“He estado seis veces en Rusia y he visto seis países distintos”

Mora Godoy. Foto de Itar Tass.

Mora Godoy. Foto de Itar Tass.

“Carlos Gardel tocaba tango del siglo XIX. Piazzola, tango del siglo XX, y nosotros intentamos tocar tango del siglo XXI. El tango es una tradición musical viva”. Rascasuelos.

En su viaje a Moscú, Cristian Basto, el contrabajista de la compañía, se llevó consigo un buen trozo  de bondiola argentina, una botella de Fernet Branco y un kilo de mate. Lo último ha resultado  innecesario, ya que en Rusia se vende en cualquier supermercado. Desde Moscú se ha llevado a casa, además del caviar y del inevitable vodka, platos y cacitos de madera pintados de rojo y amarillo, figuritas de bailarinas de porcelana, cucharas de madera, rosas hechas con corteza de abedul trenzada y, por supuesto, las impresiones que comparte con Rusia Hoy junto a la directora de la compañía, la inimitable Mora Godoy.

 

El comienzo del camino


“Me resulta difícil sorprenderme con Rusia”,  dice Mora  Godoy. “He estado seis veces en vuestro país. Fui por primera vez a la Unión Soviética cuando tenía quince años, estuve estudiando ballet en una escuela de Minsk”.

 

“La capital me sigue impactando con sus anchas avenidas y edificios altos. Todo es de una envergadura imperial. La Plaza Roja, las torres y las catedrales son bellas hasta perder la compostura. Y además, únicas. En ningún lugar del mundo hay nada parecido. Ni siquiera algo que se le asemeje”.

 

A Cristian le ha impactado el metro de la capital.

 

“No sólo se trata de que las estaciones sean verdaderos palacios subterráneos. Sino que fueron construidos para la gente humilde. Para los obreros que iban a trabajar a las fábricas. No hay nada parecido en ningún otro lugar, a la gente humilde no le corresponde ningún palacio.  En el resto del mundo lo que la gente corriente tiene son algo parecido a las ratoneras.

 

“Hemos estado en Kazán, la capital de Tartaristán. Allí donde las cúpulas doradas de las iglesias ortodoxas conviven pacíficamente con los minaretes musulmanes.

 

Hemos estado en Rostov del Don, la capital de los cosacos del Don, esta especie de gauchos rusos salvajes. A la actuación de Mora acudieron estudiantes y profesores de dos escuelas de tango locales. Además, en esa ciudad, igual que en Buenos Aires, todas las casas antiguas tienen celosías”.

 

“Finalmente llegamos a Vladivostok, a 9.288 kilómetros de Moscú, donde lo único que hay hacia el este es el Pacífico”. En esta ciudad los miembros de la gira tuvieron la sensación de haber vuelto a casa, a Buenos Aires.

 

El blico


“El público ruso- comenta Mora  Godoy- acoge a los artistas igual que el público latinoamericano. La gente aplaude de pie, grita, regala flores y pide autógrafos. ¿Sabes? Los rusos siguen viendo en el arte algo trascendente, algo mágico. No se concibe al artista simplemente como 'un buen profesional que hace bien su trabajo y cobra un buen dinero por ello, etc.', sino como alguien muy especial. Puede que no sea muy contemporáneo, pero es algo muy agradable”.


Posiblemente los espectadores rusos vean algo mágico en las actuaciones de Моra Godoy y su equipo, porque ciertamente, en sus espectáculos la magia está presente.

La comida


“El desgaste energético que tienen los tangueros no es de ninguna manera menor al de los estibadores de los muelles - explica Mora  Godoy-. Crecí en La Boca, en la zona portuaria de Buenos Aires (por cierto, es allí donde nace el tango), así que he visto trabajar a los estibadores”.

 

“¡Mira qué delgados estamos todos!”, continúa Mora, “y eso que los tangueros apreciamos la buena comida”. 

