Salir sin hacer las maletas

Los empleados del orfanato esperan que al menos alguno de ellos encuentre un lugar en una familia. Foto de Itar Tass.

Los empleados del orfanato esperan que al menos alguno de ellos encuentre un lugar en una familia. Foto de Itar Tass.

Las autoridades de la región de Reútovo, en el extrarradio de Moscú decidieron urgentemente, y en mitad del año escolar, eliminar un orfanato de tipo familiar con pocos niños y trasladar a los huérfanos a diferentes centros educativos mucho más masificados.

La campaña para mejorar las estadísticas a costa de la reducción formal del número de orfanatos continúa. De momento, gracias a la intervención de voluntarios y defensores de los derechos de traslado de los niños, se ha conseguido prolongar la orden por unos meses: tras este tiempo, los empleados del orfanato esperan que al menos alguno de ellos encuentre un lugar en una familia.

 

Reútov, C/ Gagarin, 8. Un edificio gris de dos pisos se pierde entre grandes casas. Es un antiguo  jardín de infancia soviético, y ahora el único orfanato en la ciudad. Las puertas exteriores de colores y la portezuela están cerradas. En la valla, al nivel de la altura de un niño, hay alambres de púas.

 

Desde dentro, tres mujeres de unos cuarenta años se dirigen hacia la portezuela. Hablan entre ellas en voz baja:

 

— ¿La dejamos pasar? Mira, está congelada. ¡Estará con nosotras!

 

— No deberíamos, luego nos amonestarán…

 

Las personas ajenas solo pueden entrar en el orfanato con permiso de la delegación del Ministerio de Educación en la zona y no es posible recibir este permiso de forma operativa. Pero  espero que me dejen pasar aunque sea a la entrada: en la calle la temperatura es de -20º. El sistema de educación punitivo-policial acostumbró a los funcionarios a cumplir estrictas normas y dirigirse a la prensa era un paso desesperado. Aunque este sistema prevalece por inercia:

 

— Entiéndelo, de repente los niños la ven. No saben nada acerca de su traslado — explica con un tono de perdón la educadora más joven, Yelena Ilina, una mujer robusta de cabellos cobrizos e iniciadora del motín.

 

—¿Cómo?, ¡¿se los piensan llevar sin que ellos lo sepan?!

 

— No se lo podemos decir. Si se enteran, habrá huidas.

 

Hay tres Yelenas: las dos educadoras y la encargada del almacén. Además de sus diecinueve niños también atienden a 35 personas. No es rentable pero materializa el sueño de la comunidad benéfica rusa. En la víspera de nuestro encuentro, las mujeres enviaron una carta desesperada al fondo “Voluntarios por la ayuda a los niños huérfanos”, que se extendió a lo largo y ancho de la blogosfera. Las educadoras la recibieron la orden de disolución del orfanato el 27 de enero y debían debían abandonar el edificio poco después. Con tan poco tiempo era físicamente imposible recoger las cosas y preparar a los niños psicológicamente, lo que parece que no tuvo en cuenta la delegación del Ministerio de Educación de la zona.

 

—Los niños presienten que pasa algo. A nosotras ahora nos cuesta mirarles a la cara, porque, ¿qué ha pasado? Salen a la ciudad, escuchan rumores,- dice casi susurrando Yelena Merkúlova.

 

Vamos a calentarnos al edificio que tiene una inscripción gigante en rojo: “Al arder tú, iluminas a los demás”. Resulta que es una policlínica municipal. Las pedagogas se cuidan de que no las echen también de ahí. Miran por todas partes y van hacia el fondo del pasillo.  Al final se sientan en los bancos entre los pacientes, solo aquí se encuentran a salvo para hablar a los periodistas sobre el asunto del orfanato.

 

Historia del lugar

 

Existe desde 1994. Los niños son difíciles, como en todas partes, tienen destinos inciertos y en su corta vida han pasado por muchos vivencias. El edificio estaba previsto para que vivieran 35 alumnos, pero en verano salieron 8 graduados, y en septiembre no entraron niños nuevos. Apareció la primera sospecha.

 

—Los rumores sobre el cierre empezaron a aparecer en septiembre. Los habitantes de la ciudad oyen regularmente del dirigente de Reútovo que aquí habrá un jardín de infancia y se sorprenden  de que todavía vayamos a trabajar, -se queja Yelena Merkúlova. Pero no nos ha llegado ninguna información oficial. Si supiéramos la fecha exacta, podríamos preparar antes a los niños. ¡Y ahora lo sueltan a mitad del año escolar!

 

Las tres Yelenas tienen la típica cara de pedagogas rusas: terroríficamente severas y patéticamente cariñosas. Son mujeres de armas tomar. Antes de dirigirse al fondo benéfico, las empleadas escribieron al delegado de los derechos del menor, pero la queja la delegaron al Ministerio de la zona, y de ahí la reenviaron a Reútov. Las autoridades locales declararon: “Su orfanato tiene su propio delegado para defender los derechos del menor, que sea él quien luche por sus derechos”. 

