Street art intelectual

Foto de Reuters/Vostock-photo.

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Cuando la leyenda del rock ruso Víctor Tsoi murió en 1990, alguien escribió en la tapia de la casa nº 37 de la calle Arbat: “Hoy ha muerto Víctor Tsoi”. Como respuesta escribieron: “Tsoi vive”. Así surgió el famoso muro, símbolo de la libertad y la memoria, un lugar en el que esconder una nota para un amigo o quedar. El portal del apartamento de Mijaíl Bulgákov también se convirtió en un lugar de este tipo de “correo” poco convencional, desde el primer hasta el último piso había frases e ilustraciones de su novela “El maestro y Margarita”.

Precisamente estos dos lugares se convirtieron en el centro de la genuina cultura de street-art durante el estancamiento de los años 90. Los jóvenes pintores, casi instintivamente, desde el corazón, dibujaban lo que les preocupaba y les estimulaba a seguir creando. Pável 183 vio el muro de Tsoi por primera vez cuando tenía catorce años, y pinta desde entonces. Ha hecho dos carreras universitarias, pero se niega a darle un nombre a su profesión. “Estos son mis instrumentos, mi pequeño y secreto pincel. Todos los medios, cuando miran mi site escriben que he estudiado diseño comunicativo. Pero eso no es más que un chiste. Siempre me he reído de los diseñadores. Tengo varias carreras y estoy en contacto con el diseño, la tipografía, la psicología y la filosofía”.

Aunque Pável se ha convertido en el artista de street art más famoso de Rusia hace poco tiempo, solamente tras la publicación de los artículos en “The Guardian” y “The Daily Telegraph”. Los medios extranjeros veían en él a Banksy, y le pusieron el casi impronunciable pseudónimo de “Bankski”. “Es triste que después de catorce años trabajando te comparen con alguien. Yo soy yo, y no me parezco a nadie...”. En occidente le llaman P183, los periodistas sacaron este nombre de su e-mail, en el que aparece como P183. Su verdadero nombre de pila es Pasha 183 o simplemente 183, números que escogió cuando era niño.

“El street art ruso surge del situacionismo- explica Pável- es difícil datar su fecha de aparición exacta. Si hacemos caso al director ruso Oleg Kulik, en la Rusia soviética todo empezó en los años 1910-1920: el manifiesto del poeta revolucionario Mayakovski: “Vamos a pintar nuestra ciudad con colores vivos”, Esenin escribía sus poemas en la calle... Si se profundiza más, podemos recordar que en los años posteriores a la revolución, en 1919, cada vagón de tren que  transportaba material militar estaba pintado por artistas revolucionarios, lo único que no se llamaba street-art. Simplificando, el situacionismo es el arte de la revolución en la calle. En realidad, soy un escritor satírico en la calle”.

Ante la difícil pregunta sobre si el street-art es o no arte, el propio Pável prefiere hablar de su trabajo creativo. Según él,  arte es un concepto demasiado elástico. "Un amigo, y pido perdón por los detalles, estaba lavando los platos y vio que en uno sucio había un retrato de Valdímir Lenin con restos de ketchup. Así que lo dejó a un lado, no lo limpió. Podemos llamar arte a la propia capacidad de percepción", se ríe Pável.

En 2005 el pintor rodó la película "Cuento sobre Alionka 2005", en donde la chica del envoltorio de esta marca rusa de chocolate, "Alionka", es de alguna manera, un niño moderno. Según él, cada persona está obligada a venderse desde la niñez, ya que así es la vida contemporánea: cada uno de nosotros, como "Alionka", se vende en contra de su propia voluntad. 

"Para ganar dinero en la Rusia actual no es necesario tener la cabeza encima de los hombros. Y mientras no haya cabeza, no habrá sociedad civil. Belinski dijo, en San Petersburgo no puedes ser  pintor o borrachín, tienes que ser al menos un pintor o al menos un borrachín..." Moscovita de nacimiento, Pável prefiere San Petersburgo, y se refiere a ella como “una ciudad más europea".

A pesar de Alionka, según la concepción de Pável, la persona más pura de la tierra es completamente ingenua y completamente desinteresada. "El objetivo del street art es el diálogo con el ciudadano de a pie. Para ello no es necesario ninguna galería, ni tampoco recoger dinero de la gente, para que vean tu trabajo. Incluso una persona que no esté acostumbrada a ir a los museos verá y percibirá este juego visual en la ciudad", declara Pável. "Soy más bien asceta por naturaleza, estoy acostumbrado al silencio, a la soledad. Me gusta mucho el barro. En verano miro mis botas, el barro en las suelas, tan simple y natural, en él no hay nada que sea exagerado. Cuando un hombre puede mirarse a sí mismo como al barro, apreciará lo más grande en lo más pequeño, entonces lograremos el equilibrio. Sin ese equilibrio en el alma, en el pensamiento y en el mundo exterior, te arriesgas a convertirte en un Mc Donald's, con su menú y porciones, todos preparados según las mismas medidas y proporciones”.

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