Un cerebro en el intestino

Irina Matveikova en su trabajo. Fotografía cedida por Irina Matveikova

Irina Matveikova en su trabajo. Fotografía cedida por Irina Matveikova

«Poseemos un verdadero cerebro dentro de nuestras entrañas y su función neuronal resulta muy parecida a la actividad cerebral de la cabeza». Esta afirmación articula el libro de la endocrinóloga Irina Matveikova, “Inteligencia digestiva”. Y no es una metáfora. En el aparato digestivo tenemos cien millones de neuronas idénticas a las del cerebro: el 90% de la serotonina se segrega en el aparato digestivo, tan importante para el bienestar general. Entenderlo es ganar años de vida.

En uno de los pasajes más hilarantes de «Una saga moscovita», la ambiciosa novela de Vasili Aksiónov, dos coches de la Cheká interceptan el vehículo en el que viaja el profesor Grádov. Enseguida comprende que la cosa es seria: Stalin sufre convulsiones en su dacha cercana a Kúntsevo. ¿Un soplo cardíaco? ¿Un ataque al riñón? ¿Un ictus? No. El secretario general necesita una lavativa de emergencia. Aplicada la cura, Stalin yace «con una sonrisa beatífica impresa en su cara socarrona, que había recuperado su agudeza. Nunca, nunca, nunca en la vida había sentido una liberación tan conmovedora de la carne y el espíritu cansado».

Estamos acostumbrados a no hacer demasiado caso a ese lugar llamado vagamente tripas, que nos envía señales de alerta más a menudo de lo que somos conscientes. Ya lo estudió Iliá Mechnikov, premio Nobel de Medicina en 1908: la fermentación en el intestino es la razón principal del envejecimiento precoz. Y, además, el estreñimiento y la putrefacción proteica están relacionados con la aparición del cáncer y los procesos degenerativos prematuros del sistema. Sobre estos temas conversamos con la doctora Matveikova. Nacida en Rusia, después de vivir en Polonia, Alemania y la República Checa, reside en Madrid desde 2003.

Marta Rebón.- Algunos conceptos que se tratan en el libro, aunque ya conocidos en líneas generales, pueden resultar nuevos para cierto público como, por ejemplo, la «medicina holística».

Dra. Irina Matveikova.- Creo que la gente ya está preparada para conceptos como la medicina holística o integrativa. Muchas personas están polimedicadas, toman fármacos durante muchos años y eso afecta a su calidad de vida. Crece el porcentaje de ancianos que necesitan cuidados. Además nos exponemos a un sinfín de demandas sociales, laborales y económicas. Necesitamos alternativas para combatirlo y seguir adelante. La medicina holística combina métodos modernos de la medicina convencional con las ciencias naturales y los conocimientos milenarios. Trata al ser humano como un biosistema único y complejo y no a la enfermedad en particular. Es la medicina del futuro.

A medida que se han producido avances en el campo de la medicina, parece que hemos delegado el conocimiento de nuestro bienestar en los médicos. ¿Somos unos desconocidos de nuestro propio cuerpo?

El papel del médico es muy importante en nuestra vida. Son personas que nos fascinan y nos asustan desde la infancia. Ponemos nuestra vida en sus manos y la de nuestros hijos. La gente suele obedecer las prescripciones médicas y no discute mucho el porqué. Con el desarrollo de la medicina y los nuevos métodos diagnósticos entiende aún menos. Tampoco es que exista un espacio para argumentar los tratamientos y diagnósticos. Aprender sobre la salud y los cuidados alternativos requiere un tiempo y una guía. Sí somos unos desconocidos para nosotros mismos y estamos abordando un tema cultural y educativo.

¿Cree que intentamos imponer el mismo ritmo que tenemos en nuestra vida cotidiana a los remedios médicos, es decir, que sean cortos y rápidos?

Es verdad, los pacientes nos demandan soluciones rápidas a sus problemas de salud, prefieren algo fácil para poder seguir con su vida ocupada. Por eso la medicina moderna convencional ofrece tantos tratamientos sintomáticos, destinados a borrar las molestias con rapidez, sin buscar la razón profunda del problema. Tratamos las consecuencias con pastillas, que son sólo parches, y no curamos el origen de la enfermedad. La medicina holística obliga a tomar consciencia y a cambiar rutinas de la vida.

Portada del libro "Inteligencia digestiva"


El libro arroja una cifra: un 15% de la población española sufre el síndrome de colon irritado, y es sólo la punta del iceberg. ¿Es nuestro sistema digestivo la primera víctima de nuestros malos hábitos y formas de vida?

El síndrome del colon irritado abarca muchos y variados orígenes: problemas emocionales, traumas infantiles, fragilidad de la salud en la edad joven, abuso de antibióticos, sensibilidad a los alimentos, alergias, estrés, carencias afectivas… Con el sistema digestivo somatizamos problemas psicoemocionales. Aguanta bastante pero al llegar a un umbral nos alarma con un abanico de síntomas intestinales poco agradables.

También nos habla de la influencia de los problemas digestivos en los niños y la repercusión en su formación y rendimiento. ¿Se está desatendiendo la buena alimentación en casa?

