La pesadilla de los hackers

El criptógrafo, Anatoli Klepov. Fotografía de Maite Montroi.

El criptógrafo, Anatoli Klepov. Fotografía de Maite Montroi.

Barcelona se ha convertido estos días en la capital mundial del móvil, gracias a la organización del Mobile World Congress (MWC). La cita reúne este año a más de 1.400 empresas del sector, 3.000 periodistas acreditados de todo el mundo, unos 65.000 visitantes y los máximos dirigentes de firmas como Google, Nokia o Ericsson. Se calcula que el MWC genera unos 275 millones de euros en la ciudad.

Uno de los grandes atractivos de este congreso es la presentación de los nuevos modelos de móviles, además de las más diversas aplicaciones, dispositivos y productos relacionados con la telefonía y la tecnología. Teléfonos y tablets sumergibles; paradas de autobús inteligentes; un sensor de olores; la alternativa al Whatsapp, que se llamará Joyn, o un monovolumen de Ford que convierte en realidad al mítico KITT de la serie “El coche fantástico” son algunas de las propuestas más llamativas.

Entre las novedades se ha hecho un hueco un ingenio de facturación rusa: el NUME. Se trata de un codificador que permite proteger los diferentes tipos de información que se guardan o se transmiten con los móviles, los tablets y los ordenadores: conversaciones, correos electrónicos, fotos, sms, datos privados, cuentas corrientes, transacciones financieras, participación en redes sociales, etcétera, y además previene los virus.

El creador del dispositivo, el criptógrafo ruso Anatoli Klepov, explica el funcionamiento de NUME de una manera muy sencilla: “Es como cuando sales de casa y cierras con llave para que nadie pueda entrar a robarte”. Esta “llave” es un objeto similar a un teléfono, que mide 118 x 51 x 12,5 milímetros y que se conecta a prácticamente cualquier ordenador, móvil o tablet a través de cable USB o tecnología Bluetooth. Y garantiza que nadie se apropiará de su información ni aunque pierda o le roben el NUME.

Al menos, así de seguro se muestra Anatoli Klepov, quien cuenta con más de 40 años de experiencia en el campo de la criptografía y ha trabajado, entre otros, para los gobiernos de Gorbachov y Yeltsin, para las fuerzas armadas rusas y también para otros países y empresas. Ha descifrado más de 130 codificadores en su vida, lo cual lo autoriza para asegurar que “ni siquiera un criptógrafo profesional podría descubrir lo que NUME ha cifrado”.

¿A quien le puede interesar utilizar este ingenio? Anatoli cree que a cualquier persona. Y pone como ejemplo la información médica, periodística, judicial o bancaria. Además, “¿es que no tiene cualquier persona el derecho de hablar por teléfono con un amigo sin que nadie interfiera?

Recuerda que en 1995 un hacker consiguió robar 200.000 millones de dólares. Hace poco también se ha conocido el robo por parte de un pirata informático de fotos privadas de las actrices Scarlett Johansson o Jessica Alba. NUME lo hubiese impedido, por eso, a Klepov le gusta llamar a su ingenio “hacker’s killer” (el asesino de hackers).

Eso sí, el ingenio –muy fácil de utilizar, asegura su inventor- no está al alcance de cualquier bolsillo, ya que, a falta de algunos retoques, el precio de venta se estima entre 500 y 900 dólares. ¿Pero acaso la intimidad tiene precio?

La empresa encargada de la comercialización de NUME es la suiza Crypto Telecommunication Security, socia de la rusa ANCORT, que dirige Anatoli Klepov. Desde Rusia se dirige todo el proceso de investigación, la criptografía, el trabajo matemático. Y la producción se realiza en el sudeste asiático, ya que “lamentablemente –en palabras de Klepov- el hundimiento de la industria electrónica rusa nos ha obligado a trasladar fuera la fabricación”.

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