Sochi vibra con las Olimpiadas

Foto de Mijaíl Mordasov

Foto de Mijaíl Mordasov

Miles de trabajadores de toda Rusia llegan a las obras de las Olimpiadas en Sochi. Junto a las obras, uno también encuentra la felicidad personal en el Mar Negro.

Aliya Bulávskaya nunca pisaría sin casco las obras de un estadio de hockey sobre hielo en la ciudad olímpica de Sochi. Aquello contradice todo lo que esta joven ingeniera y especialista en seguridad en el trabajo aprendió en la universidad. Sólo una excepción se lo permitió, el día en el que Aliya vestía un traje blanco con centelleantes y llamativas perlas oscuras. Era el día de su boda. Junto a ella permanecía Serguéi, capataz de obra y desde hace pocas horas su marido, que sí conservaba un casco sobre su cabeza.


“Olimpiadas a cien por hora”


Dentro de dos años comienzan los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, en la costa del Mar Negro. “Olimpiadas a cien por hora” en las que desde los canales de aguas residuales hasta los trampolines de saltos de ski deben ser construidos correctamente.

Para ello, miles de obreros de la construcción de toda Rusia se han trasladado al sur. Sólo en el estadio de hockey sobre hielo, el segundo mayor después del Arena de Sochi, trabajaban durante largas jornadas 800 personas, entre ellas Aliya y Serguéi. Ellos no son la única pareja que se ha encontrado en las obras de las Olimpiadas, pero sí fueron los primeros que se casaron. El día de su boda, en octubre de 2011, volvieron al lugar donde se habían conocido. Del registro civil se fueron directamente al estadio. Los brindis se hicieron con limonada y, en lugar de una alfombra roja, había plástico bajo sus pies. Romanticismo de obra.

Cuando Aliya Bulávskaya vino hace dos años y medio de la fría Kogalim, situada en Siberia, al elegante balneario de Sochi, en lugar de un estadio había tan sólo una zanja. Entretanto, el Arena se levantaba junto al mar como si fuera una seta donde pronto se cerrarán los últimos huecos en el techo.


El estadio se desarrolla tan rápidamente como Sochi. Tanto que algún que otro habitante debe sentirse como si alguien hubiera encendido un acelerador temporal.

Veteranos taxistas pierden la orientación en el caos de nuevos caminos de gravilla y confusos números de casas. Además de las largas colas que dibujan los camiones.

Sobre la vía, que conecta durante más de 100 km los barrios de Sochi a lo largo de la costa, existen permanentemente estruendosos atascos. Aliya, recién licenciada, estaba al principio intimidada. Entonces le vino a la memoria el lema de su padre: “los ojos tienen miedo, las manos trabajan”. Ella dijo: “quiero ser parte de las Olimpiadas”.


Rusia ha puesto grandes esperanzas en los Juegos de Invierno. En la región de Krasnodar, a la que pertenece Sochi, y en toda Rusia, debería tener lugar un empujón hacia la modernización.

A principios de año, el Presidente Dmitri Medvédev  pasó por la zona y elogió la moderna infraestructura, la cual mejorará la calidad de vida de toda la región de manera duradera. Contradijo así a aquellos críticos que pronostican que los nuevos hoteles estarán vacíos tras las Olimpiadas y los estadios deportivos permanecerán inutilizados. De los gastos, no habló.


Los gastos se disparan


Crecen tan rápido, que periódico económico “Védomosti” tiene dificultades para seguirlos. Tan sólo el consorcio estatal Gazprom ha contado al principio con mil millones de euros para sus principales inversiones, mientras la totalidad de dichas inversiones alcanza los 2.500 millones de euros, según el citado periódico.

Los gastos  para la seguridad de los Juegos alcanzan los 1.500 millones de euros, es decir, el doble que en Vancouver 2010. A su vez, según Védomosti, Krasnodar es la segunda región de Rusia con más corrupción. Y en los últimos años a descendido  en torno a un 35% el número de  turistas que visitaron Sochi, desalentados por las inmensas obras.

No obstante, el producto nacional bruto aumenta: el año pasado un 5,4%, y en la vecina Rostov incluso un 6,3%. Estas regiones ocupan en la totalidad las posiciones de cabeza en el desarrollo de Rusia. Pero también desgraciadamente en corrupción.

Para Aliya y Serguéi Bulavski, las obras han sido lo mejor que les podría haber pasado. Aliya de 27 años, es delicada, apenas le llega a los hombros a muchos compañeros de trabajo. Por ello, ella tuvo que ganarse desde el principio el respeto de algunos de sus trabajadores. No fue así con Serguéi. Él escuchó desde el principio sus instrucciones, llevaba su casco desde temprano hasta tarde y enviaba fumar  a su cuadrilla de obreros a la zona de fumadores. Cierto día, Serguéi le escribió una nota corta: “me encantaría que pudiéramos vernos tras el trabajo”.  Ella contestó: “¡venga!”.


La cantidad de trabajo no ha sido menor desde entonces. Serguéi está fuera de casa hasta altas horas de la tarde, siete días a la semana. El estadio de hockey debe está terminado en mayo. Su esposa lo explica: “nosotros construimos una nueva ciudad.”


Aliya y Serguéi pronto se separarán de Sochi. Cuando en febrero de 2014 los primeros esquiadores desciendan a toda mecha y en el nuevo estadio de hockey sobre hielo se luche por las medallas,  hará tiempo que ambos habrán comenzado a trabajar en una nueva obra. Sus patrones  son responsables de grandes proyectos en toda Rusia. “A dónde nos manden, allí iremos y construiremos”, dice Aliya Bulávskaya.

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