Descubriendo a Meyerhold

Fuente: Servicio de Prensa del Teatro Solís

Fuente: Servicio de Prensa del Teatro Solís

Desde comienzos de febrero hasta finales de marzo se ha presentado en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís de Montevideo, una obra que ha dejado huella en el público y en el seno del medio teatral de la capital uruguaya.

Tres actores “congelados” reciben a los espectadores que van entrando al cuadrilátero de la sala. Mientras el público se acomoda y empieza a hacer comentarios en voz baja, los actores siguen quietos y expectantes.
Una vez ubicados en sus butacas, los más curiosos e impacientes abren sus programas, intentando descubrir algo, entender qué hacen esos tres personajes estáticos. Entonces, los ojos de los actores empiezan a recorrer con mirada profunda al público presente y, desde lo más hondo sus sentidos, brota la canción polaca "Baranek", del disco Tata Kazika, de Stanislaw Staszewski.


Así comienza la historia. Una historia narrada por su propio protagonista: Vsevolod Meyerhold, interpretado por Jorge Bolani.


Cuando consultamos a Lucio Hernández, conocido actor de teatro uruguayo y director de esta obra de Pavlovsky, sobre cómo y cuándo se había encontrado por vez primera con Meyerhold, no se anduvo con rodeos: “Evidentemente, es en la escuela de teatro cuando uno se encuentra por primera vez con los nombres y el legado de Stanislavsky, Meyerhold y  Grotowski. Creo que el encuentro con este último tuvo un mayor impacto en mí. Fue uno de los seguidores de Meyerhold, en lo que respecta al denominado  teatro  físico.  Sin  embargo,  mi  encuentro  profundo con Meyerhold fue cuando leí el texto de esta obra.

Aún recuerdo en mi cuerpo la sensación de rabia, de indignación. Fue la primera vez que sentí la urgencia de que un texto se representara en escena.”


Así como Lucio Hernández, los tres actores que participan en la obra,  Jorge Bolani, Jimena Pérez y Luis Martínez, también fueron descubriendo a quien generara una visión propia del arte dramático que denominó  'teatro de la convención consciente' (1913) y más tarde desarrollara la teoría de la biomecánica.

Durante el desarrollo de la obra percibimos como el público también va interiorizando los diálogos y los monólogos de los actores. La trayectoria y el destino de esta figura emblemática del teatro ruso no son ampliamente conocidos en el Uruguay.


Se trata de una obra que cuenta con un vestuario sencillo, con pocos objetos y sin juegos de luz. Todo es expresión física, mímica, silencios... Y un detalle: Lucio Hernández incorporó el ruso a la obra. Hay palabras y hasta frases completas pronunciadas en esa lengua que se repiten de pasada en castellano, con el fin de que el público las comprenda y asimile. Esto fue una acertada innovación de Hernández que aumenta el interés y genera el deseo de seguir escuchando.


“Cuando Pavlovsky escribe la obra –comenta Lucio Hernández-, lo hace conectando el estalinismo con las dictaduras en Latinoamérica. Hizo toda una investigación sobre Meyerhold, se dedicó a estudiar y profundizar por lo que el  texto teatral que se generó está lleno de improvisaciones”.


“Es el espíritu meyerholdiano de la improvisación el que va delineando la obra y esto lleva a que cada espectáculo sea diferente. Nosotros trabajamos sobre tres versiones de los espectáculos de Pavlovsky y, de esa forma, tuvimos la posibilidad de elegir qué momentos queríamos para nuestra interpretación”, agrega el director.


El pasaje de actor a director, en este caso puntual de Lucio Hernández, surge a través de una experiencia interna dentro del elenco de actores de la Comedia Nacional. La puesta en escena de esta obra forma parte de cuatro proyectos presentados por un grupo de actores. En el año 2010, Lucio Hernández contó con seis semanas para realizar un primer boceto del espectáculo. Luego, a fines del año 2011, este trabajo fue retomado y, durante otro mes y medio cristalizó la obra.


 “No fue un tiempo extenso, pero entre ensayos y funciones nosotros lo sacamos para dedicárselo a esto. Este hecho aportaba energía para juntarnos, ir descubriendo y buscando”, explica Hernández.


El resultado es un espectáculo que, ante todo, se concentra sobre el cuerpo y sus expresiones. Los actores viven esta obra entregándose plenamente y de la misma manera, el público, a través de ellos, vive y vibra ante la intensidad de su contenido. Facetas estas, totalmente desconocidas del director y dramaturgo ruso Vsevolod Meyerhold.

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