Cuando el clima se vuelve loco

Dibujo de Niyaz Karim

Dibujo de Niyaz Karim

Actualmente hay un gran debate en la comunidad científica sobre cómo denominar a los procesos climáticos que se están produciendo en todo el mundo. Sinceramente, no me importa si van a llamarlo “calentamiento” o “cambio climático global”. En cualquier caso, supone un grave problema para el ámbito agrícola. Y lo más grave no es que la temperatura cambie. Si cada verano supiéramos, por ejemplo, que la temperatura va a subir uno o dos grados, nos las arreglaríamos para adaptarnos. El proceso que estamos observando en la actualidad es la “imprevisibilidad del clima global”. En la actualidad la agricultura se enfrenta en cada estación a una serie de sorpresas y desafíos de la naturaleza. Éste es el hecho concreto que importa.

La agricultura es un ámbito con un largo ciclo de producción, desde el inicio hasta la recolección del producto final pasan, por lo menos, seis meses. Al mismo tiempo, este ámbito depende del tiempo. No del clima, sino del tiempo.



Hablemos del aspecto de la agricultura rusa más avanzado: la producción de grano. Para obtener una buena cosecha debemos saber, más o menos, qué temperatura tendremos en cada estación. Esto determinará cómo trabajar la tierra, cuándo y qué semillas plantar, qué fertilizantes utilizar y mucho más. Aunque el verano sea muy cálido, por ejemplo de 40 grados, y los inviernos realmente fríos, digamos 30 grados bajo cero, seríamos capaces de acabar la temporada con algún tipo de beneficio. Pero sólo si se cumpliese una condición: tener un pronóstico meteorológico fiable durante, al menos, seis meses. Actualmente, nuestros expertos ni siquiera pueden predecir la temperatura aproximada de este verano. En los últimos dos años, pocas personas han sabido pronosticar cómo se comportaría la naturaleza al cabo de pocos meses.



Los resultados de la agricultura son decepcionantes: la producción de grano cae cada año entre un 25% y 30% y aumentan los costes. Hay tipos de grano para los que la fluctuación de la temperatura no es tan terrible, pero en plena conformidad con las leyes de la naturaleza resultan menos productivos y más costosa la elaboración de suelos y fertilizantes.



Sólo queda confiar en tres opciones.



La primera: un parche temporal, lo que permitiría al sector mantenerse a flote en este momento. Para ello es necesario el apoyo gubernamental. En caso de desastres naturales el Estado otorga ayudas financieras a los productores agrícolas de las compañías declaradas en quiebra y, entonces estos son capaces de sembrar los campos para la próxima temporada. Así, en 2012, se destinaron 130 millones de rublos (alrededor de 4 millones de dólares) del presupuesto federal a apoyar a la agricultura. Sin embargo, el mecanismo de distribución de estas ayudas podría ser más eficiente. Las normas de asignación no están claramente definidas, y las decisiones las toman funcionarios sin criterios claros. En cualquier caso, esta medida soluciona problemas puntuales. Aunque es imposible que el Estado pueda mantener la agricultura eternamente.



La segunda opción: la preferida aunque sea la más difícil. Se trata de la solución tecnológica del problema. No hay nada imposible para la ciencia. Si se propone el objetivo de modificar genéticamente el trigo para que sea insensible a los cambios de temperatura, que en este caso sería bastante fértil, en unos pocos años, aparecerían tales variedades. El dinero y el deseo de hacer negocio se impondrían en las investigaciones.



Finalmente, la tercera solución es la menos probable, pero sí más la “agradable”. Existe la teoría que dice que el clima del planeta varía según los ciclos solares. Dicen que nos movemos en espiral. Asimismo, según algunos científicos, las condiciones climáticas actúan del mismo modo. Los problemas con la predicción de las temperaturas comenzaron hace unos diez años cuando comenzó un nuevo ciclo de diez años solares. Según esta teoría, el clima en los próximos años se irá “calmando” y después de un tiempo volverá a ser predecible. Sería la opción más agradable para los productores ya que no implica ningún esfuerzo por su parte: se sientan y esperan a que el cambio se produzca por sí mismo. No obstante, no creo que esta opción se base en una estrategia de desarrollo y que el ámbito empresarial lo deje todo a merced de una dudosa teoría científica y los caprichos de la naturaleza.

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