 

“Me parece que la comida rusa es excelente para reponer fuerzas. Sobre todo el borshch (sopa de remolacha, verdura y carne de cerdo) y los blinis (сrepes).  En Rusia me encanta beber vodka, pero en Argentina no”.

 

Animado por el tema gastronómico, Cristian ha empezado a estudiar ruso.

 

 

“Puede que en los restaurantes de Moscú el menú esté en inglés, pero más allá, en el interior del país, no es así”.

 

Cristian no se ha amilanado y a ha empezado a elaborar un pequeño diccionario gastronómico ruso-español: shchi  –  sopa de repollo saladо, gribi – setas, piroguí – empanadillas, solianka – repollo salado estofado con  chorizo, pelmeni – como raviolis pero diferentes, pivo –  cerveza, vodka – vodka.

 

El viaje sigue


“Disfruto simplemente mirando por la ventana del tren o del autobús. Sobre todo en Siberia. Me gustan mucho las casas rusas. Las que se construyen con troncos enteros y tienen marcos de madera tallada alrededor de las ventanas, conocidas como nalíchniki.

 

“Sé que todas estas hojas, flores,  animales y pájaros fantásticos, y las figuritas de caballos no son meros adornos. Protegen a los dueños de la casa de los espíritus malignos.

 

Uno puede pasar horas así, mirando por la ventana y escuchando música rusa con los auriculares”, añade Cristian. “Tchaikovski y Borodín son mis compositores preferidos. Para entender esta música hay que ver Rusia por la ventana de un tren”.

 


“Mi ciudad preferida,- prosigue Cristian- es Stalingrado, a la que Jrushchev, envidiando a su predecesor, dio el nombre de Volgogrado, que todavía se conserva. La conocí mucho antes de visitar vuestro país, a través del poema de Pablo Neruda. Seguro que lo conoces…

 

“Las águilas ardientes de tus piedras,

 

los metales por tu alma amamantados,

 

los adioses de lágrimas inmensas

 

y las olas de amor, Stalingrado.

 

Los huesos de asesinos malheridos,

 

los invasores párpados cerrados,

 

y los conquistadores fugitivos

 

detrás de tu centella, Stalingrado……

 

Serie de pensamientos sobre Rusia


Los teatros en Rusia son muy buenos en cuanto a sus características técnicas, la acústica etc., incluso en las pequeñas ciudades de las provincias.

 

Todas las ensaladas llevan pepinillo.

 

Se bebe como si no fuera a haber mañana.

 

Los rusos son tímidos, al menos, en comparación con los latinoamericanos.

 

Las mujeres rusas se las apañan para llevar minifaldas con temperaturas extremadamente bajas. Van siempre con tacones altos y peinados muy sofisticados. Incluso cuando está a punto de que empiece el temporal, y ellas ni se inmutan: los peinados no se deshacen y el maquillaje no se mueve. Es todo un misterio cómo se las apañan para conseguirlo.

 

Los personajes de las novelas de Dostoievski siguen deambulando por las calles de las ciudades rusas. Se suben al autobús, bajan al metro y se ponen a la cola en las cajas de los supermercados.

 

El futuro


Sin embargo, Mora  y Cristian confiesan que les gustaría ver el país a un ritmo más tranquilo, sin la agitación propia de una gira y sin estos frenéticos viajes.

 

“Me encantaría volver a vuestro país. No en una gira y no como turista, sino para vivir una temporada en San Petersburgo, probablemente la ciudad más bonita de Europa. Disfrutar en verano de las 'noches blancas' e ir todos los días al Hermitage. Simplemente pasear por las calles de esta ciudad mágica.

 

No perderme ni una sola obra del teatro Mariinski, viajar a Moscú en el tren nocturno para visitar el Bolshói y ver, por fin, a los bailarines rusos en su país, en su ambiente natural”.

 

La próxima gira de Mora Godoy por Rusia está prevista para el año 2013.

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