 

En la casa viven 19 niños entre 5 y 17 años. Son como en una gran familia: van al colegio, hacen sus deberes y pasean.

 

La encargada del almacén, Yelena Finika, declara: “Yo, por ejemplo, me encargo de su menú en el comedor, pero también puedo darles clase.  Ninguno de los empleados es ajeno a tomar parte en el destino de los niños”.

 

Y Yelena, la educadora, añade:

 

—Mantenemos relación con todos sus parientes. Sabe, todo es complicado: los parientes no siempre pueden llevarse a los niños consigo, pero los visitan. Uno de los chicos tiene dos abuelas septuagenarias —ellas tampoco los apadrinan pero vienen a verlos.

 

Oxana Markech del fondo benéfico “Voluntarios por la ayuda a los niños huérfanos” corrobora las palabras de la educadora:

 

—Los niños de Reútov, no desarrollan relaciones parásito como otros huérfanos, porque participan en las tareas del orfanato. Tienen relaciones tan cercanas con las educadoras que ellos mismos piden ayudar en la limpieza y en la cocina. En cada habitación vive un niño o dos,como máximo.

 

Los orfanatos adonde quieren trasladar a los niños es secreto, los voluntarios se refieren a ellos como “monstruos”: en Yegórevsk hay 60 alumnos; en Saltíkovski, 116. Primero debían reinstalar a 12 de los huérfanos de Reútov, separando a hermanos Liuba, de 4 años, Tania de 7 y Kiril de 13. Casi truncan el destino de una niña ya graduada que planeaba ingresar en el instituto y estudiar para jurista.

 

—Aquí tiene una escuela y amigos, se prepara para las pruebas, y la querían enviar a otra ciudad.

 

—La chica tendrá tal estrés a causa de esta traición... Ojalá que se libre de ello,- se lamentan a coro las educadoras.

 

Finalmente llega una buena noticia: el martes 31, la viceministra de Educación del extrarradio de Moscú, Alexandra Kótova, declaró oficialmente a la prensa que el orfanato de Reútov no se disolvería. Aunque le precisó a la presidenta del fondo de “Voluntarios por la ayuda de los niños huérfanos”, Yelena Almshánskaia que la decisión era “solo hasta el final del año escolar”.

 

—El aplazamiento de unos meses, no es una victoria, -explica a “Russkii Reporter” Yelena-. El Ministerio ha elegido un camino cómodo: la ministra, Lidia Antónova dijo que al director “le había parecido oír” que se proponían evacuarlos a mediados de año. Hubo, dice, solo una orden de disolución del orfanato, sin fecha de traslado de los niños. Aunque, cualquier día, por disposición verbal,  como antes, pueden desalojarlos.

 

Ruskii Rerporter se dirigió al Ministerio local de Educación para esclarecerlo pero fue en vano.

 

—Encontraremos trabajo, agita la mano la “severa” Yelena Ilina. Lo principal es que sea con niños. Nos sentimos como madres. Soy madrina de dos alumnos.

 

—¿Y por qué no los apadrinan ustedes mismas?

 

—Nosotras y ellos estamos en la misma situación. ¿Quién nos los confiaría? Ninguna de nosotras tiene resuelto el problema de la vivienda, suspira Yelena Merkúlova.

 

—¿Sabe cuánto nos pagan? Doce mil rublos (unos 300 euros), añade Ilina. — Simultaneamos las labores, hacemos la limpieza — solo así sobrevivimos. Pero aquí, al menos alimentan bien a los niños.

 

Los casos de huérfanos que trasladan de un orfanato a otro, como si fueran objetos, ocurren regularmente, según palabras de Yelena Alshánskaya. Estos niños cambian varias veces de lugar durante su infancia y en ninguno tienen su espacio personal. Cuando crezca, lo trasladarán a otra habitación.  El proceso de ampliación y reducción de orfanatos es un proceso que se está dando sin pausa pero imperceptiblemente en todo el país. Las estadísticas mejoran (hay menos orfanatos) aunque el empeoramiento de las estadísticas, es decir,  la creación de un gran número de pequeños orfanatos de tipo familiar, conllevaría un beneficio real.

 

—Las instituciones de orfandad que tenemos, deberían quedarse en el pasado. En lugar de eso, reducen los orfanatos de tipo familiar, y permanecen los “monstruos”.

 

Los niños no deberían vivir en enormes edificios. Imagínese que le alojan para siempre en su escuela y tiene que atenerse a estrictas normas, ¡es una pesadilla!

 

En cuestión de medio año, voluntarios y educadores sueñan con encontrar para los suyos una familia tutelar. Yelena Alshánskaya propone crear un grupo educativo-familiar entre los educadores y los niños, es decir, que puedan vivir en apartamentos proporcionados por el Estado y con un sueldo estatal. Esta práctica existe en nuestro país a modo de experimento y también en el el resto del mundo. Pero lo importante es que los niños se deben quedar en Reútov, donde tienen amigos y parientes. No se adaptarán a un nuevo lugar.

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