Taxis cósmicos y el nacimiento de la cosmonáutica mexicana

Foto de Itar Tass

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La distribución de los encargos para la producción de satélites en el extranjero y su lanzamiento desde el cosmódromo de una de las potencias líder en la exploración del cosmos, es una práctica extendida. El lanzamiento del Mexsat-1 obedece a la ya acordada colaboración de Rusia con México sobre la elaboración y materialización del programa cósmico de este país – recordemos que en septiembre de 2011 se lanzó a la órbita el satélite de comunicaciones QuetzSat-1.

En 1996 se firmó un acuerdo de colaboración en la esfera de investigación y uso del espacio cósmico con fines pacíficos entre Rusia y México. En marzo de 2009, en el proceso de formación de la Agencia Espacial Mexicana, este país visitó la delegación de Roskosmos, tras lo cual salió a la luz la información acerca de la colaboración entre Rusia y México. Esta podría consistir en proporcionar sistemas de sondeo de la Tierra a distancia, elementos del sistema global de navegación de satélites en base al Sistema Global de Navegación por Satélite, GLONASS, investigaciones espaciales fundamentales y también la preparación de especialistas para la esfera cósmica.


El objetivo estratégico de los próximos 10-15 años para la cosmonáutica mexicana, es la creación de un cosmódromo propio que se planea construir en la península de Yucatán. Esta base debe proporcionar las necesidades básicas de los lanzamientos espaciales de México. De momento, se trata solamente de un proyecto y para el lanzamiento de su primer satélite, los mexicanos han elegido el cohete portador ruso.

El largo camino de ´Protón-M´

Los lanzamientos comerciales con ayuda del cohete portador Protón-M en el mercado mundial los tramita la compañía International Launch Services (ILS), en otro tiempo, fundada conjuntamente con la compañía Lockheed, con el Centro Espacial Mijaíl Jrúnichov y con RKK Energuiya. Desde mayo de 2008 el control de las acciones de ILS pertenece al Centro Espacial ruso Jrúnichev que estudia y fabrica el cohete portador Protón-M y la unidad de aceleración Briz-M. Tras 16 años de trabajo por encargo de ILS se lanzaron 70 de estos cohetes (casi el 20% del número general de lanzamientos de Protón-M en su carrera de 45 años), con un alto porcentaje de fiabilidad. A día de hoy, el coste del lanzamiento de Protón-M asciende a 110 millones de dólares, es decir, 70-80 millones más barato que el contrincante más cercano, el principal cohete europeo pesado Arian 5. Es evidente que la conjunción de estos factores llegó a ser determinante para la Agencia Espacial Mexicana a la hora de tomar una decisión.


Sin embargo, hay que destacar, que el increíble bajo coste de lanzamiento del Protón-M no se debe solo a sus características únicas, sino a que Roskosmos sigue explotando el cohete creado en la URSS y la infraestructura, sin gastar en investigación y desarrollo ni en su materialización práctica. Estas inversiones ya hace tiempo que se hicieron con el Protón-M.


El principal defecto del Protón-M es su combustible supertóxico. Un accidente con las peores consecuencias podría convertirse en la peor pesadilla de Roskosmos. Por eso, el departamento espacial ruso sigue sin interrumpir los intentos de crear un nuevo portador de cohetes pesados.

Perspectivas comunes y destino del ´cochero´

Aunque aún estamos lejos de la creación de un nuevo portador de cohetes pesados, y según parece, al Protón-M le esperan aún diez lanzamientos, incluidos los satélites mexicanos. Señalemos que entre los intereses del país norteamericano está el lanzar diez satélites hasta el final de la década, en general, con fines de comunicación y meteorología. Entre ellos, cerca de la mitad probablemente lo harán con los portadores rusos.


La entrega de satélites extranjeros en órbita representa uno de los principales medios de ingresos para la cosmonáutica rusa. Sin embargo, la retirada de satélites extranjeros en órbita, diseñados y construidos en otros países, es un trabajo de taxi esencialmente más complicado.


Aunque la demanda de tales servicios no es erige como prueba del alto nivel de desarrollo de la cosmonáutica rusa.


El criterio para medir el desarrollo de esta esfera podría ser el número de encargos en la elaboración de aparatos cósmicos para los países extranjeros. Por desgracia, la presencia de Rusia en este mercado es bastante limitada. Si se mantiene la actual tendencia y entre los satélites lanzados —incluidos los del interés de la Agencia Espacial Mexicana— no aparece un aparato de elaboración ruso, entonces, la cosmonáutica nacional recibirá el apelativo de ´taxista cósmico´.

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