Un plan de consecuencias cósmicas

Anatolii Perminov,  director de Roskosmos. Fuente: ITAR-TASS

Anatolii Perminov, director de Roskosmos. Fuente: ITAR-TASS

La Agencia Federal Espacial de Rusia, Roskosmos, ha presentado al Gobierno un proyecto estratégico para la exploración del cosmos hasta el año 2030. En él se propone hacer lo que la Unión Soviética no consiguió: lanzar aparatos a largo plazo a Marte y circunvolar la Luna en una nave espacial tripulada. Y todo ello dentro de un presupuesto que no se diferencia en gran medida de los medios que ya tiene a su disposición. El anterior director, Vladímir Popovkin decía que en el futuro podrían necesitarse entre 150.000 y 200.000 millones de rublos(entre 5.000 y 6.800 millones de dólares), frente a los 150.000 que se destinaron este año.

Como afirma el periódico Kommersant, que consiguió conocer el texto sobre el proyecto de estrategia, se trata de que en el año 2020 “Rusia consolide su puesto entre las tres potencias cósmicas mundiales”.  Si consideramos que en la actualidad ocupa el primer lugar por número de lanzamientos, y hasta 2011 tenía un porcentaje de accidentes muy bajo (entre 2008 y 2010, de 86 lanzamientos, tres accidentes; mientras que EE UU tuvo dos en 53 lanzamientos), si además añadimos que, aparte de Rusia y EE UU los vuelos regulares tripulados no son de momento accesibles a nadie…esta declaración, digamos, tiene un doble sentido.



Está claro que las estaciones permanentes en Marte y el vuelo a la órbita lunar no son un avance, sino un intento de superar a EE UU. Los únicos que hasta ahora han conseguido hacer aterrizar los aparatos en el Planeta Rojo, y hacerlos trabajar más de algunos minutos, han sido los expertos estadounidenses. De modo que la tarea que se plantea Roskosmos es importante, digna de alabanza, pero evidentemente, no es algo que no haya resuelto nadie. Por otro lado, volar alrededor de la Luna con naves tripuladas, algo a lo que varios  medios de comunicación se refirieron con mordacidad como un logro de sesenta años de antigüedad, ya no es tan trivial (como considera Lev Zájarov, secretario científico del Instituto de Investigaciones Cósmicas de la Academia de Ciencia de Rusia), pero no se trata de un paso hacia los límites del vasto y lejano cosmos.



A lo que realmente se le puede llamar nuevo proyecto es a la creación de remolcadores espaciales a base de motores eléctricos y de medios de exploración de asteroides. Por sí mismos, los motores iónicos no son nada novedoso, ya hay numerosos aparatos interplanetarios equipados con ellos (por ej., los que alcanzaron los primeros granos de polvo del asteroide Itokava con la sonda japonesa Hayabusa), pero utilizarlos en la nave que transporta mercancías en una órbita baja, como la órbita geoestacionaria o alrededor de la Luna, es algo que nadie ha intentado hasta el momento.



La razones para el escepticismo pueden ser, realmente, las fantásticas características de aquellos motores que empezaron a crear en Roskosmos  hace más de un año  (entonces se trataba de una carga de mil veces más que las actuales, hacia ¡el año 2015!), y las estadísticas para todas las naves espaciales, diseñadas y puestas en marcha en los últimos años. Koronas-Foton, el satélite espacial de observación, quedó fuera de combate debido a un error en el cálculo de la energía eléctrica; no llegó al final de sus días el Tatiana-2, por no decir nada de Fobos-Grunt, la sonda interplanetaria que fue particularmente patética.



Se pueden comparar los costos de Roskosmos y la NASA. El desarrollo de un nuevo cohete pesado, Ares, se suspendió en parte debido al crónico incumplimiento de plazos y presupuestos: según las últimas estimaciones, hacia 2015, este ambicioso proyecto podría requerir un total de 40.000 millones de dólares. Es decir, cinco presupuestos anuales de Roskosmos; mientras que el proyecto de los cohetes que se construyeron sobre la base de la lanzadera de propulsores de combustible sólido (Shuttle-Derived Heavy Lift Launch Vehicle) se calculaba que sería cinco veces más barato. Su misil pesado es capaz de poner en órbita alrededor de un centenar de toneladas de carga para el 2030... es posible teóricamente, ¿pero en la práctica?

Aclaraciones

Un remolcador cósmico es una nave que transporta las mercancías desde una órbita baja a una más alta; por ejemplo, la órbita geoestacionaria o la Luna. El volumen de las cargas suele ser pequeño y los mismos remolcadores utilizan un combustible barato. Los remolcadores tienen dos sitios de atraque: uno para el contenedor con la carga; y el otro para  el atraque en la estación.

Ares 1 y Ares 2 son portadores de cohetes de vehículos superpesados desarrollados por la NASA. Fueron diseñados para retirar cargas pesadas de la órbita alrededor de la Tierra y para el abastecimiento de la nave pilotada de investigación Orión en la trayectoria de su vuelo a la Luna.


De acuerdo con Yuri Karash —miembro numerario de la Academia Rusa de la Cosmonáutica, K.E. Tsiolkovski— es posible conseguir la ausencia total de pérdidas a causa de la corrupción y una organización eficaz en el desarrollo de misiles pesados. Al mismo tiempo, el experto recordó que  en septiembre del año pasado, el presidente de la Cámara de Cuentas, Serguéi Stepashin habló abiertamente acerca de la malversación de fondos en la Agencia Espacial Rusa. "La estrategia puede conducir a que miles de millones de fondos presupuestarios 'se evaporen' y no aparezca la nueva tecnología", dijo el experto, quien agregó que los remolcadores de propulsión eléctrica se pueden considerar como la parte más "perturbadora" de la estrategia. "Los cohetes pesados, además, son también un elemento esencial, ya que sin ellos no se pueden retirar las naves interplanetarias espaciales”.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.

Más historias fascinantes en la página de Facebook de Russia Beyond.

This website uses cookies. Click here to find out more.

Accept cookies