Gene Kelly sobre hielo

Foto de RIA Novosti

Foto de RIA Novosti

Para entender la relevancia de la figura de Evgeni Plushenko hay que entender la trascendencia de los deportes de invierno en Rusia, especialmente aquellos sobre hielo, que por tradición y motivos climatológicos son una verdadera religión. Las canchas de fútbol sala y baloncesto de los parques españoles son pistas de hielo en los parques rusos. Los niños por Navidad no piden una bicicleta sino unos patines. Plushenko (Solnechny, 1982) los calzó por primera vez con sólo cuatro años de edad. Aquel niño creció para convertirse en mito. Hace sólo unas semanas engordó su impresionante currículum con un nuevo campeonato de Europa, el séptimo, pero el tamaño de su leyenda excede las dimensiones de su vitrina. Plushenko, un showman como nunca haya conocido el patinaje, aporta una concepción lúdica y artística que supera las fronteras de la mera competencia deportiva.

Su historia arranca en el extremo oriental de Rusia, Krai de Jabárovsk, aunque con sólo 3 años su familia se muda a Volvogrado (suroeste del país). La madre, Tatiana, ejercerá de tutora en sus primeros pasos sobre el hielo. Sin embargo, la principal pista de hielo de Volgogrado, como tantas otras instalaciones deportivas, cerró con la crisis tras la caída del régimen. En 1993, con sólo 11 años, la familia Plushenko envía a Eugeni a San Petesburgo para que pueda continuar con su pasión y talento, el patinaje. Allí perfeccionó su técnica y arrancó su carrera en la competición de élite. Cuenta la leyenda que siendo aún adolescente y antes de que los éxitos le convirtiesen en un personaje famoso para el ruso de a pie, Plushenko gustaba de visitar los parques de San Petesburgo con sus amigos en invierno para gastar bromas. Se acercaba a chicas guapas fingiendo ser un novato de los patines y así despertar su ternura, para preguntarles si podía patinar con ellas. Tras varios minutos de caídas, resbalones e interpretación, se quitaba la careta y comenzaba un festival de triples saltos para asombro de las chicas y deleite de los allí presentes.

 

 



Entre 2000 y 2006 Plushenko conquistó sencillamente todo a lo que un patinador puede aspirar: cinco campeonatos de Europa, tres mundiales y un oro olímpico (Turín), convirtiéndose así en sucesor de su compatriota Alexéi Yagudin, dominador del patinaje artístico mundial en la segunda mitad de los noventa. En 2006, con sólo 24 años, Plushenko sorprendió con el anuncio de un retiro temporal, un barbecho creativo, una tregua para sus maltrechas rodillas. Tiempo que en el que se convirtió en habitual de la farándula nacional (sonado divorcio de por medio), se dio un cameo político (con el partido Rusia Justa) y hasta se dejó ver en la edición 2008 de Eurovisión, acompañando al representante ruso Dima Vilán, número que acabó ganando aquella edición del concurso. Lo que en principio iba a ser sólo un año de retiro acabaron siendo casi tres y algunos temieron que nunca volviera a ser el mismo. Pero los agoreros tendrían que esperar.

 

Sochi en el horizonte

2010 vio su vuelta a la élite con el título continental, primero, y con una plata olímpica en Vancouver después. La crítica tachó de injusta la calificación de los jueces en aquella final, considerando que Plushenko merecía el oro, lo que habría supuesto un logro histórico, pues ningún patinador ha ganado nunca dos Juegos Olímpicos consecutivos. Ya en 2012, Eugeni ha conseguido un nuevo título europeo, en los campeonatos celebrados a finales de enero en Sheffield (Inglaterra), al ritmo del Tango de Roxanne, de la película Moulin Rouge, y estableciendo un récord absoluto de puntuación total, con 261,3 puntos (15 más que el segundo clasificado).

 

 

En el horizonte está ineludiblemente la cita de los Juegos Olímpicos de Invierno que Rusia acogerá en 2014 (Sochi), que por edad se antojan como los últimos en los que pueda participar y donde un metal sería un broche digno a su trayectoria, si su maltrecha espalda se lo permite. Sin embargo, Plushenko no será recordado sólo como un coleccionista de trofeos, sino también como un heterodoxo, un renovador de la técnica. Con 16 años, se convirtió en el patinador más joven de la historia en obtener una nota máxima en competición oficial (6 sobre 6). También fue el primero en ejecutar una combinación consecutiva de saltos cuádruple, triple y doble. Y es uno de los pocos patinadores masculinos que han podido realizar la pirueta Biermann... Y así sucesivamente. Pero ante todo, Plushenko supone la desacralización del patinaje artístico, un guiño al espectador menos entendido, puro espectáculo sobre hielo.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.

Más historias fascinantes en la página de Facebook de Russia Beyond.