Presente y futuro de la ciencia rusa

Foto de Itar Tass

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Con motivo de la celebración del Día de la Ciencia, el pasado 8 de febrero, Medvédev recibió en el Kremlin a un grupo de jóvenes investigadores. El presidente entregó a estos prometedores profesionales varios premios nacionales por valor de unos 64.000 euros. El apoyo financiero es una de las medidas más importantes para prevenir la salida en masa de investigadores fuera del país.

La fuga de cerebros es un problema serio al que se enfrenta Rusia. Entre los motivos que se mencionan para la emigración, destacan la insatisfacción con la situación económica personal, la caída del prestigio de la ciencia y la educación, y el envejecimiento del equipamiento técnico. Conviene mencionar que los investigadores que emigran son cada vez más jóvenes. Si bien antes la mayoría se marchaba después de haber terminado la tesis doctoral, actualmente muchos están dispuestos a abandonar el país inmediatamente después de haber conseguido una licenciatura. En gran medida esta situación la ha provocado el hecho de que Rusia haya adoptado el plan Bolonia,  el proceso de adhesión finalizó en 2011. Según algunas investigaciones sociológicas, más del 10% de los estudiantes  de las universidades técnicas más prestigiosas de Moscú han recibido ofertas concretas de universidades, empresas y entidades públicas occidentales. Sin duda alguna, a estas últimas les resulta mucho más ventajoso contratar especialistas ya formados que tener que proporcionarles una formación adicional in situ. Por otro lado, la competencia se hace cada vez más intensa, incluso entre los propios potenciales empleadores de Occidente.

Últimamente, las empresas rusas también se están mostrando cada vez más activas en esta lucha por contratar extraordinarios jóvenes rusos. Y lo que es aún más significativo, también lo hace el el propio Estado. La semana pasada, cinco representantes de la comunidad científica pudieron sentir personalmente en el Kremlin el interés del estado por su trabajo. Entre los galardonados se encontraban dos investigadores de San Petersburgo, Pável Kovaliov y Víktor Orlov, inventores de una tecnología de producción de aceros extra sólidos y resistentes al frío para oleoductos y plataformas de sondeo en el Ártico. Se calcula que el beneficio económico de sus invenciones asciende a varios miles de millones de rublos. Otro investigador galardonado, el moscovita Andréi Raigorodski, ha hecho grandes avances en el ámbito de las matemáticas discretas. Miles de usuarios de internet podrán disfrutar de la aplicación práctica de sus investigaciones. Un buscador ruso está utilizando las ideas de Raigorodski para luchar eficazmente contra el spam. El físico moscovita Vladímir Kómlev ha sido premiado por haber creado materiales cerámicos y composites. Estas sustancias sintéticas se utilizan en medicina para sustituir tejidos óseos ya que no son rechazadas por el organismo humano. El especialista en cristalografía Alexánder Blágov fue galardonado por haber elaborado una línea totalmente nueva en la óptica de rayos X, utilizada para crear una nueva clase de aparatos de medición de alta precisión.

Finalizada la ceremonia, Dmitri Medvédev añadió: “Nuestro país siempre ha sido conocido por su brillante tradición científica. Ahora lo más importante es no perder a la joven generación de investigadores. Hay que crear las condiciones adecuadas para que los licenciados con talento no tengan que plantearse la necesidad de elegir entre ciencia y empresa privada”. 

Los galardonados de 2011 son miembros de la misma generación de investigadores, y les ha tocado vivir en una época muy complicada. Para ellos, el premio del presidente no sólo representa el reconocimiento de sus méritos, sino también una confirmación más de que han elegido el camino correcto.

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