De Moscú al Cielo y más allá

La última semana de Enero fui invitado por el Instituto de Investigaciones Espaciales (IKI) de la Academia Rusa de las Ciencias para impartir una charla sobre Computación Cloud en el contexto de la Misión Mars Metnet y mantener una serie de reuniones para abrir posibles líneas adicionales de colaboración.

Pero como se suele decir, “tras la obligación viene la devoción”, por lo que aproveché también la magnífica oportunidad que me brindó IKI para zambullirme de lleno en el pasado, presente y futuro de la exploración espacial rusa, en lugares clave no muy fácilmente accesibles de la capital rusa.

Museo del Instituto de Investigaciones Espaciales (IKI) de la Academia Rusa de las Ciencias

El IKI se encuentra en el sur de Moscú, a pocos metros de la salida de la estación de Metro Kaluzhskaya. Fue fundado en 1965 y tiene una plantilla de más de 290 científicos que trabajan en una gran variedad de disciplinas con el Espacio como protagonista.

Su museo no abre todos los días al público general, sino que lo hace en fechas clave. Por supuesto, el 12 de abril (día de la gran gesta de Yuri Gagarin) es una de ellas.

Se podría definir la relación de maravillas que alberga el IKI como “la galería de la fama de las misiones espaciales no tripuladas ruso/soviéticas”. En ella podemos encontrar desde satélites artificiales terrestres, hasta sondas que han sido enviadas a la Luna y otros planetas del sistema solar como Marte y Venus.

La Ciudad de las Estrellas

También conocido como “Centro Yuri Gagarin de Entrenamiento de Cosmonautas”, se encuentra a las afueras de Moscú y se fundó en 1960. Hasta hace 20 años, la seguridad y el secretismo que ha rodeado a esta ciudad, donde los cosmonautas residían durante su preparación, ha sido máxima. Como toda ciudad que se precie, tiene oficina de correos, escuela, hospital, cine, … todo pensado para hacer placentera la estancia a los trabajadores y sus familiares.

Aunque la seguridad se haya rebajado, es necesario tramitar la solicitud e visita como mínimo un mes antes. No olvidemos que es aquí donde las tripulaciones que suben a la Estación Espacial Internacional se entrenan actualmente.

Si se visita en invierno, la atmósfera es espectacular. La luz del sol filtrada a través de la nieve depositada en los árboles y los monumentos dota a todo el entorno de un halo mágico.

La primera parada es el tanque de prácticas para actividades extra-vehiculares, o lo que es lo mismo, las operaciones que realiza el cosmonauta fuera de la nave o la estación espacial.

El traje presurizado pesa 100 Kg, ya que debe contar con sistemas de soporte vital (oxígeno, electricidad). Este peso hace imposible entrenarse en condiciones normales, por lo que se recurre a un tanque de agua que minimice el efecto de la gravedad terrestre.

 

Si uno tiene suerte, como fue mi caso, es posible que se coincida con alguna de las tripulaciones haciendo sus prácticas, controlados en todo momento por un equipo de hombres-rana expertos.

El agua está a 30ºC debido a que los monitores tienen que pasar sumergidos muchísimas horas cada día. Las estructuras, escenario de las prácticas, se van metiendo en el tanque bajo demanda. Las que no son necesarias se “aparcan” fuera.

La siguiente parada es la “centrifugadora”, aparato que permite al cosmonauta experimentar el mismo incremento de la gravedad que en el despegue. Dicho incremento suele estar entre los 4G y los 7G (G es el valor de la gravedad terrestre), dependiendo del lanzador empleado.

Para ello, el cosmonauta se introduce en una esfera ubicada en el extremo de un brazo que gira horizontalmente. El interior de la esfera es un enorme giróscopo que va compensando la aceleración centrífuga y maximizando el efecto de “aplastamiento”. Porque efectivamente, éste es el efecto logrado y no el de náuseas como popularmente se piensa.

