Los diamantes de Kazán

Foto de Getty Images / Fotobank

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Investigadores de Kazán han hecho realidad el sueño de cualquier alquimista: convierten las piedras baratas en caras y las caras, en piedras de valor incalculable. Su descubrimiento es capaz de cambiar la situación en el mercado de piedras preciosas, ya que no es posible distinguir las piedras artificiales de las naturales, ni siquiera a través del examen de un experto. Los resultados más sorprendentes se han conseguido con los diamantes.

La transformación de la piedra se realiza a través de la implantación de iones cromóforos en su matriz con ayuda de un acelerador de iones. Si traducimos el lenguaje de la física al del dinero, comprensible para todo el mundo, significa que cualquier mineral barato y poco vistoso, por ejemplo, un cuarzo o un berilo, se puede convertir en un precioso zafiro o rubí.

“En condiciones naturales, los minerales y los yacimientos se forman durante miles, y muchas veces, millones de años”, comenta Oleg Lopatin, profesor de la Universidad Federal de Kazán. “Mejorando las características decorativas de varios minerales hacemos lo que la naturaleza ha dejado sin hacer”.

La piedra teñida con ayuda de la nanotecnología no se convierte en una piedra artificial, a diferencia de la zirconita, un diamante creado en el laboratorio. Los investigadores de Kazán han enviado los frutos de sus experimentos a varios expertos y todos ellos aseveraron que se trataba de piedras naturales.

Aunque los resultados más sorprendentes se han conseguido en el proceso de tinción de los diamantes, comunica Rustam Jaibullin, investigador senior del laboratorio: “Hemos utilizado diamantes de Yakutia, inicialmente incoloros. Les hemos introducido iones de helio, un elemento inerte y hemos conseguido colores que van desde el amarillo brillante, al coñac e incluso el negro. Los diamantes de colores son extremadamente raros, sólo hay uno por cada millón de diamantes transparentes. El precio de una pieza puede superar los 225.000 euros por quilate, es decir, 60 veces más que un quilate de diamante incoloro. Como nuestra tecnología no es cara, el precio de ambos tipos será el mismo”.  

Oleg Lopatin continúa: “No nos dedicamos a la actividad empresarial, nos interesa la ciencia. Por otro lado, el conocimiento no es estático y dentro de unos cinco, diez o incluso cien años otros investigadores conseguirían el mismo resultado. Preferimos darle prioridad a nuestro invento y hacer que surja una nueva marca: los diamantes de Kazán”.

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