Revolución postindustrial

Dibujo de Niyaz Karim

Dibujo de Niyaz Karim

En los últimos seis meses, el gobierno ruso se ha concentrado en ganar las elecciones. Ahora, para justificar ese recién conseguido objetivo, tienen que centrar su atención en conseguir un crecimiento económico sostenible y a lo largo plazo y en entregárselo a su pueblo.

Los niveles de fuga de capitales registrados recientemente sugieren que los inversores no están totalmente convencidos de la actual estrategia económica del gobierno, centrada en la expansión y la diversificación de la base industrial. No obstante, como Rusia probablemente nunca  podrá competir con China en costes laborales, es hora de acelerar una transición que lleve al país hacia una economía postindustrial, en la que el conocimiento y el sector servicios jueguen un papel más importante.

 

Rusia es un país de ingresos medios con un sector público de gran tamaño en el que ni los ni los costes laborales ni los impuestos son bajos. En China estos costes están aumentando, pero siguen siendo tres veces más bajos que en Rusia, lo que les da una enorme ventaja  en el mercado global de productos manufacturados.

 

 

 

El gobierno ha tratado de recortar la ventaja que le separa de China subvencionando  industrias y eliminando algunas altas barreras arancelarias. Mientras estas medidas pueden ser políticamente populares, simplemente están retrasando las reformas necesarias de la productividad y la gestión, que podrían ayudar a hacer que la industria rusa fuese más competitiva. Además, mantienen al capital y al trabajo atados a empresas deficitarias, cuando se podrían aprovechar mejor creando industrias rentables del futuro.

 

Si el gobierno quiere basar la futura economía de Rusia en la manufactura, tendrá que supervisar un enorme aumento de la productividad en muy poco tiempo. La actual política de subvenciones y proteccionismo comercial influye negativamente en este objetivo.

 

En los últimos años el gobierno ruso ha intentado superar sus problemas estructurales a través de herramientas fiscales y monetarias que estimularan la demanda interna, al igual que muchos países desarrollados. Sin embargo, estas medidas solamente hicieron que subiera la inflación y aumentara la dependencia de los productos importados. No se ha abordado el problema fundamental; el coste laboral de la producción de bienes de baja calidad es demasiado caro en Rusia, y todavía no ha sido posible competir en productos de manufactura de gama alta.

 

Algunas personas solicitan una mayor industrialización para que se pueda competir con China, como lo hizo durante la época soviética. En teoría esto es posible  si se hacen unas serias reformas macroeconómicas e institucionales, incluyendo los niveles de intervención del gobierno en la economía.

 

Sin embargo, los datos de las fugas de capital actuales demuestran que los inversores rusos están nerviosos acerca de las perspectivas de este tipo. Por lo tanto, no se puede confiar que ellos financiarán una reindustrialización de la economía.

 

No obstante, esto no es un consejo desesperado. El verdadero asunto no está en la manufactura de bajo valor en gran volumen, este mercado ha sido bastante monopolizado por países como China, sino en la economía postindustrial basada en el conocimiento y en el sector servicios. Aquí es donde está la verdadera prosperidad, y este es el camino que el gobierno debería seguir.

 

Para conseguirlo el gobierno tiene que asegurarse de que todos los sectores tengan las mismas oportunidades de prosperar. Esto quiere decir que se deberían aplicar políticas, como por ejemplo, de gravamen de los recursos naturales, de reducción de subvenciones y de protección comercial de los sectores más débiles, así como también de reducción de barreras reguladores y fiscales para comenzar nuevos negocios. Otras reformas fundamentales incluyen la aceleración del proceso de privatización y la liberación general de economía.

 

El gobierno tiene que asegurarse también de que los inversores puedan utilizar su capital con seguridad, sin miedo de futuras confiscaciones arbitrarias por parte del mismo o de  nuevas medidas reglamentarias. Esto significa que los derechos de propiedad privada deben ser tomados en serio y garantizados por el poder judicial, sin la intervención del poder ejecutivo. El sistema judicial tiene que ser imparcial y transparente, y debe estar separado del gobierno para que las decisiones sean apolíticas y coherentes. Esto podría contribuir mucho a eliminar la corrupción, que ha estado reteniendo la economía.

 

Otras áreas de reforma prioritaria deberían estar enfocadas en asegurar la competitividad y la transparencia de las inversiones y los gastos del gobierno, así como también en garantizar que la política monetaria y fiscal sea más consistente.

 

Además, los trabajadores tienen que actualizar sus habilidades para poder competir en la economía del siglo XXI. Tiene que haber más movilidad laboral, que la gente pueda desplazarse desde zonas en las que hay desempleo a otras donde hay nuevas oportunidades.

 

Si se aplica una combinación correcta de políticas, no hay ninguna razón por la que los empresarios y los inversores rusos no puedan llevar a cabo una modernización de la economía de abajo arriba, con la ayuda estratégica y las inversiones del gobierno allí donde sean necesarias.

 

El gobierno ha tenido un buen comienzo creando un nuevo “Silicon Valley” a las afueras de Moscú e invirtiendo unas cantidades considerables en la infraestructura del sistema de transporte moderno y las comunicaciones. En 2012 debería desarrollar estas iniciativas con el fin de seguir el camino hacia la modernización.

 

Alexéi Moiséyev, jefe de Análisis de Macroeconomía de VTB Capital

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