Los riesgos de Putin

La cuestión principal es determinar cuántas personas de las que han «despertado» a través de las actuales protestas, se quedarán en política sin decepcionarse. Fuente: Kiril Rudenko.

La cuestión principal es determinar cuántas personas de las que han «despertado» a través de las actuales protestas, se quedarán en política sin decepcionarse. Fuente: Kiril Rudenko.

La contundente victoria de Vladímir Putin en las elecciones presidenciales, en esencia, puso punto final a la crisis política en Rusia. Las protestas de la oposición se van silenciando. Pero esto no significa que ante el poder ruso no exista ya ningún tipo de amenaza.

«¡Amigos! Se necesita con urgencia alimento seco para un refugio de animales», así rezaba un anuncio aparecido hace poco en el grupo «Contra Putin y “Rusia Unida”» de la red social “VKontakte”, las más popular del país. El grupo cuenta con  más de 170.000 usuarios. Los moderadores no retiraron el aviso. Por el contrario, en las últimas semanas se constata una peculiar tendencia: las llamadas para salir a la plaza, son intercaladas por solicitudes a donar sangre para un niño enfermo o para reunir dinero para una compleja intervención quirúrgica.


La actividad ciudadana, que alimentaba al movimiento de protesta en Rusia, comienza a tomar otras formas y en los mítines participan ahora unos pocos activistas políticos.


A los actos de protesta organizados por la oposición los días 17 y 18 de marzo en Moscú no asistieron más de mil personas. Ante este panorama “la marcha del millón”, planificada para el 6 de mayo, un día antes de la inauguración presidencial, descubre a los líderes de la oposición como un grupo de románticos desconectados de la realidad o utópicos. En el mejor de los casos será «la marcha de decenas de miles» y pondrá punto final al período de protestas activas en Moscú.


«La gente comprendió que con globos y cintas blancas no se puede enfrentar a los OMON (la policía antidisturbios). Creo que ahora vendrá un tiempo de cierto entumecimiento público»,  constata uno de los organizadores de los mítines de invierno, el escritor Borís Akunin.


La ola de protestas sufrió un parón debido al cansancio de la gente, que no está acostumbrada (a diferencia de los activistas políticos) a asistir a los mítines de manera regular, como si asistiera a su trabajo. Por otro lado, el poder se comportó de forma más inteligente que en diciembre. En las elecciones presidenciales (por lo menos en Moscú), hubo muchas menos irregularidades que durante las elecciones parlamentarias y esto influyó en los ánimos de la gente.  Muchos de los que protestaban aceptaron internamente la victoria de Putin. Incluso el recuento paralelo le daba más del 50% de los votos. Este hecho, más que cualquier otra cosa, hizo que se retirara mucha gente de la calle.


Nuevos partidos políticos


Actualmente, la cuestión principal es determinar cuántas personas de las que han «despertado» a través de las actuales protestas, se quedarán en política sin decepcionarse. La respuesta depende de las perspectivas de los nuevos partidos políticos que surgirán a partir de la ola de protestas y de la liberalización de la ley sobre los partidos. Habrá muchos partidos nuevos, incluso demasiados. Es poco probable que el gobierno ponga trabas. «Una gran cantidad de formaciones dividirá al electorado de la oposición y de esta manera será difícil que puedan pasar la barrera del 5%  para ocupar un espacio en el parlamento. Y esto jugará a favor de Rusia Unida», explica el presidente del centro de investigaciones “Política Analítica” Mijaíl Tulski.  Esto, sin duda, le complicará la tarea a Mijaíl Prójorov, que se dedicará a la construcción de un nuevo partido liberal. Seguramente lo haga con la compañía del exministro de Finanzas Alexéi Kudrin. El resultado alcanzado por Mijaíl Prójorov en las elecciones presidenciales le sirve de buena plataforma de lanzamiento. Pero una cosa es llegar al 7%  en un grupo de cinco candidatos presidenciales que no han despertado mucha afinidad entre los electores durante los últimos 20 años y, otra avanzar hacia la simpatía de los electores a través de una densa formación de partidos de derecha, de izquierda, social-demócratas, monárquicos y otros, que empezarán a registrarse en el Ministerio de Justicia.


