El fútbol sala sigue vivo

El Spartak de Moscú consigue ganar la Copa Intercontinental de fútbol sala tras imponerse en una serie de cuatro partidos a El Santo don Orione de Mendoza.

La Copa Intercontinental de fútbol sala es el principal torneo a nivel de clubes. Al igual que en fútbol, el campeón de Europa se enfrenta contra el vencedor de la Copa Sudamericana. Este año, el partido lo disputaron el Spartak de Moscú y el Santo Don Orione de Mendoza, Argentina.

Según el reglamento de la competición, los equipos se enfrentan en una serie de cuatro partidos. La particularidad es que si tras los cuatro encuentros siguen empatados, no jugarán un quinto partido decisivo, sino que pasan inmediatamente a la ronda de penaltis. El torneo se celebró por primera vez en la capital rusa y el público moscovita ha mostrado mucho interés. 

En el primer partido de la serie ambos equipos demostraron que eran dignos rivales. El empate a cero se mantuvo durante los primeros 20 minutos. En esta parte los argentinos se mostraron más activos y los palos ayudaron a los moscovitas un par de veces. Pero al comienzo del segundo tiempo, el Spartak consiguió hacer un gol. Pocos minutos después consiguieron el segundo. Los argentinos se estrenaron en el marcador gracias a un saque de falta a seis metros. Después, llegó el vendaval visitante. El Santo Don Orione asedió la portería del Spartak, pero el anfitrión logró defenderse. Y como el que suele perdonar acaba recibiendo un gol, en los últimos el equipo moscovita marcó el tercero.

El segundo partido comenzó con mucha presión por parte del equipo argentino. Consiguieron hacer un gol, pero el Spartak no se quedó de brazos cruzados y antes del descanso logró igualarlo. En el segundo tiempo, el Santo Don Orione reforzó el ataque. El partido pasó por algunas fases de agresividad y violencia en la que se expulsó a dos jugadores del Spartak y a uno del Don Orione. A pesar de ello, el Spartak consiguió otros dos goles. Los argentinos atacaron mucho, pero no lograron evitar la derrota por 4 a 1. El marcador en la serie estaba 2-0 a favor del club ruso, y el siguiente partido podía ser el último.

En el tercer encuentro el estadio estaba lleno a reventar. Los jugadores del equipo de hockey del Spartak fueron a apoyar a sus compañeros de club. El Don Orione planteó jugar con un fútbol abierto. El equipo ruso reaccionó rápidamente y en la mitad del primer tiempo consiguió perforar tres veces la portería de los visitantes. Todo pintaba bien para el equipo moscovita, pero en el segundo tiempo los argentinos no se quedaron parados y consiguieron remontar. A pesar del gran esfuerzo, el Don Orione no logró marcar un cuarto y decisivo gol para poder continuar luchando por el título. El partido no sólo fue memorable por su componente futbolístico, sino también por duras acciones de ambos equipos. El resumen del encuentro dejó tres expulsiones y gran cantidad de advertencias por comportamiento inadecuado.

El empate favoreció al Spartak de Moscú, que se convirtió en ganador de la Copa Intercontinental de fútbol sala. “Siento una gran emoción, gracias chicos por aguantar este ritmo. Para ser sinceros, no estábamos bien preparados físicamente. Nos hemos puesto en forma en cuatro partidos. Esta victoria demuestra que el fútbol sala sigue vivo. Espero que esto sea una fecha importante para nuestro país. Somos el tercer equipo en Rusia que gana una copa internacional. Antes de nosotros lo consiguió el Dina (mini-fútbol) y la selección de Rusia de fútbol playa”, comentaba eufórico el entrenador del Spartak, Alexánder Jamidulin.

“Es una buena experiencia para nuestro equipo. En la tercera parte la tensión llegó a su punto crítico. Por esta razón, al final nos despreocupamos. Llegar hasta aquí es un gran logro para nosotros. Evidentemente, una plata no es un oro, pero igualmente es un orgullo. Hemos sido dignos de ello. Es un gran hito en la historia del fútbol sala”, resumía la actuación de su equipo el presidente de El Santo Don Orione, Gustavo Di Marco.

Un bonito partido de fútbol sala, las emociones de los futbolistas, en ocasiones abrumadoras y la alegría de los espectadores coronaron esta auténtica fiesta del fútbol. No es una casualidad que hoy brille por primera vez sobre Moscú, el sol más cálido de la primavera.

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