Esta “centrifugadora” es la más grande y potente del mundo, logrando alcanzar los 30G (equivalente a 30 personas de nuestro peso sentadas encima nuestra). Los pilotos de las fuerzas aéreas rusas suelen también entrenar aquí, puesto que en su trabajo pueden llegar a sufrir hasta 11G pero obviamente vistiendo un traje de presión.

La dificultad de moverse con un empuje así, crítica en caso de necesitar una maniobra de emergencia, ha supuesto el punto de partida de un campo de investigación muy interesante. Desde hace años se llevan desarrollando sistemas de control con los que puede interactuarse a través de movimientos oculares, no tan restringidos en estas situaciones. Estos sistemas no solo han sido empleados con éxito en los viajes espaciales, sino que han supuesto una mejora en la calidad de vida de pacientes con alguna discapacidad física severa como tetraplejia.

La última parada no es menos espectacular. Se trata de la sala de los simuladores. En ella están recreados todos los vehículos (tanto actuales como históricos) en los que los cosmonautas pueden poner a prueba su pericia ante las situaciones más variadas.

 

En la misma sala conviven expositores con elementos del día a día de los cosmonautas en el pasado, desde alimentos que pueden ser consumidos en gravedad cero hasta herramientas de supervivencia usados en el caso de que el aterrizaje se realice en un lugar inesperado.

También se puede ver el tipo de asientos en el que van recostados los astronautas, cuya altura es regulable dependiendo del momento del viaje. Las rodillas siempre van alzadas a fin de facilitar la circulación de la sangre.

Estos asientos están forrados por dentro con una espuma moldeable y personalizada para cada cosmonauta, a fin de aumentar su confort. Gracias a la investigación realizada en este material, podemos disfrutar en la actualidad de colchones de viscoelástica que aumentan nuestro reposo.

Mi asignatura pendiente

Moscú cuenta con un tercer enclave, el Museo de la Cosmonáutica, ubicado cerca de la estación de Metro VDNKh. Desgraciadamente, ha sido éste el único lugar que no visité durante mi viaje a Moscú. Quizás fue porque no me pareció tan exclusivo como los lugares que he descrito antes, o quizás porque he querido añadir una excusa más para volver a Moscú lo antes posible.

En definitiva, se puede afirmar que en Moscú confluyen el pasado, presente y futuro del Espacio. Las generaciones futuras podrán tener una panorámica de la gran aventura que supone la exploración espacial, gracias a los esfuerzos realizados en materia de conservación.

Por otro lado, la aplicación de las nuevas tecnologías a una base sólida de conocimiento científico, ha hecho que Moscú se convierta en el centro neurálgico y referencia mundial de los viajes espaciales.

MÁS INFORMACIÓN

Instituto de Investigaciones Espaciales (IKI) de la Academia Rusa de las Ciencias

http://www.iki.rssi.ru

Ciudad de las Estrellas

http://www.russianspaceweb.com/star_city.html

Museo de la Cosmonáutica

http://www.russianmuseums.info/M329

Programa Espacial de la Unión Soviética (Wikipedia)

http://es.wikipedia.org/wiki/Programa_espacial_de_la_Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica

Programa Espacial de Rusia (Wikipedia)

http://es.wikipedia.org/wiki/Programa_espacial_de_Rusia

Misión Mars MetNet

http://metnet.fmi.fi/

Vídeo: el vuelo de Yuri Gagarin (en formato videoclip)

https://www.youtube.com/watch?v=J2C1FkPz5vU

Vídeo: “First Orbit” (película completa sobre la hazaña de Yuri Gagarin rodada desde la Estación Espacial Internacional)

https://www.youtube.com/watch?v=RKs6ikmrLgg

Vídeo: del Lunokhod al Marshod

https://www.youtube.com/watch?v=nF2gU3_9WC4

Vídeo: fotos de las misiones Venera (en formato videoclip)

https://www.youtube.com/watch?v=m_W6rgFAmnQ

Vídeo: misiones soviéticas hasta la hazaña de Leonov (en formato videoclip)

https://www.youtube.com/watch?v=157LvmWpCws

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