La situación en Rusia depende de cómo gobierne Putin durante su tercer mandato. Las circunstancias antes de las elecciones le obligaron a demostrar que está dispuesto al diálogo. Está claro que la senda de la reforma política la abrió Dmitri Medvédev, pero el propio Putin -a través de una serie de artículos pre-electorales-, dio a entender que está dispuesto a cambiar y que está abierto a un diálogo más profundo con la sociedad: prometió reabrir el sistema de referendos, simplificar el procedimiento de las iniciativas legislativas de los ciudadanos y reforzar el control al poder ejecutivo por parte de la sociedad.


La contundente victoria de Putin obligó a decir, que todo esto quedará solo en promesas.


«Simplemente, los electores no piden un nuevo Putin», indicó el observador político Viacheslav Nikonov. Pero también hay otras opiniones. «En el entorno del presidente comprenden que el incumplimiento de una parte de las promesas pre-electorales, mantendrá el potencial de protesta», asegura el director del Centro de Información Política, Alexéi Mujin.


Putin deberá pensar en cómo trabajar con el electorado que protesta y con sus seguidores. Y lo segundo es mucho más importante. Según el observador político y presidente del Centro de Estudios Estratégicos, Mijaíl Dmitriev (el informe analítico del Centro predijo la última crisis política), el problema de Putin no es la legitimidad de los recursos que ahora posee, sino cuánto tiempo se mantendrá esta legitimidad ante un escenario de creciente descontento más allá de las fronteras de las grandes ciudades. «Porque, en esencia, el presidente fue elegido por los habitantes de los lugares más remotos de Rusia. Y el problema del interior ruso es que en la actualidad los ánimos se modifican rápidamente. Puede suceder que dentro de un año o año y medio el otrora apoyo a Putin entre estas capas de la población se quede en nada. Esto sucedió en los años  90: en 1996 Yeltsin fue elegido presidente, pero hacia finales de la década, su rating cayó a menos del 10%. Estos riesgos son muy reales para Putin».


A los seguidores de Putin en el interior del país les interesa poco la reforma política. En cambio, les preocupan los problemas de vivienda y los servicios comunales, que llevan más de dos décadas sin resolverse, así como también los problemas de corrupción. Putin siempre llevó adelante una cuidadosa política de personal, y por lo general, los hechos de corrupción rara vez se vincularon a los altos funcionarios regionales. Pero si no quiere que el descontento de los habitantes de la provincia se transfiera de los funcionarios locales hacia él, entonces, está obligado a cambiar de política. «Putin hará una seria rotación del personal de las regionales. La renuncia del gobernador Darkin en la región de Primórie ya lo demuestra. La lucha contra la corrupción se transferirá del nivel más bajo hacia los niveles intermedios y más altos de los funcionarios», asegura Alexéi Mujin. De otra forma Putin no lograría mantener el apoyo de sus seguidores, porque es dudoso que pueda «comprar» su apoyo a través de una activa política social, tal y como ocurría antes. «Desde el punto de vista del interior ruso es necesario continuar la política de aumento de gasto presupuestario, pero ya no se cuenta con los mismos recursos, y cualquier empeoramiento de la situación económica conllevará lo contrario: la compresión y disminución del gasto público», explica Mijaíl Dmitriev.


Ante este estado de cosas, el futuro político de Dmitri Medvédev queda en una nebulosa. Al renunciar a un segundo período presidencial, confirmó su imagen de político sin autonomía. Todo parece indicar que será el primer ministro, pero prácticamente ninguno de los observadores políticos cree que se va a mantener en el cargo durante los seis años de la presidencia de Vladímir Putin. Seguramente, después de tomar una serie de decisiones de corte antipopular, Medvédev será la víctima ritual que de una forma u otra deberá dejar el gobierno. Por ejemplo, es inevitable el aumento de la edad de jubilación, así como la adopción de otras medidas destinadas a la reforma del sistema de pensiones. En estas condiciones, solo una víctima de alto rango podrá salvar el rating y el futuro político del propio Putin, y quedan pocas dudas de que este sacrificio no sea ejecutado.

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