No creo que esté desatendida sino que anda un poco confusa. Los niños son bombardeados con mucha publicidad. Piden comida rápida, alimentos y bebidas con una presentación atractiva. Hay que llegar a un compromiso sin llegar a los extremos: ni ser muy permisivos ni imponer un régimen estricto a la manera clásica. Comer sano tiene que ser divertido y la dieta infantil es un concepto flexible. Me preocupa también el tema de las alergias e intolerancias alimentarias crecientes entre los niños de edad preescolar. Es importante que no se desconecten de la naturaleza ni de los rituales familiares. Hay que buscar espacios para salir de la ciudad, pasear, volver al conocimiento de los remedios caseros y de los alimentos naturales y auténticos. Explicar a los niños que los tomates y patatas no crecen en el centro comercial…

¿Escuchar a nuestro sistema digestivo es escuchar a nuestro inconsciente?

Significa recuperar nuestra intuición y percepción, confiar en la certeza de nuestros pensamientos espontáneos y volver a respetar los instintos en lugar de suprimirlos.

En el libro se reproduce un pasaje de la obra póstuma de Vladímir Nabokov donde se describe el síndrome de colon irritado... ¿Es importante crearnos una imagen de lo que sucede en nuestro interior para ser conscientes de su complejidad?

Visualizar lo que sucede en el cuerpo y la mente tiene tremenda importancia en el aprendizaje sobre uno mismo y en la curación. Utilizo frecuentemente las técnicas de visualización guiada con mis pacientes y acudo a las metáforas y comparaciones. Cuando lo ven y lo comprenden marcan mejor los cambios en sus hábitos.

¿Qué pautas básicas debería seguir cualquier persona en lo referente a su dieta?

Respetar las horas de las comidas, especialmente el desayuno, sin posponer ni cancelar. Comer variado, combinando todos los grupos de alimentos sin pasarse con las cantidades. Beber dos litros de líquido al día. Comer disfrutando del proceso, saborear los alimentos, analizar las texturas, masticar bien. No comer mientras se hacen mil cosas a la vez. Comer es un placer y una oportunidad de parar y centrarse en algo básico y agradable, así que no hay que perderlo haciendo otras tareas. No olvidar el tentempié de media mañana y la merienda, pues nos dan mucha más energía y rendimiento, mantienen los parámetros metabólicos estables.

¿Cree que uno de los grandes problemas sobre nuestro conocimiento del sistema digestivo es el tabú social?

No es un tema glamuroso hablar sobre intestinos. En las conversaciones solemos referirnos a un «estómago delicado», pero no se va a los detalles. A la gente le da vergüenza hablar de la hinchazón y el tránsito, es un tema tabú… O bien un tema para hacer bromas.

Fotografía cedida por Irina Matveikova

Describe el intestino como un auténtico ordenador central, una de las partes más complejas de nuestro cuerpo. No obstante, parece que nuestro interés se ha centrado mucho en el estómago…

En mi libro explico que se confunde fácilmente la anatomía del vientre y todo lo que está debajo del diafragma. A todo eso se le llama estómago. Luego resulta muy complicado describir los dolores, molestias, y acuden a la palabra comodín.

Parece que todo nos conduce a convertirnos, por así decirlo, en una sociedad estreñida…

Yo no diría que somos una sociedad de estreñidos. Estamos observando dos extremos o picos epidemiológicos: por un lado, crece el porcentaje de pacientes con síndrome de intestino irritable y, en los mismos niveles, aumenta el estreñimiento. El último está muy vinculado a la vida sedentaria, al sobrepeso, la comida desequilibrada y la falta de adaptación a los cambios. El estreñimiento aumenta el riesgo del cáncer de colon y de las enfermedades degenerativas y eso es preocupante. Falta educación, no todo se puede solucionar con fibra.

En su disciplina, ¿qué importancia tiene el trato al paciente? Explica que hablar de este tipo de interioridades es también un viaje a los problemas más íntimos, a la psique, porque precisamente se presentan problemas digestivos cuando algo no va bien en nuestra mente.

El paciente no está acostumbrado a que le escuchen, le permitan hablar y además le pregunten sobre sus problemas emocionales en una consulta médica y no psicológica. En general, eso les asombra y se “abren” fácilmente y comparten temas íntimos. Tratamos a cada uno con mucho respeto y le dedicamos el tiempo necesario.

Nos habla también de otro tipo de "combate" contra el envejecimiento, que va más allá del cuidado de la piel y de las cirugías invasivas, que es, precisamente, el cuidado de nuestro interior. ¿Por qué está tan poco conocida esa otra vía?

El concepto de la belleza desde el interior no es nuevo. Ahora la gente es más consciente sobre la necesidad de cuidarse desde el interior, pero le falta orientación profesional e información. Es mi opinión personal. En medicina holística decimos que la piel es el espejo del sistema digestivo, cuando este último no puede cumplir su papel de desintoxicación adecuadamente el sistema tegumentario (la piel) empieza a absorber las toxicidades. Eso se manifiesta con problemas y un posible envejecimiento precoz. Los ayunos controlados, purificación corporal, limpiezas digestivas, hepáticas, renales y respiratorias se conocen desde hace siglos en todas las ciencias naturales y filosofías del mundo. Se puede aprender a cómo cuidarse y purificarse desde el interior y, con eso, prevenir muchos problemas. Por cierto, de este tema trata mi nuevo libro, que espero publicar en breve.

También habla de productos tipo Actimel y Danacol, que la gente tiene por antídoto para todo…

La promoción de los alimentos probióticos, aunque tiene su finalidad y propósito comercial, sirve a mucha gente para aprender que existe la microflora intestinal y que “las defensas están en el intestino” y que hay que cuidar la tripa. Es una labor educativa y divulgativa importante, aunque muy básica. La gente cree en la publicidad y se frustra cuando un remedio mágico televisivo no le baja la hinchazón o el colesterol y por eso muchos terminan en nuestra clínica….

Más información en: www.inteligenciadigestiva.com

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