Streltsov: un Pelé ruso en el gulag

Nikolái Streltsov. Foto de PhotoXpress

Nikolái Streltsov. Foto de PhotoXpress

Uno de los primeros rebeldes del deporte: de la selección de la URSS a los trabajos forzados en Siberia.

Un taconazo: elogio de la genialidad futbolística para sobrevivir siete años en un gulag siberiano. El gol de tacón que firmó Semak, el centrocampista del Zénit de San Petersburgo, en el 3-2 contra el Porto en la ida de los octavos de final de la Champions League, se conoce aún en Rusia como “gol a la Streltsov”. El sello futbolístico de uno de los más grandes jugadores rusos de la historia, junto con Lev Yasin y Nikolái Starostin.

Un talento en ataque, ahogado por la hostilidad del Kremlin y una vida disoluta entre rubias, ríos de vodka y festines. Un bohemio en los años posteriores a la muerte de Stalin y al deshielo. Era un George Best adelantado a su tiempo, y no la etiqueta ideal de la ortodoxia proletaria. Streltsov es una joven estrella del Torpedo Moscú ya a los 17 años. Dos años después, se lleva a la URSS la medalla de oro de las Olimpiadas de Melbourne del 1956, aunque no jugó la final contra Yugoslavia.

Su sueño de desafiar a aquella estrella que despuntaba, Pelé, en los Mundiales de Suecia de 1958, tropieza con las antipatías del régimen soviético, que no toleraba la afrenta de su rechazo al Dinamo de Moscú, el equipo del KGB, y al CSKA, el club del Ejército. Esta rebelión lo envió a las prisiones de Siberia, cómplice de la presunta violación de una chica durante una fiesta en el Kremlin.

Anteriormente, el joven Eduard se había negado a casarse con la hija de Ekaterina Fursteva, una importante dirigente de la Nomenklatura y la única mujer del Politburó. Ni siquiera su popularidad logró evitarle el gulag. Durante los interrogatorios, la policía rusa le instaba a que firmase una declaración de culpabilidad. De este modo, se le reintegraría a la selección de la URSS para los Mundiales. Era una trampa.

Doce años de condena. Consigue descontar siete, entre los trabajos forzados y el balón. Se garantizaba la supervivencia divirtiendo con su magia a los rígidos funcionarios del Partido. En el Mundial sueco del 58, la URSS fue eliminada rápidamente, vencida por los anfitriones que habían sido humillados dos años atrás en un 6-0 con hat trick de Streltsov. Después de la pesadilla vivida en el gulag, Streltsov volvía a jugar en el Torpedo Moscú. Pero su talento estaba ya envenenado por las imágenes de dolor grabadas a hielo siberiano en la memoria.

En el 1965 ganó la Liga rusa; un año después, jugaba en la Champions contra el Inter. Marcó 24 tantos en 38 partidos con la Unión Soviética. El trabajo en las minas lo persiguió hasta la muerte, de un cáncer de garganta quizá causado por aquellas penalidades, en 1990, a los 53 años. Su viejo equipo le dedicó su estadio, que aún hoy lleva su nombre.

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