¿Fraude electoral? No con nosotros

Colegio electoral en Moscú. Foto de Makar Butkow.

Colegio electoral en Moscú. Foto de Makar Butkow.

Tras las elecciones a la Duma de diciembre, como tantos otros rusos, me preguntaba: ¿sería cierta toda la información que circulaba por internet sobre fraudes electorales? Las declaraciones oficiales de la Comisión Electoral Central sonaban inverosímiles, pero también la oposición vociferaba demasiado como para que fuera verídico.

En los últimos tres meses, la red rusa estaba saturada debido a los temas políticos. El volumen de información política aumentó de manera tan intensa que apenas se podía conservar la visión de conjunto, por no hablar de la capacidad para juzgar objetivamente. Para formarse una opinión propia había que estar más cerca de los acontecimientos. Por eso he sido observador electoral y, concretamente, del equipo del candidato Mijaíl Prójorov.


Tras las elecciones a la Duma y las posteriores protestas, el tema de la observación electoral como prevención de fraudes se convirtió en un tema muy candente entre las personas políticamente activas. Tres semanas antes de las elecciones me registré en Rosvybory.ru, una página web de observadores electorales voluntarios creada por el bloguero de la oposición Alexéi Navalni.


Tras rellenar el impreso de inscripción recibí un “muchas gracias, pronto recibirá noticias nuestras”. Ocho días antes de los comicios me llegó un SMS: “estimado observador electoral, obtendrá la carpeta con sus documentos en el centro de inscripción de Mijaíl Prójorov”. Cuando al día siguiente fui allí, había una cola de 30 metros, un esfuerzo para que hubiera unas elecciones justas.


A las siete en punto de la mañana, diez observadores electorales- de edades comprendidas entre los 18 y 77 años- se encontraban en el colegio electoral número 178 en Jamóvniki, en el centro de Moscú. A las 8.00 horas saludamos a los primeros votantes. El día se presentaba muy intenso. Llevaba la cuenta de todos los electores con un contador electrónico. Todo transcurrió sin ningún suceso especial, salvo una vez, cuando un caniche entró en el colegio electoral.


Más tarde, fuimos a recoger los votos de las personas con problemas físicos con una urna móvil. En la mayoría de los casos se trataba de votantes muy mayores con problemas de salud, incluso había un anciano de 103 años. Todos nos agradecían cordialmente la visita y nos regalaban bombones y mandarinas. Para ellos, la oportunidad de participar en las elecciones era muy importante. Poco antes de las 20.00 horas, cuando los colegios electorales cerraban, estábamos de vuelta. Ahora, los votos debían ser escrutados.



Recuento de papeletas. Foto de Makar Butkow.


Era agotador: estuvimos ordenando y contando sin pausa las papeletas hasta las 6.00 de la mañana. Cuando acabamos sabíamos que habíamos realizado adecuadamente nuestro trabajo. En nuestro colegio todo transcurrió limpiamente. Lo único que pasaba era que nos dolían mucho los dedos de las manos. Fui a la cama a las 7.00 de la mañana con un pensamiento: el precio de la democracia es alto y se sostiene con mucho trabajo colectivo.


Pero por lo menos, ahora puedo opinar políticamente. Conocí a muchas personas agradables, pude ver cómo es el sistema electoral desde dentro y ayudé a personas mayores a formular su voto. Sin embargo, lo mejor de todo es que en nuestro colegio electoral no hubo fraude. Para eso habíamos trabajado conjuntamente. Y cuando ahora alguien dice “tu voto no cuenta nada”, entonces, tengo una respuesta: “tu voto se debe conseguir con esfuerzo. Y esa lucha es lo único justo”.

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