Una copa de vino español, por favor

En 2010 Rusia consumió cerca de 870 millones de litros de vino, entre 5 y 7 litros por persona. Fuente: Fotodom.

En 2010 Rusia consumió cerca de 870 millones de litros de vino, entre 5 y 7 litros por persona. Fuente: Fotodom.

Los tintos y blancos españoles en Rusia tienen que hacer frente a la imagen perfilada de los vinos franceses e italianos. Aumentar la cuota de mercado exige un lavado de cara.

Los consumidores rusos suelen inclinarse por bebidas alcohólicas de gran graduación. Históricamente, el trago más extendido es el vodka. Aunque este sigue predominando (68% del alcohol consumido en 2010), en los últimos años el mercado se está diversificando. Por un lado, se extiende el consumo de bebidas importadas de gran graduación, como el whisky, el brandy, el cognac, el tequila y el ron, que son ya relativamente comunes. En muchas ocasiones estos licores se consumen combinados en cócteles, que prosperan en el país. Por otro lado, la popularidad de la cerveza y el vino ha crecido en la última década de modo sustantivo.En 2010, la cerveza representó el 22% del alcohol consumido en la Federación Rusa; el vino, el 7%.  


El mercado del vino en Rusia

En 2010 Rusia consumió cerca de 870 millones de litros de vino, entre 5 y 7 litros por persona. El consumo per capita ruso es bajo si se compara con otros países no productores de vino, como Reino Unido o las naciones escandinavas, donde oscila entre 15 y 17 litros anuales. El mercado del vino secunda en Rusia la evolución del mercado de bebidas alcohólicas. Si a medicados de los años 70 el consumo per capita bordeaba los 15 litros anuales, en el ecuador de los años 80 el consumo había descendido a 5 litros per capita al año, el nivel de 1961. A mediados de los 90, el consumo de vino era muy bajo, apenas algo más de 2 litros por persona al año, la mitad que en 1960 y seis veces menos que en los 70. En 1994 el consumo empezó a recuperarse lentamente. Tras esa larga convalecencia, en 2005 el consumo per capita de vino alcanzó, con 5 litros anuales, el nivel simbólico de principios de los 60 y mediados de los 80. Desde entonces, el mercado del vino ha crecido en Rusia de manera relativamente estable, al tiempo que ha ido diversificándose al incorporar vinos de mayor calidad. Según distintas estimaciones, el volumen de este mercado es hoy de unos 8.000 millones de dólares anuales.


La necesidad de importar

La producción rusa de vino es escasa y pobre, por lo que es incapaz de nutrir la demanda existente. Geográficamente, el frío impide el cultivo de la vid en la mayor parte del país. Sólo las regiones del sur ribereñas del Mar Negro disfrutan de condiciones climatológicas apropiadas. Históricamente, las hectáreas de viñedo de Rusia han decrecido, además, a lo largo de las últimas tres décadas, con la desaparición de muchas bodegas. Hoy, la producción doméstica de vino se ve limitada por la ausencia de mano de obra especializada, la escasez de infraestructura, los tipos de interés altos y la inexistencia de mecanismos para incentivar la inversión en el sector. Con sólidas barreras de entrada, los oligopolios predominan.

Sin embargo, en los últimos años la producción vitivinícola rusa ha mejorado en volumen y calidad. Desde 1998, con excepción de 2005, la producción doméstica de vino ha crecido de manera significativa. Pese a ello, cerca de un 60% de la oferta total de vino en Rusia es importada. Tras la caída provocada por la crisis económica y el desplome del rublo en 2009, Rusia importó vino por valor de 600 millones de euros en 2010. Sujeta la importación a los cambios normativos, el mercado pareció tomar de nuevo fuerza en la segunda mitad de 2011.


Los vinos españoles en Rusia

Las exportaciones españolas de vino a Rusia conocieron un impulso importante en 2006, cuando el país eurasiático prohibió la entrada de vinos georgianos y moldavos. Tradicionales suministradores de vino al mercado ruso, esta prohibición dejó en el aire la provisión de cerca del 25% de la oferta total de vino en Rusia, especialmente la de vinos de mesa de precios asequibles. Tras una caída pronunciada en 2009, el consumo de vino español en Rusia ha mostrado síntomas de recuperación. En 2010, las exportaciones de vino de España a la Federación Rusa alcanzaron un valor de 76 millones de euros. De acuerdo con la Oficina Comercial de España en Moscú, en los nueve primeros meses de 2011 las importaciones de vino español registraron en Rusia un aumento del 3% respecto al mismo período de 2010.

España fue en 2010 el tercer destino de importación de vinos en Rusia por detrás de Italia y Francia. En los últimos años, el país ibérico ha recortado la distancia con las otras dos naciones europeas. En 2010, las exportaciones españolas de vino a la Federación Rusa aumentaron un 33%, frente al 14% de las italianas y el 8% de las francesas. España exporta a Rusia vinos a granel (usados como base para producir vinos locales), vinos de mesa y vinos de calidad media y alta. Esta amplitud abarca desde tetra-bricks hasta botellas de 400 euros.

Perspectivas

El mercado vitivinícola ruso presenta perspectivas magníficas. En cinco años se estima que el consumo de vino podría situarse en torno a los 10 litros por persona. Para el 2012, las previsiones de la Oficina Comercial de España en Moscú son optimistas. La situación holgada del país, la debilidad relativa del euro y la estabilización del panorama legislativo, que solo puede aligerarse con la reciente entrada de Rusia en la OMC, apuntan a un crecimiento sustantivo de la demanda.

Los analistas convienen en que Rusia no podrá satisfacer esta demanda con la creciente producción doméstica, especialmente en los segmentos de calidad media y alta. El volumen y calidad de los vinos rusos crece, de la mano la tecnificación del sector, pero siguen siendo relativamente caros y recibiendo una imagen negativa, que, largamente merecida, constituye una herencia no moldeable en el corto plazo. El espacio para la importación continuará, por ello, siendo significativo. Pero la competencia será igual o más dura.


Estrategias a seguir

A diferencia de otros países, España disfruta de una oferta variada. La estrategia de exportación debe buscar mantener esta diversidad. El vino de calidad elevada es el sector con mayor potencial. También el que representa mayores desafíos para España. En contraste con Francia, Italia y hasta Chile, el posicionamiento del vino español de calidad es débil, careciendo de una imagen definida. Borrosa, la imagen del vino se liga a episodios románticos. España debe invertir en campañas de comunicación y promoción que posicionen la marca del vino español como producto de calidad superior. Son varias las iniciativas y empresas que han dado pasos en ese camino. Los Seminarios sobre Vinos de España de Febrero y el Salón de Vinos de Octubre son dos eventos destacados. Freixenet, Codorniú o Valdepeñas se distinguen, entre otras, por su pro-actividad en el mercado ruso.  

Diversificado el mercado en variedades, calidades y precios y moderado el impulso a la bebida, el alcohol pasó en Rusia de vicio en los 70 a lujo en los 90 del siglo pasado. Hoy se instala progresivamente como placer asequible y refinado. Los tenderos, camareros y sommeliers aprenden. Siete botellas de vodka. Una de vino. Muchas veces italiano, muchas francés. A menudo, cada  vez más, español. Sin embargo, para aumentar la cuota de mercado del vino español en Rusia hay que mejorar la imagen de marca. Como el vodka para Rusia, los molinos del Quijote son en el fondo para el vino español estereotipos rigurosamente parciales, agudamente estériles.

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