Ulán-Udé: una muestra de Asia

Una turista británica comparte su experiencia en Ulán-Udé, la ciudad rusa más importante antes de llegar a Mongolia.

La primera vez que vi el lago Baikal fue a través de dos trapos que resultaban ser las cortinas del tren nº 134 que recorría el trayecto de Penza a Vladivostok.

Por supuesto, sé lo grande que es el lago Baikal y que es el más antiguo y profundo del mundo, pero aún así, no estaba preparada para lo que divisé a través de la sucia ventanilla del tren.

El lago Baikal es como un océano. Nuestro tren pasaba por la orilla sur del lago, tan cerca del agua que uno podía ver los guijarros de la playa. La vista que se abría ante nuestros ojos era la de una extensión de agua hacia el norte, el este y el oeste. No se podía ver nada más.

Sin embargo, mi primera impresión de Ulán-Udé fue bastante menos grandiosa. Llovía a cántaros, por eso mi amiga Julieta y yo desistimos y tomamos un taxi (bastante caro) a nuestro hostal que resultó estar a diez minutos de donde nos encontrábamos. El hostal Traveller’s House es un pequeño y bonito lugar frente a la plaza principal de Ulán-Udé que —aunque sea discutible— posee como principal atractivo turístico un gigantesco busto de Lenin. Carece de cuerpo, sólo hay una enorme cabeza.

Lo cierto es que en Ulán-Udé uno tiene la sensación de estar en la principal ciudad rusa en Asia. En términos geográficos se encuentra en la misma zona horaria que Perth, en Australia, lo que da cuenta su ubicación hacia el este. Aunque después de cierto tiempo, las ciudades rusas tienden a parecerse unas a otras: cuentan con una cafetería, un restaurante de sushi, una tienda de bodas y una considerable cantidad de pequeños kioscos en los se venden pasteles y cigarrillos. Todos sus habitantes son indefectiblemente blancos y de rasgos eslavos. Ulán-Udé es diferente, si bien posee la ineludible calle Lenin.

La ciudad tiene un aire asiático. Es la capital de la República de Buriatia, que también comprende parte del lago Baikal. La población étnica de esta región está emparentada con los mongoles; algunos practican el budismo y el chamanismo, mientras que otros están más ‘rusificados’. Ulán-Udé es la última ciudad rusa de importancia camino a Mongolia, por lo que en términos étnicos es bastante dispar y recibe grandes influencias de la cultura mongol.

Por ello, fue tan emocionante llegar allí. Lo más impactante fue comprobar que era posible almorzar en una yurta (tienda de campaña de los nómadas de Asia Central) justo detrás del ayuntamiento, donde las novias hacen fila para casarse.

En el restaurante aledaño servían comida económica para estudiantes y trabajadores. Resultó ser grasienta pero comestible.

Además de la gigantesca cabeza de Lenin, el otro atractivo turístico de Ulán-Udé son los monasterios budistas llamados datsans. Tras recorrer un trayecto de 20 minutos por un camino lleno de baches en un taxi colectivo, se encuentra otro datsan más pequeño, Rinpoche-Bagsha, ubicado sobre Ulán-Udé. La vista desde allí es imponente.

La ciudad es maravillosamente tranquila y está rodeada de montañas, un río y un bosque, y lo único que interrumpe su paz es el sonido de la campana del monasterio.

El datsan de la colina está abierto al turista. Dentro hay un nuevo Buda dorado tallado con esmero, y los visitantes pueden sentarse allí y observar lo que sucede o leer (en ruso) acerca del lugar. Incluso si no se tiene ningún conocimiento acerca del budismo, el datsan es un hermoso lugar para visitar.

Lamentablemente, Julieta y yo nunca llegamos al famoso datsan Ivolginski, situado en las afueras de la ciudad y que es uno de los monasterios más grandes e imponentes de la zona. Nos esperaba un viaje mucho menos atractivo a un hospital ruso.

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