La postura rusa sobre Siria: mitos y realidades

Dibujo de Aléxei Yorsk

Dibujo de Aléxei Yorsk

Artículo del embajador Alexánder Yakovenko para el suplemento Russia Now del Daily Telegraph.

Considero importante compartir con los lectores los elementos básicos de la verdadera posición de Rusia respecto a la situación en Siria. Lamentablemente, la opinión pública europea se ha creado una visión distorsionada de la postura que mantiene Rusia en la actual crisis política que atraviesa un país con el cual poseemos antiguos y profundos lazos de amistad y cuyo destino no nos resulta indiferente a nivel estatal ni humano.

En primer lugar, quisiera dejar en claro que Rusia condena de manera categórica cualquier tipo de violencia. La manera de actuar del gobierno del presidente Bachar el Asad durante la crisis dista mucho de poder catalogarse como ejemplar. La opinión de que Rusia está “apoyando ciegamente” a las autoridades sirias no es cierta. Sin embargo, cabe recordar que cerca de un 25%-30% de quienes murieron en dicho país son miembros de las fuerzas de seguridad. Por ello resulta erróneo afirmar que los tanques y la artillería sirios se enfrentan contra civiles ligeramente armados. Debido a los ataques terroristas, cada semana mueren varias decenas de miembros de las fuerzas del orden público. Los combatientes de la oposición, con el fin de agudizar la tensión, interrumpen la corriente eléctrica y el agua, así como el funcionamiento de tiendas, etc. En los recientes enfrentamientos acaecidos en Homs, la población civil fue prácticamente rehén de la irreconciliable posición de ambos bandos.

 

En consecuencia, consideramos fundamental que la comunidad internacional condene no sólo la violencia proveniente de las fuerzas gubernamentales, sino también las acciones armadas de la oposición; además debería exigir que la oposición política se desvinculase de los extremistas y que los grupos armados de oposición abandonasen los centros de población junto con la retirada de las fuerzas gubernamentales. Precisamente esos eran los objetivos de las modificaciones rusas a los borradores de resolución sobre la crisis Siria en el Consejo de Seguridad y en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lamentablemente, dichas ideas no recibieron el apoyo de muchos de nuestros socios en la ONU.

Estamos convencidos de que la condena unilateral al Gobierno sirio y su aislamiento diplomático, junto con el apoyo incondicional a la oposición, no conducen a un acuerdo pacífico, sino que incentivan a la oposición a continuar su lucha armada en lugar de buscar métodos políticos de resolución del conflicto. Nuestros socios occidentales y algunos estados árabes están tomando, de hecho, una postura de apoyo unilateral a una de las partes en la confrontación interna, mientras que el verdadero objetivo debería ser brindar apoyo a la población siria para que tomase una decisión independiente acerca de su propio futuro a través de medios políticos y no revolucionarios.

Es bien conocido cuánto tardó la situación política de Francia en volver a la normalidad tras la revolución de 1789. Tal vez en Inglaterra llevara menos tiempo —50 años— llegar a un acuerdo en forma de Revolución Gloriosa. Pero ni la Ilustración ni las revoluciones europeas pudieron proteger a Europa y al mundo de la catástrofe de la Primera Guerra Mundial. ¿Por qué no ayudar a que otros eviten un camino tan sangriento y lleven a cabo procesos de transformación mediante métodos evolutivos?

Es importante comprender que el presidente El Asad aún cuenta con el apoyo de una parte considerable de la población siria. La gran participación del electorado y el resultado de la votación en el referéndum sobre la nueva constitución, a pesar del desacierto que supone realizarlo durante un período tan inestable, han demostrado el deseo de los sirios por encontrar una solución política a la crisis. Supone una falta de responsabilidad con todos los ciudadanos de Siria, independientemente de su sus posturas políticas, continuar estimulando a la oposición para que derroque militarmente al gobierno. A juzgar por los informes publicados en diferentes medios europeos, la oposición sostiene que en un primer momento los países occidentales los incitaron a  iniciar una lucha armada y ahora los han “abandonado”.

Rusia está trabajando junto a Damasco en el frente diplomático con el fin de inducir a las autoridades sirias al diálogo. No es sencillo obtener resultados ya que a cualquier gobierno le resultaría difícil acceder a negociar con grupos piden abiertamente su derrocamiento. Sin embargo, hemos conseguido que el gobierno sirio se comprometa a mantener dicho diálogo. Por su parte, la oposición, incluido el Consejo Nacional Sirio, lo ha rechazado.

Toda la comunidad internacional desea evitar una guerra civil en Siria. Rusia, por su propia y trágica experiencia, sabe demasiado bien lo que esto significa. Debido a ello, es necesario realizar los esfuerzos necesarios para iniciar un proceso político inclusivo en el que tengan cabida tanto a las autoridades como a los grupos opositores del país árabe.

Una de las claves para lograrlo consiste en restablecer la confianza, incluida la de Rusia con sus socios occidentales. Debemos admitir que ésta se vio gravemente afectada por la operación militar de la OTAN en Libia. Algunos episodios de la situación siria también tienden a socavar la confianza, como el precipitado voto del ya mencionado borrador de resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que ignoró nuestros esfuerzos de mediación mientras se evacuaban periodistas occidentales de Homs, entre otros.

Sin embargo, vemos cómo hay políticos y diplomáticos responsables, algunos de ellos en Europa, que cada vez con más determinación se inclinan por la necesidad de alcanzar un acuerdo político. El nombramiento del exsecretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, como enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe, cuyo objetivo es acercar a las partes a la mesa de negociaciones es un avance bienvenido. Más aún cuando su misión ha recibido el apoyo unánime del Consejo de Seguridad.

El presidente ruso Dimitri Medvédev, tras reunirse con Kofi Annan en Moscú el pasado 25 de marzo, aseveró que su misión era la última oportunidad que tenía Siria de evitar una larga y sangrienta guerra civil. No se puede dejar pasar esta oportunidad. De hecho, estamos convencidos de que la guerra civil puede evitarse y de que el pueblo sirio puede superar la crisis actual, siempre y cuando todos los actores externos actúen de manera conjunta. Lo más importante es ayudar para que se creen las condiciones en las que los mismos sirios puedan resolver la situación. Podrían decir que defendemos un “aterrizaje blando, sin inconvenientes” para el régimen, pero lo que en realidad defendemos es un “aterrizaje blando, sin inconvenientes” para Siria y todos los sirios, y, evidentemente, para toda la región.

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