Tanques para uso externo e interno

El viceprimer ministro Dmitri Rogozin.

El viceprimer ministro Dmitri Rogozin.

El viceprimer ministro Dmitri Rogozin, quien supervisa en el gobierno ruso la industria de la defensa militar, ha discutido en su Twitter con el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, el general de ejército Nikolái Makárov. Reprochó a este último que en la rueda de prensa con los periodistas moscovitas hubiera declarado que el Ministerio de Defensa iba a suspender durante cinco años la adquisición de tecnología blindada para las tropas de tierra. “El jefe del Estado Mayor no es el único que toma decisiones respecto a la adquisición de armamento y tecnología militar. El Ejército y la Marina irán renovando su equipamiento según los planes previstos”, escribió Rogozin en su blog.
El viceprimer ministro Dmitri Rogozin

Además, el viceprimer ministro declaró que “si el jefe del Estado Mayor tenía quejas contra los tanques u otro tipo de tecnología, podría haberlas expresado dentro del ámbito profesional, a nuestros ingenieros y proveedores”. Con un auténtico todo de reconvención, Rogozin advirtió que “no está bien que los jefes militares lleven a cabo debates sobre la ciencia y la industria militar a través de los medios de comunicación. Hay muchas otras maneras de resolver estas cuestiones”.

¿Qué es lo que irritó tanto a este periodista de formación, exrepresentante ruso ante la OTAN y constante promotor del diálogo abierto entre militares, políticos y la sociedad? ¿Es que el jefe del Estado Mayor ha descubierto por casualidad algún gran secreto de Estado que sólo puede ser debatido dentro de un círculo de confianza?

Nada de eso.

Nikolái Makárov, general de ejército, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas

El general Makárov no ha revelado ningún secreto. Es más, tampoco ha dicho nada nuevo. El hecho de que el Ministerio de Defensa haya dejado de comprar tecnología blindada, incluyendo los tanques, es ampliamente conocido desde hace tiempo. Los militares ya han criticado en más de una ocasión a los productores de esta tecnología. Lo han hecho tanto el ministro de Defensa Anatoli Serdiukov, como su ex viceministro y actual jefe de la Agencia Espacial Rusa Roskosmos, Vladímir Popovkin, el comandante del Ejército de Tierra, coronel general Alexánder Póstnikov y otros jefes militares. Del mismo modo que Rogozin critica a Makárov en esta ocasión, los militares siempre fueron criticados por los representantes de la empresa estatal Rosoboronexport y por el Comité de Cooperación Técnico-Militar con los Países Extranjeros, e incluso por algunos miembros del gobierno. Les culpaban de minar el prestigio de la tecnología militar rusa ante los compradores internacionales y, prácticamente, de estar trabajando a favor de nuestros competidores occidentales y chinos. Todo lo cual, por supuesto, de ninguna manera es cierto.

Los especialistas que adquieren y utilizan tecnología militar rusa o cualquier otro producto análogo, conocen muy bien sus puntos fuertes y débiles, sus ventajas y sus defectos. Es prácticamente imposible “abrir los ojos” a un general indio o, digamos, venezolano respecto de los puntos vulnerables, pongamos el ejemplo, del vehículo de combate para infantería BMP-3 o del carro de combate principal T-90S. Se dan cuenta perfectamente de qué es lo que funciona bien o incluso muy bien en un vehículo militar y qué es lo que no va tan bien. Para ello no necesitan leer los periódicos o ver qué se dice en la televisión al respecto. Ningún medio de comunicación es capaz de incrementar sus conocimientos ni su experiencia. Igualmente ocurriría con la opinión de algún interesado, aunque tuviera cierta autoridad, sobre algo que los especialistas conocen mejor que nadie.

Pero lo interesante no es eso. Los especialistas valoran las características tácticas y técnicas y la eficacia en combate de un tipo u otro de vehículo militar no de forma general, fuera de contexto, sino en relación con la tecnología que pueda disponer un enemigo potencial, lo que éste pueda adquirir en el futuro, cómo se adapta esa tecnología que se pretende comprar a la táctica contemporánea de combate y a los sistemas armamentísticos de los que ya dispone este ejército… Hay muchas circunstancias externas que influyen en la elección de un tipo u otro de armamento. Existen también preferencias de corte político y de gustos, igual que una tendencia hacia ciertos sistemas, países y productos concretos. Otro factor que juega un papel bastante importante en el mercado internacional del armamento es la relación calidad-precio.

India, Argelia y Venezuela, así como otros Estados, compran con mucho gusto el tanque ruso T-90S. Valoran sus características táctico-técnicas, es decir, la potencia de su motor, su velocidad y su capacidad de superar cualquier obstáculo, así como su armamento, suministros, equipamiento electrónico de a bordo y el calculador balístico instalado en el visor, e incluso lo prefieren por otras características que superan la tecnología de combate análoga de sus vecinos. Más aún, es un tanque de fácil reparación, que se puede actualizar y ensamblar en una planta local. Demostró su alta calidad de combate y explotación en el Cáucaso Norte y durante la agresión georgiana de agosto contra los pacificadores rusos en Osetia del Sur. Además, su precio, con más o menos las mismas características, es algo menor que el del Leopard alemán, el Leclerc francés y el Abrams estadounidense.

Sin embargo, el ejército ruso ya tiene en sus depósitos más que suficientes Т-90S, Т-80U o Т-72V modernizados. De éstos sólo se necesitan 2.500 unidades, mientras que nosotros ya tenemos alrededor de diez mil. Lo mismo ocurre con los carros blindados y los vehículos de combate de la infantería. ¿Qué sentido tiene comprar más? Por eso los generales rusos decidieron dejar de comprarlos de momento, concediendo a los principales ingenieros y a los directores de las empresas correspondientes cinco años para elaborar nuevos diseños. Ellos piden a los productores propuestas novedosas, algo que no tengan ni los estadounidenses, ni los alemanes, ni los franceses. Algo que se pueda utilizar en nuestro ejército y también exportar en el futuro. Vender a los amigos y a los socios. El Ministerio de Defensa ha adquirido simultáneamente una pequeña partida de vehículos blindados de producción extranjera para que puedan probarse, estudiarse y aprender todo lo que tengan de bueno de cara a mejorar su configuración…

Hoy en día, las principales pautas seguidas al encargar tecnología militar también han cambiado. Es el ministro de Defensa en persona quien firma los contratos con los productores de armamento. No lo puede hacer ni el jefe del Estado Mayor ni ningún otro jefe militar. Pero anteriormente a la firma, en una reunión de la comisión interministerial, el comandante de una clase de tropas o un ejército concreto tiene que demostrar que necesita imperativamente adquirir uno u otro tipo de vehículos o armamento que supere con creces la producción análoga de fabricación extranjera, de manera que con él la estructura concreta de combate tenga una nueva calidad, mucho más alta. Y sólo si a este general le apoyan otros jefes militares, el contrato será propuesto al ministro.

Es decir, los generales no critican por criticar, sino que lo hacen a modo de “móvil para el progreso”. Piden que sigamos avanzando y que se creen soluciones innovadores para el diseño de la futura tecnología de combate. El hecho de que Dmitri Rogozin defienda a los trabajadores de la industria militar rusa también es más que comprensible. Se aproximan las elecciones para elegir al nuevo presidente de Rusia y Rogozin, quien además es dirigente político, tiene que demostrar a sus tutelados que el gobierno le apoya. Una estrategia electoral como otra cualquiera.

Víctor Litovkin es editor jefe de Nezavísimoie Voiénnoie Obozréniye (Observador Militar Independiente)

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