Los bolcheviques colombianos

Foto de Getty Images / Fotobank

Foto de Getty Images / Fotobank

La imagen de Rusia en Colombia ha estado, inevitablemente, influida por la URSS.

Los lazos históricos entre dos países tan lejanos como Rusia y Colombia han sido más estrechos de lo que puede parecer a simple vista. Un ejemplo de esto es la Revolución Bolchevique de El Líbano, un pequeño pueblo en las montañas de la cordillera central en el departamento del Tolima, Colombia. Este municipio fue uno de los primeros en la producción de café, impulsado en parte por los numerosos inversores europeos que hacia los años 20 del siglo pasado estaban instalados en la zona. Pero también, debido a su aislamiento geográfico, pudo desarrollar una industria de producción de bienes de uso: El Líbano tenía fábricas de jabones, velas, embotelladoras de gaseosas y tostadoras de café y cacao que cubrían la demanda local. Esa pujante economía dio a luz a una clase trabajadora que, alimentada por la tradición liberal de la zona, pronto empezó a preocuparse por las desigualdades sociales del aumento de capital en pocas manos y creó una atmósfera ideal para recibir las ideas del Partido Socialista Revolucionario, fundado en 1926.

La Insurrección Bolchevique de El Líbano comenzó el 27 de julio de 1929 y terminó al día siguiente. En ella participaron más de 300 hombres armados con fusiles, escopetas y machetes dirigidos por el zapatero Pedro Narváez. La revolución debería haber estallado en todo el país, pero a última hora el PRS había dado la orden de abortar el alzamiento. Sólo la gente de El Líbano no recibió la noticia debido a problemas con el telégrafo y llevó a cabo el ataque. Baste decir que en un día los bolcheviques fueron controlados brutalmente y los oficiales militares a cargo de la operación debidamente condecorados y glorificados por su desempeño. Sin embargo, los bolcheviques de El Líbano quedaron en el imaginario revolucionario del país. Con la aparición de cada nuevo sindicato y movimiento guerrillero se vuelve a recordar su importancia para la historia colombiana.

Pero, ¿cómo pudieron haber llegado tan pronto noticias de la Revolución Rusa a un país tan lejano, tan montañoso y con tan precarias vías de comunicación? Y, ¿por qué se llamaron bolcheviques? A principios del siglo XX desembarcaban en nuestras costas europeos, que por diferentes razones (en Argentina eran europeos de clase baja que venían para trabajar como obreros o en la naciente industria de frigoríficos, en Colombia eran de clase media que organizaban su propia empresa) encontraban en nuestros países oportunidades para construir una vida nueva. Con ellos desembarcaban también las ideas anarquistas y socialistas que encontraron distinta suerte en cada país. El socialismo fue asociado a las ideas del cristianismo para que encontrara cabida en la mentalidad fuertemente católica del pueblo colombiano. Pero fue aceptado también porque una parte de la población, la liberal, que en ese entonces representaba “la izquierda”, se identificó con él, mientras que los conservadores encontraron eco en el fascismo. Anticlericales y revolucionarios, los “rojos” eran asociados con lo diabólico por la parte conservadora que durante mucho tiempo había ostentado el poder en el país.

Después de la pérdida de Panamá en 1903 el pueblo colombiano estaba resentido contra Estados Unidos y el gobierno colombiano que lo entregó. La sensación de derrota e impotencia frente a la fuerza de la colosal nación del norte encontró en el triunfo de la Revolución Bolchevique en la remota y fría Rusia una esperanza para construir una sociedad más justa. Con base en las redes de información que se habían formado entre los trabajadores gracias a las sociedades espiritistas (de orientación humanista y fuertemente anticlerical) que valoraban el conocimiento como única arma de liberación social y espiritual, fue posible el ingreso de libros, revistas e incluso el cinematógrafo, todos subidos a lomo de mula hasta los casi 2000 metros de altura del pueblo. Aunque no hubo migraciones de rusos a esta zona y en general al territorio colombiano, la curiosidad y el deseo de conocimiento de estos grupos permitieron la entrada de las ideas y, lo que es aún más importante, de la experiencia histórica del pueblo ruso. Pero esa influencia estaría sólo por comenzar...

Después de los años 30 los diferentes grupos de orientación comunista empezaron a tener presencia en los sindicatos y a difundir manifiestos con los planteamientos de la Internacional Comunista. Fue entonces cuando las ideas de izquierda empezaron a apartarse poco a poco del cristianismo y tomaron fuerza política en los diversos movimientos guerrilleros y revolucionarios surgidos durante la segunda mitad del siglo XX.

La cultura rusa durante todo el siglo estuvo indudablemente relacionada con el comunismo. Incluso autores presoviéticos como Dostoyevski y Tolstói siempre fueron relacionados con el comunismo, probablemente porque en sus obras describían la vida y sufrimiento del pueblo ruso, que podían ser comparables, identificables con el propio, o tal vez porque fue la izquierda (en general hispanoamericana) la que se interesó por traducir y difundir la literatura de este país. Así que durante la guerra fría (que en nuestros países no tuvo nada de fría), incluso el tener en casa libros de autores con apellidos eslavos era señal de la presencia de ideas poco ortodoxas y hasta subversivas. No fueron pocos los casos en que durante allanamientos a casas de sospechosos de subversión el ejército decomisara libros de autores rusos como prueba de este delito. “Soviético”, “ruso” o “dialéctica” se convirtieron en palabras peligrosas, por culpa de las cuales podría irse a prisión o desaparecer. Conozco incluso algunos casos extremos, como el de una requisa en que se llevaron la “Revolución Ortográfica”, o el de un conocido que en el aeropuerto le decomisaron “Rojo y Negro” de Stendhal... 

Así, en la sociedad colombiana se tejieron diferentes mitos acerca de la cultura soviética que pronto fue identificada totalmente con la rusa. Se enseñaba en las escuelas que los comunistas en la URSS devoraban niños, pues, al carecer de dios no tenían ningún respeto por la vida humana, o que se los quitaban a sus madres al nacer pues era el estado el que tenía el control absoluto sobre la sociedad. Se contaba también que reunían a la gente en las plazas y les decían, para demostrar la no existencia de dios y que su lugar lo debía ocupar el estado: “Pídanle comida a dios”, y al no recibir respuesta entonces les hacían pedir comida al gobierno, que inmediatamente les ofrecía un banquete.

Después de la caída de la Unión Soviética empezó un cambio progresivo con respecto a la imagen de Rusia entre los colombianos. Los nuevos bolcheviques nos llegaron en marcas de pantalones, con dibujos de la hoz y el martillo en los bolsillos traseros, y los “rusos” quedaron en la jerga local para llamar a los obreros de la construcción.

Pero de eso ya ha pasado mucho tiempo, y las relaciones colombo-rusas en el tejido sociocultural de hecho están aún por construirse, como un manuscrito en blanco listo para que en él se escriba la historia.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.