Libertad para registrarse

Foto de AFP/East News

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Esta semana la Duma rusa finalizará las enmiendas de la ley sobre partidos políticos que tras su entrada en vigor podría aumentar drásticamente el número de partidos en el país. El corresponsal de la revista “Kommersant-Vlast” Dmitri Kamishev está seguro de que los cambios en el sistema de partidos creado en Rusia durante los últimos diez años no se reducen a cuestiones cuantitativas.

El proyecto de ley que reduce el número mínimo de miembros de un partido de los actuales 40.000 hasta 500 personas puede entrar en vigor ya a principios de abril. Según informó la semana pasada el Ministerio de Justicia, este departamento ha recibido 68 solicitudes para la creación de nuevos partidos. Sin embargo, además de cambios cuantitativos en el sistema de partidos, inevitablemente tendrán lugar también cambios cualitativos. Estos serán causados no tanto por la liberalización implícita en la propia ley, sino por los resultados de las dos campañas electorales federales, en las cuales habrá consecuencias tanto para la oposición como para el partido del poder. Todos se verán obligados a cambiar.


El partido del poder: reorganización hasta su liquidación


Antes de las elecciones parlamentarias los líderes de Rusia Unida habían anunciado que ya había llegado la hora para que el partido cambiara radicalmente. Durante la asamblea del 24 de septiembre, Dmitri Medvédev  declaró que el partido “necesitaba una modernización total”. Aunque parece ser que ni los militantes ni sus partidarios en el Kremlin entendieron cuáles eran precisamente los cambios que necesitaban. No obstante, en los medios de comunicación se discute habitualmente el rumbo que tomará la reforma del partido del poder. La más radical de estas propuestas es la completa liquidación de Rusia Unida, ya que ha cumplido su misión histórica desde la última ocasión en que reemplazó a otro partido del poder.


Otra opción prevista por los medios de comunicación  desde hace más de un año es la división de Rusia Unida en dos o tres grandes partidos con distintas ideologías. La propia suposición de esta idea es comprensible: en el partido figuran miembros con opiniones políticas muy distintas. Pero esta opción tampoco parece probable, ya que para su realización muchos militantes tendrían que renunciar a sus puestos como diputados a cambio de una poco garantizada elección en un futuro con otro partido.


Por estos motivos, lo más acertado puede ser optar por una combinación de varias opciones. Es poco probable que la restructuración sea radical y seguramente se reducirá a cierta renovación de la directiva y a una moderación de la anterior postura irreconciliable con la oposición. En este cambio de actitud es muy probable la elección de Medvédev como nuevo líder, ya que el anterior líder, Putin, se distanció notablemente de Rusia Unida durante la campaña presidencial, y de ahora en adelante gobernará como “presidente de todos los rusos” desde el Frente Popular creado el año pasado. Es cierto que, por ahora, si los sociólogos no se equivocan, la fuerza unificadora del Frente Popular no es tan grande, ya que tiene tantos enemigos como Rusia Unida.


Oposición: No todo lo arregla el personal


Por cierto, los partidos que representan a la oposición no tienen menos problemas. Por un lado, los resultados de las elecciones presidenciales apenas deben de haberles infundido algo de optimismo. Por otro, los resultados de la campaña electoral demuestran que los líderes de estos partidos no tienen ningún motivo especial para estar contentos.


El Partido Comunista no tiene que preocuparse por sus votantes “potenciales”: según muestran las encuestas de opinión, los comunistas siguen contando con la simpatía de un número significativo de rusos, y la aparición de nuevos partidos de izquierdas apenas les afectará. Pero si el Partido Comunista aspira realmente a algo más, tarde o temprano deberá solucionar el problema de su líder. Porque seguramente a la nueva generación de votantes que comparten la opinión política de izquierdas no les apetece demasiado votar por un Guennadi Ziuganov de 67 años que lleva dirigiendo el partido más de 20, y los politólogos se muestran escépticos ante la perspectiva de un rejuvenecimiento radical del partido.


Rusia Justa tiene otro problema: a pesar de que en diciembre muchos electores con intención de protestar votaron por este partido (como por el “menos odiado”), su electorado “potencial”, según los sociólogos, es prácticamente inexistente. Y es que para la mayoría de los rusos el socialismo y la Unión Soviética son sinónimos. Por ello, los partidarios de una vía de desarrollo socialista, por lo general, votan al Partido Comunista de la Federación Rusa, que se escuda en el “brillante pasado soviético” y no por Rusia Justa, que propone tomar como ejemplo el “socialismo sueco”, algo que no se entiende bien aquí. Además, la escasa popularidad de la figura de su líder, Serguéi Mirónov no hace más que agravar este problema, hecho que da más fundamentos a las ideas sobre el fracaso inminente del partido.


