesto a “proporcionar esas garantías en los marcos de un formato político”. Pero Moscú considera insuficientes este tipo de promesas políticas ya que, como es sabido, en los asuntos militares se valoran no solo las intenciones de las partes sino el potencial militar existente.

Rusia siempre se manifestó en contra de cualquier intento que la obligara a participar en una nueva cursa armamentística. En consecuencia, en cuestiones de defensa antimisiles, Moscú defiende el llamado enfoque sectorial, en que la Alianza y los militares rusos se repartirían las zonas de responsabilidad y unirían esfuerzos para la lucha contra las amenazas balísticas conjuntas. Estas medidas permitirían ahorrar a todos los países participantes en el proyecto miles de millones de euros en defensa. Pero la dirección de la Alianza no aceptó las propuestas rusas, bajo la presión de Washington. Las razones de la negativa se remontan al tratado firmado por la OTAN en tiempos de la Guerra Fría que prevé, de acuerdo con el artículo 5, que la propia Alianza tiene que garantizar la defensa de sus países miembros de forma independiente, sin tener en cuenta los recursos de Rusia. En la dirección de la Alianza nadie tiene la intención de cambiar este artículo para que se ajuste más a la realidad actual y permita evitar una nueva carrera armamentística.

Al contrario, muchos países de la OTAN están llevando a cabo un reequipamiento de sus fuerzas armadas. Las declaraciones acerca de que estos hechos siguen el curso de lo previsto y no amenazan a nadie, no convencen a Moscú. Rusia se ve obligada a tomar una serie de medidas para garantizar su seguridad en las nuevas condiciones y para no convertirse a ojos de sus vecinos occidentales en “el coloso de las piernas de barro”. La cantidad de medios que el gobierno ruso ha destinado a la modernización de la industria armamentística es una respuesta forzada y, por desgracia, inevitable debido a las iniciativas europeas en el terreno militar.

La carrera armamentística puede detenerse


¿Existe algún medio eficaz para frenar la carrera armamentística? Sin duda. Un primer paso es el encuentro ministerial entre Rusia y la OTAN en Bruselas.

Moscú ha propuesto a los países de la Alianza que en la próxima cumbre de Chicago (20-21 de mayo) se fije en la resolución final “la fidelidad de la OTAN a las normas del derecho internacional”. Este reconocimiento significará que la dirección de la Alianza respetará la jurisdicción de las instituciones internacionales existentes. También implicará que se abstendrá de llevar acabo operaciones de fuerza independientes en caso que no estén respaldadas por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De todas formas, no se puede descartar que en Chicago los miembros del bloque se nieguen a fijar por escrito su acuerdo aduciendo que tienen que reaccionar a las situaciones de crisis. Esta negativa, si se lleva a cabo, convertirá a la OTAN en la principal amenaza de la estabilidad mundial, según Rusia. Si los acontecimientos se desarrollan en esta dirección obligarán a pensar en la creación de un “contrabloque” militar, capaz de actuar en calidad de contrapeso.

En ese caso, los europeos no tendrán ninguna posibilidad de parar la carrera armamentística. Todos los programas de cooperación entre Moscú y la OTAN serán desmantelados poco a poco, y la opinión pública rusa se manifestará contra cualquier tipo de colaboración con el potencial adversario. No se trata de una amenaza vacía. La decisión reciente de las autoridades rusas de abrir un centro de tránsito en Ulianovsk para proporcionar asistencia no militar al contingente pacificador en Afganistán ya provocó reacciones de protesta entre la población. En el folklore ruso hay un refrán cruel que dice “si el tercer marido continua golpeando a la mujer en la cara, el problema no es del marido, sino de la cara”. La negativa de la Alianza a reconocer el orden internacional existente y no tener en cuenta los intereses geopolíticos de Rusia, hacen perder sentido a cualquier intento de iniciar un proyecto conjunto para contrarrestar las amenazas conjuntas. Al contrario, sólo contribuyen a acelerar la cursa armamentística que muchos países europeos quisieran evitar.

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