Maximiliano el Terrible

Foto del Servicio de Prensa

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“Iván era para mí una asignatura pendiente”, afirma a Rusia Hoy Maximiliano Guerra, bailarín, coreógrafo y dramaturgo, una de las máximas estrellas del ballet argentino y mundial, que acaba de estrenar su puesta en escena de “Iván el Terrible”, algo con lo que venía soñando desde sus actuaciones en Rusia.

Esta puesta en escena es todo un símbolo, sobre todo porque quien primero lo bailó fue Vladímir Vasíliev en 1975, con puesta de Yuri Grigoróvich. Dos gigantes del ballet moderno. ¿Cómo fue que te decidiste a presentarlo? ¿Tuvo algo que ver aquella primera puesta en escena?

“Iván” era para mí una asignatura pendiente. La música de aquel “Iván” del Bolshói no me convencía. Encontré en Paganini el sonido que necesitaba y lo completé con un Réquiem compuesto por Daniel García, que se convirtió en el motivo central de la obra. Iván fue un personaje que, históricamente, se recuerda como despreciable. Pero fue él quien unió  Rusia. Sus logros como gobernante casi democrático y el amor por su pueblo lo llevaron a hacer grandes cosas que nadie se había atrevido ni siquiera a pensar.

¿Lo presentarías en Rusia?

Por supuesto, sería un gran honor y un placer poder llevarles mi versión de la historia de este gran personaje. Yo rescato su heroísmo, su pasión y el amor infinito por su amada, y también su decadencia y la enfermedad que lo lleva a la locura.

Biografía

Maximiliano Guerra nació el 5 de mayo de 1967 en Buenos Aires. Cursó sus primeros estudios de danza con el maestro Wasil Tupin y luego en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Fue bailarín profesional en el Teatro Argentino de La Plata y en la Fundación Teresa Carreño de Venezuela, siendo miembro del Ballet Estable del Teatro Colón desde 1985. En 1988 integró "Los Ángeles Ballet  Company", entre 1988 y 1992 formó parte del London Festival Ballet, la Deustche Oper de Berlín y desde 1992 es "Guest Permanent Principal" del Teatro Alla Scalla de Milán. Fue también primera figura en el English National Ballet, en el Mariínski y en el Bolshói de Rusia, entre otros grandes escenarios mundiales.

A fines de 1999 creó el Ballet del Mercosur, del que es director artístico, coreógrafo y primer bailarín. A partir de allí y acompañado por su esposa y otros grandes y jóvenes bailarines, realiza incesantes giras por todo el país y por el mundo.

Recibió la Medalla de Oro y el Grand Prix en el Festival Internacional de Ballet de Trujillo (Perú).

A los diez años comenzaste a vivir el ballet de la mano de un gran maestro como el bailarín búlgaro Wasil Turpin. Pero para vos, Rusia no es un destino artístico más. Tu paso por ella tiene una connotación especial.

Siempre fue para mí un placer bailar en Rusia, en todos los teatros que tuve oportunidad de actuar, ya sea en el Bolshói, el Mariínski, el Stanislavski, o en los de las regiones, como la Ópera de Novossibirsk.

¿En qué momento te vinculaste con el ballet ruso?

Mi relación con Rusia comenzó en el año 1988, cuando todavía existía la Unión Soviética y yo tenía 21 años. En ese año concreté una gira por distintas ciudades como Tashkent, Odessa y otras. Terminé las actuaciones en Novosibirsk. Allí conocí a Piotr Vladímirov. Él me propuso bailar “Espartaco”.

¿Fue entonces cuando bailaste “Espartaco” en España con Maia Plitsétskaya y Vladímir Riabov?

Con esa compañía y bailando “Espartaco” en la gira por España en 1992, me convertí en el primer bailarín occidental que bailara esa producción, junto a Valentina Kozlova y Vladímir Riabov.

Como dijiste, conquistaste todos los escenarios de Rusia en los que bailaste. Quizá el más emblemático sea el Bolshói. Hace muy poco terminó su espectacular reconstrucción. ¿Tenés posibilidades de volver a bailar en la nueva escena?

¡Ojalá! Me encantaría volver a recibir sus cariñosos aplausos y sus interminables ovaciones.

Hace poco también finalizó la reconstrucción del Teatro Colón, otro símbolo de la cultura universal. ¿Te imaginás montar allí “Iván el Terrible”?

No por ahora, creo que el Teatro Colón está dirigido políticamente y no artísticamente. Es una pena pero hay que esperar.

Además de bailarín, Guerra es empresario, docente y director escénico. Ha puesto todo su esfuerzo y toda su magia en el desarrollo de su propio proyecto, el ballet del MERCOSUR, con el que desde 1999 está imponiendo su propio estilo.

Es bien conocida la fama ganada por el tango en Rusia. ¿Qué clase de espectáculo de tango montarías en Moscú?

Cualquiera de los que presento con mi compañía, el ballet del MERCOSUR. Todos son de gran calidad coreográfica y cuentan con toda la pasión de nuestra música más identificable.

El ballet del MERCOSUR ya cumplió doce años. Dado su nivel, ¿podría actuar en Rusia?

Sí, absolutamente. Es una compañía con grandes profesionales de la danza que tienen como identidad la versatilidad del género.

Has creado tu propia escuela de baile con “Fábrica de Arte”. En ella hay grandes maestros que se han formado incluso con docentes rusos como Alexánder Plisetski. ¿Es posible una asociación o una cooperación entre “Fábrica de arte” y alguna escuela rusa de ballet?

Sí, ¡sería una posibilidad de intercambio excepcional! Nuestra escuela en la Argentina, como lo acabás de señalar, tiene como base primordial a la escuela rusa.

¿Cuáles son tus planes inmediatos en el terreno internacional?

En Suramérica haremos giras con “Iván el Terrible”. También estaremos en Europa, el 23 de septiembre en la ciudad alemana de Stuttgart se reestrena mi versión de “Don Quijote, el soñador de La Mancha”. Pero además, como es costumbre en nuestro Ballet del MERCOSUR, haremos una gira nacional por todo el territorio argentino, durante la cual también presentaremos “Iván el Terrible”.

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