Todavía más inciertas se presentan las perspectivas del Partido Liberal Democrático de Rusia, LDPR. Por una parte, la estructura liderada por Vladímir Zhirinovski se distingue por una asombrosa vitalidad. Por otra, también es comprensible que su destino dependa de la fuerza física y política de su líder, Vladímir Zhirinovski. Por esta razón, la posición del partido se mantendrá inquebrantable sólo hasta que aparezcan entre los nuevos partidos figuras igual de brillantes (o hasta que el propio Zhirinovski decida de pronto retirarse).


Únicamente hay tres partidos no parlamentarios a los que les vale la pena considerar la posibilidad de aumentar su poder influencia. A juzgar por los resultados de las últimas elecciones federales y regionales, sólo Yábloko tiene pocas posibilidades de reforzarse en la liga superior de la política rusa con su 3,4% de los votos y cierta perspectiva de crecimiento gracias a los “ciudadanos enfurecidos”. Pero la aparición de decenas de nuevos partidos como resultado de la reforma sobre partidos dañará inevitablemente al apoyo a los veteranos, y los partidos que más sufrirán estas consecuencias serán precisamente los que no tienen representación en la Duma Estatal. Porque si para el Partido Comunista de la Federación Rusa o para el Partido Liberal Democrático de Rusia la pérdida de un dos por ciento puede suponer apenas la reducción de un número de puestos en el parlamento, para Yábloko puede ser fatal.


Nuevas caras: de yeltsinistas a nacionalistas


A pesar de que se produzca el esperado caos de neófitos deseosos por registrarse, sólo hay tres fuerzas polítcas de la oposición antisistema que un interés especial.


En primer lugar, el partido que todavía carece de nombre del empresario Mijaíl Prójorov. Se distingue de las demás fuerzas porque, según información oficial, más de 5,7 millones de rusos votaron por su líder, algo de lo que no puede jactarse ninguno de los competidores fuera del sistema. En un momento en el que haya actividad de protesta y a falta de una alternativa, el partido de Prójorov es perfectamente capaz de competir por puestos de cierto poder en las próximas elecciones regionales, especialmente en las grandes ciudades.


En segundo lugar, PARNAS (Partido de la Libertad del Pueblo) intentará convertirse en un jugador real en plano político. Los demócratas de la época de Yeltsin, que son los que forman el partido, posiblemente se sientan inspirados por la información de los sociólogos sobre el hecho de que la mayoría de los rusos simpatiza con las fuerzas democráticas. Pero para contar con votantes (y hay que tener en cuenta la inminente aparición de pequeños partidos en el flanco derecho) los miembros de PARNAS deberán unirse a una gran coalición con otros demócratas relevantes. Aunque Yábloko, por ejemplo, a pesar de sus muy dudosas perspectivas electorales, por ahora no tiene prisa por entrar a formar parte de la coalición propuesta.


Finalmente, la tercera y potencialmente destacada fuerza que intentará con sacar provecho de la liberación sobre partidos son los nacionalistas. Hasta ahora todos sus intentos de legalizarse han sido en vano, si obviamos, evidentemente, el corto triunfo del bloque “Ródina”, que en 2003 y con el apoyo del Kremlin entró en la Duma Estatal con consignas moderadamente nacionalistas. Los nacionalistas no tienen permitido entrar ni en la Duma ni asisitir a los encuentros del presidente con la oposición fuera del sistema, aunque a menudo presionan en manifestaciones callejeras no autorizadas. No obstante, considerando el amplio despliegue del llamado nacionalismo interno, los partidarios del eslogan “Rusia para los rusos” tienen cierta perspectiva política.


Aunque esta perspectiva sólo se verá realizada en el caso de que las autoridades decidan, por algún motivo, cambiar el curso actual de la violenta confrontación entre nacionalistas y separatistas, a los cuales que ya ha criticado duramente en más de una ocasión. Aunque por ahora es más probable otro desenlace, es decir, que el Ministerio de Justicia rechace el registro de las organizaciones nacionalistas, a pesar de la liberalización de la ley sobre partidos. Tras las elecciones presidenciales el poder prometió al recién aparecido enemigo, encarnado por los “ciudadanos enfurecidos”, si no ser amigos, por lo menos “cooperar constructivamente”.


Versión completa del artículo publicada en: http://kommersant.ru/doc/1890836

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