La Bolsa y los electores

La Bolsa de Moscú. Foto de Itar Tass.

La Bolsa de Moscú. Foto de Itar Tass.

Un grupo de expertos analiza en Milán el atractivo que supone Rusia para los inversores extranjeros, así como algunos aspectos clave por resolver.

Con un PIB en aumento, la entrada en la OMC y, finalmente, la elección de Putin bajo la bandera de la continuidad, Rusia se reafirma como un país de gran atractivo para los inversores extranjeros. Sin embargo, todavía hay algunos aspectos clave, como la corrupción o la necesidad de reformas, que ponen trabas al clima de los negocios en Rusia.

Este ha sido el tema central de la mesa redonda “Inversiones transfronterizas y estrategia corporativa en la Rusia post electoral”, que dio comienzo el pasado 9 de marzo. El evento fue organizado por el Russian Business Club en colaboración con Strategia e Svilupo Consultants, Fidentis Equites Sv y Arbat Capital.

“La victoria de Putin podría representar un motor que atrajese la inversión extranjera, ya que los capitales necesitan estabilidad y hasta ahora el Presidente la ha garantizado”, ha subrayado Yulia  Bushueva, directora ejecutiva de Arbat Capital. “Por tanto, es razonable esperar que en los próximos meses lleguen flujos de capital, de parte de inversores tanto internacionales como locales, que en los últimos tiempos habían dejado el país a la espera de ver el resultado de los acontecimientos”.

Tampoco hay que infravalorar el atractivo que le ha proporcionado a Rusia el ingreso en la OMC, para el que solo falta la ratificación, en junio de 2012, por parte de la Duma. Sin embargo, el alto nivel de corrupción todavía desanima a los inversores. “En general, ha explicado Oleg Shveg, del bufete de abogados Clyde&Co, a un PIB elevado corresponde a un menor grado de malas prácticas. Rusia ha recorrido el camino opuesto: con el crecimiento de la riqueza ha aumentado también la corrupción, desalentando así a los inversores extranjeros interesados en hacer negocio en el país”.

Durante la campaña electoral, Putin ha prometido acelerar las privatizaciones, reducir la intervención gubernamental en la economía y garantizarle a Rusia un puesto entre las 20 primeras naciones del mundo en términos de inversión, cosa que hoy impiden la falta de transparencia y una relación demasiado estrecha entre el poder político y judicial.

Queda por ver si las promesas serán cumplidas o si el Presidente optará por mantener el status quo. A favor del cumplimiento de estas promesas juega el hecho de que el Gobierno es consciente, por una parte, de que una modernización podría llevar a una mayor competitividad en el mercado. Pero, por otra parte, también es obvio el proceso de cambio en el seno de la sociedad rusa que, con el crecimiento de la clase media, ha tomado conciencia de su papel y que reivindica reformas, acompañadas de lucha contra la corrupción.

“A pesar de la victoria, la popularidad de Putin parece no estar en su mejor momento, sobre todo en Moscú, donde la mayoría de la gente utiliza internet como principal medio de información. Esto podría condicionar sus futuras decisiones, llevándolo a optar por el cambio en vez de por la conservación del status quo”, ha concluido Bushueva.

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