A vueltas con los plátanos

Samba (Anzhi) despeja un balón delante de Pavlyuchenko (Lokomotiv). Fuente: fc-anji.ru

Samba (Anzhi) despeja un balón delante de Pavlyuchenko (Lokomotiv). Fuente: fc-anji.ru

El pasado domingo día 18 se disputó en Moscú un Lokomotiv-Anzhi de la Liga Premier. Al terminar el partido se lanzó desde la grada un plátano a Christopher Samba, defensa congoleño del equipo visitante, una provocación racista hacia jugadores de color ya tristemente famosa en el fútbol ruso. El compañero de Samba en el Anzhi, el legendario Roberto Carlos, la sufrió en sus propias carnes el año pasado en un par de ocasiones. La segunda de ellas, indignado y entre lágrimas, abandonó el terreno de juego en pleno partido como símbolo de protesta. La trascendencia del personaje consiguió que aquellas imágenes diesen la vuelta al mundo y llamasen la atención sobre el problema del racismo en el fútbol ruso, anfitrión de la Copa del Mundo de 2018.

La semana pasada la federación tenía programado un encuentro con prensa para presentar el logo del Mundial, evento al que asistió el ministro de Deporte, Vitaly Mutko. Sin embargo, dadas las circunstancias, la presentación se convirtió en un monográfico sobre el racismo. “Sucede en todo el mundo. Podría nombrar docenas de países con incidentes similares, Rusia no es una excepción. Castigamos a los responsables y a los clubes. Esos son los hechos. En general el racismo en el fútbol ruso no es tan grave”, respondió Mutko. “Puedo asegurar que dentro de los preparativos para un evento global como la Copa del Mundo está el esfuerzo por erradicar el problema del racismo. Queremos transmitir una imagen positiva de nuestro fútbol, así como de nuestros jugadores y aficionados”, concluyó el ministro. Como resultado, el Comité de Ética Deportiva de la Federación anunció la semana pasada la creación de un grupo de trabajo para combatir específicamente ‘el racismo, la xenofobia y el extremismo’.



Limitaciones legales



Preguntado al respecto, el jefe de comunicación de la liga rusa, Sergei Alekseyev, aludió a un problema de limitación legal: “Un estadio de fútbol es un recinto democrático. La policía puede impedir la entrada con bengalas, pero no podemos confiscar plátanos”. Sin entrar en la connivencia de aficionados y policía, la normativa del fútbol ruso es en sí misma laxa con este tipo de incidentes. En caso de atrapar al responsable, la sanción que se le podría aplicar sería ridícula, al menos con la legislación en la mano. Paradójicamente, quien podría ser sancionado por el incidente sería el propio jugador, Samba, pues lanzó el plátano de vuelta a la grada, lo que está tipificado como una agresión al público. El Comité estudia el caso y Samba se enfrenta a una posible multa económica.



El incidente en el Lokomotiv-Anzhi desató a lo largo de la semana una tormenta de declaraciones cruzadas entre ambos clubes. La dirección del equipo moscovita negó los hechos en primera instancia y después, tras un supuesto informe, los atribuyó a aficionados visitantes. “Estuve en el estadio el domingo y puedo decir que no hubo incidentes. La conducta de nuestros aficionados fue ejemplar durante y después del partido. De hecho, contamos con varios jugadores de color en nuestro equipo y nunca habíamos tenido esta clase de incidentes”, declaró la presidenta del Lokomotiv, Olga Smorodskaya. “No diré que su respuesta es un completo sinsentido, pero sí que es propia de una mujer”, contestó German Chistyakovel, vicepresidente del Anzhi, que exigió pruebas de la acusación y una rectificación pública, caso contrario denunciaría al Lokomotiv. No hizo falta. Finalmente la sangre no llegó al río. Ambos clubes se pusieron de acuerdo (mediación federativa de por medio), condenaron los hechos en un comunicado conjunto y prometieron colaboración.



Anzhi, blanco habitual de los incidentes



Pese a que buena parte de los conjuntos de la liga rusa tienen uno o varios jugadores de color en su plantel, prácticamente todos los incidentes racistas registrados en el último año han tenido como blanco al mismo equipo, el Anzhi. Por una parte, el club despierta envidia por ser el nuevo rico de la competición, un proyecto artificial basado en la inversión directa de un oligarca, Suleyman Kerimov. Por otra parte está el componente político, pues se trata del equipo de Daguestán, la región más conflictiva de Rusia (sino de toda Europa), de mayoría musulmana, con aspiraciones separatistas y atentados casi a diario.



Aunque nacido en Francia, Christopher Samba tiene pasaporte congolés. Hace solamente un mes que fichó por el Anzhi (24 de febrero) procedente de la liga inglesa, convirtiéndose en el noveno jugador de color de la plantilla: “Me entristece que los niños que asistieron al partido tuviesen que ver algo así y me preocupa el mal ejemplo que pudieron llevarse. Este tipo de escándalo suele tener como origen el comportamiento de una sola persona estúpida. Procuro no pensar en el racismo, prefiero verlo como un hecho aislado y no como un problema generalizado. Quizá me equivoque, pero no quiero creerlo”.

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