Colas para votar en el consulado de Barcelona

Mesas electorales en Barcelona. Foto de Maite Montroi.

Mesas electorales en Barcelona. Foto de Maite Montroi.

Son las 11 de la mañana y espero el autobús 78, que me ha de llevar desde el barrio de Sants hasta el Consulado General de la Federación Rusa en Barcelona. Cuando por fin llega el autobús, el conductor me anuncia que aún tendré que esperar 20 minutos más. Es domingo y el poco transporte público que conduce al exclusivo barrio de Pedralbes –donde vivían, por ejemplo, la infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín, antes de mudarse a Washington y también antes de que al caso “Palma Arena” les salpicase- hoy es aún menor.

En Kamchatka hace horas que cerraron los colegios electorales, pero aquí, en Cataluña, donde hay unos pocos miles de rusos con derecho a voto, todavía quedan nueve horas para ir a votar, así que, paciencia y a disfrutar de uno de esos días radiantes que nos brinda el Mediterráneo en pleno invierno.

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Cuando el autobús se pone en marcha, busco pistas que me indiquen si hay algún ruso entre los pasajeros, pero no hay suerte. Al bajar en mi parada, inmediatamente detecto al primer grupo. Les sigo y me llevan a la puerta del consulado. Me explican que han venido desde Moscú para pasar unos días de vacaciones y han hecho un alto en el camino para cumplir con su obligación ciudadana.

No son los únicos turistas rusos que encontraré aquí. También Irina, de Cheliábinsk, ha aprovechado sus vacaciones en la capital catalana para acercarse al consulado y votar por su candidato, Vladímir Putin. El actual primer ministro en funciones “gobierna muy bien nuestro país”, asegura Irina, quien añade, en referencia al movimiento de protesta ruso, que “no queremos más revoluciones”.

Llama la atención la gran cantidad de ciudadanos rusos que hay aquí reunidos. La cola sale del recinto del consulado y baja por la calle lateral. Comparte esta opinión el cónsul Serguéi Shuranov, quien explica  a Rusia Hoy que se espera récord de participación. De hecho, la participación en las elecciones parlamentarias del mes de diciembre pasado ya fue más elevada que nunca y es que la comunidad rusa en España es cada vez mayor.

El cónsul no se aventura a dar una cifra de cuántos rusos tienen derecho a voto aquí. Lamentablemente, no todos se encuentran en situación legal. Además, también pueden votar los turistas. Basta con tener la nacionalidad rusa y llevar el pasaporte encima. Shuranov se muestra satisfecho de la gran afluencia de votantes y afirma que esto “demuestra que la gente quiere votar por el futuro de Rusia”.

Más crítico se muestra Alexánder Vishnevski. Es periodista, vive en Barcelona y actúa como observador. Alexánder sí que nos da algunas cifras. Por ejemplo, según sus datos, en España viven unos 100.000 ciudadanos de la Federación Rusa. En las elecciones del pasado diciembre votaron alrededor de 500 personas en Barcelona y unas 1100 en el conjunto de España. En la ciudad Condal y hasta el mediodía, se habían emitido ya 230 votos.

El periodista ruso, acompañado de dos observadores más, nos explica su preocupación porque en la mayoría de las ciudades españolas donde también se ha votado, once en total, se ha hecho por adelantado y allí no ha habido observadores que puedan avalar la rectitud del proceso electoral. Sólo en Madrid, Barcelona, Sevilla y Las Palmas de Gran Canaria se han celebrado las elecciones el mismo 4 de marzo. Así sucede en Torrevieja, donde existe una importante comunidad rusa y donde se recogieron 360 votos, incluyendo los de Almería.

En cambio, en Málaga, donde sí había observadores, denunciaron que se impidió el paso a dos periodistas. “Es un escándalo”, clama Vishnevski, quien reconoce que en Barcelona el proceso, hasta el momento, tiene todas las garantías. Esta cronista constata que los periodistas presentes en el consulado barcelonés hemos podido entrevistar tanto a los votantes como a los observadores y a los representantes del consulado, acceder a las instalaciones y tomar imágenes sin problemas.

Pero volvamos a los votantes. Existe un pequeño grupo que podríamos llamar “Voto a Prójorov muy a mi pesar” en el que se podría incluir a Alexéi, de Rostov del Don, :“Prójorov es el menos malo de los que se presentan”, y a Valeria, de Orenburg, “Le voto porque no me gusta Putin”. Algo más convencido se muestra Román, de Moscú, cuya razón principal para votar al oligarca es: “Quiero una alternativa a Putin”. Con todo, este moscovita residente en Sant Cugat del Vallès reconoce algunos méritos al expresidente ruso, ya que ha conseguido mejorar considerablemente la situación económica y social en Rusia desde los años 90 y ha garantizado que la gente mayor pueda tener una pensión, no cuantiosa, pero sí suficiente.

Román comparte con Olga, de Voronezh, que ha empezado un proceso porque algo cambie en Rusia, como lo demuestran las manifestaciones que ha habido en las ciudades rusas los últimos meses. Y que además ese cambio y esas protestas son positivos. En la parte negativa, Olga señala la mala calidad de la educación, el sistema jurídico y la corrupción, por eso, no ha votado a Putin, pero tampoco a ninguno de los otros candidatos.

Finalmente, entre los que no quieren que cambie nada, se encuentra Mijaíl, votante de Putin procedente de Orel: “Ya estamos bien como estamos”, y Vlad, de Rostov del Don, que no quiere decir por quién vota, pero declara tajante: “En Rusia ya ha habido muchos cambios”. Y la verdad es que razón no le falta.

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