La patria de los talentos perdidos

La ciencia rusa se encuentra en una posición muy debilitada y no parece que los problemas vayan a poder resolverse en un futuro próximo.
          Dibujo de Dmitri Divin

¿Es Rusia una tierra llena de talentos? Esa misma pregunta se la hacían a menudo los colegas occidentales, al notar que hay numerosos investigadores de talento e ingenieros trabajando en compañías occidentales. 

Entre ellos hay muchos nombres conocidos: el cofundador de Google, Serguéi Brin, o el fundador de PayPal, Max Levchin. Pero no se les puede considerar emigrantes conscientes: como muchas otras “personalidades del mundo de la informática” que se fueron de Rusia o de los países de la antigua Unión Soviética muy jóvenes y la decisión de su emigración la tomaron sus padres.

En cambio, muchos de estos especialistas en ordenadores se trasladaron a EE UU y se instalaron allí de una manera permanente, conscientemente y a una edad madura. Su número asciende a unos cientos de miles. Entre ellos hay dos legendarios programadores de finales de los años 80: Arkadi Borkovskii, director de Yandex R&D Center en Califormia y Evgueni Veselov, principal científico de Microsoft. Y por ejemplo, la firma Parascript, líder en la elaboración de programas para el reconocimiento de recibos escritos a mano y de correo, así como en los programas para la detección precoz del cáncer, donde encontramos una larga lista de ingenieros rusos. 

Nunca me he encontrado con una estadística que recoja y compare el número de talentos de diferentes países, aunque no creo que Rusia sea excepcional en este aspecto. Sin embargo, no es esta la sensación que muchos tuvieron en el siglo XX. En respuesta a las indagaciones de mis colegas extranjeros, normalmente propondría la siguiente explicación. 

En poder de la ideología

Rusia estuvo durante casi todo el siglo XX bajo el poder de una dictadura ideológica. Cualquier persona inteligente entendía que si quería minimizar la influencia de la ideología en su vida,  tenía que evitar determinadas ramas del saber como la historia, la filosofía, el derecho, la literatura, la política, etc., y entregarse a  las ¨ciencias puras”, como las matemáticas, la astronomía, la física o la química.

Pero incluso en algunas esferas de las ciencias exactas la ideología se hacía notar, así fue en la biología, la genética o la cibernética. En este sentido, durante el periodo de las represiones de Stalin se condenó a muerte a uno de los biólogos genetistas más sobresalientes del siglo XX, el académico, Nikolái Vavílov. La ciencia genética soviética se destruyó por completo y una gran parte de los científicos de esta disciplina murió en los campos de concentración. En el habla cotidiana apareció el término: ´falsa ciencia burguesa´,  en la que se incluyeron la cibernética y la genética. En los años 30 hubo incluso un intento de declarar como ´falsa ciencia burguesa´ a la teoría de la probabilidad, pero la salvó el hallazgo del gran matemático y fundador de la teoría plural de la probabilidad, Andréi Kolmogórov. 

De esa manera, una gran parte de las personas con educación entendió el peligro que suponía dedicarse a las humanidades y redujo las ciencias exactas a un espacio muy pequeño, con lo que se creó la ilusión de los "excepcionales y llenos de talento científicos e ingenieros rusos”. 

Tras la anulación del “comunismo científico” en 1990, cuando cayó la ideología, los jóvenes con talento se lanzaron a los negocios, a los bancos, a la jurisprudencia y a la Bolsa. Hoy en día, la ciencia en Rusia está muy debilitada, lo que permite que el poder político desplace a la educación y a la ciencia hacia lugares marginales en el presupuesto y, lo que es más importante, de la atención de la sociedad. En la Rusia actual es más prestigioso ser banquero o agente de bolsa, abogado, restaurador, presentador de televisión e incluso inspector de Hacienda o de aduanas, que científico.

Y no hay ninguna señal de que los problemas de la ciencia rusa se vayan a enmendar en un futuro próximo.

Ante este escenario, muchas personas de talento abandonan Rusia. Entienden que las oportunidades de desarrollarse, de conseguir éxito en su país están muy limitadas en todas las esferas. El petróleo y el gas anulan a la ciencia, a la educación y a toda la economía alternativa. Más concretamente, los que anulan a la ciencia rusa son aquellos que construyeron toda la economía alrededor del petróleo y el gas.

Para conseguir éxito tienen que pactar con su conciencia e infringir principios morales prácticamente a cada paso. A las personas con talento les molesta la pobreza política en la que está inmerso el país, y en particular, están molestos con el poder ruso, ya que el actual sistema “vertical” de Rusia, en en esencia feudal. Cuanto más alto en el poder se encuentre una persona, más posibilidades tendrá conseguir poder y dinero.

Todos los millonarios legales rusos (nos referimos a lista de Forbes) y los superricos en la sombra son personas que de una u otra manera están relacionadas con el poder. En la actual “vertical” de la vida rusa, cualquiera que esté por encima de ti, es tu señor feudal; todo el que esté por debajo, un vasallo. Como señaló Chulpán Jamátova, gran actriz y persona, creadora del  fondo oncológico infantil “Regala vida”: “En este país 'no se puede' vivir como ´se debe´”.

En lo que respecta al futuro de la ingeniería informática en Rusia, este futuro queda bajo grandes interrogantes, ya que el poder actual solo necesita a aquellas personas que sepan sacar petróleo, y servir a aquellos que sacan petróleo. Y mientras tanto, piensan conseguir todo lo demás con dinero, incluidos los nuevos talentos.

Stepán Páchikov, nacido en 1950, candidato a doctor en Ciencias Físico-Matemáticas, antiguo colaborador científico de la Academia de Ciencias de la URSS, fundador del primer club moscovita de ordenadores (junto con Gari Kaspárov), y también de la firma Paragraf (1989) y de la firma Evernote. Actualmente vive en Nueva York.

La opinión de Rusia Hoy no tiene coincide obligatoriamente con la del autor.

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