Moda soviética al rescate de la industria textil rusa

“Moda” y “soviética” suenan juntas como “lunes” y “tropezón”: una antítesis imposible. Sin embargo el interés por la ropa de las abuelas también ha llegado a Rusia y la palabra “retro” se ha consolidado como llave mágica corazones y mercados.

Veintiún años después del izado de bandera la industria de la moda rusa no termina de arrancar mientras que la nostalgia por referentes del pasado continúa en auge. No es pues anecdótico que muchos diseñadores hayan retomado patrones antiguos para sus nuevas colecciones, ni que el número de tiendas “vintage” esté en continuo aumento.

Este vídeo de Russia Today trata el tema

“Yo también lo he notado, tanto por lo que se ve en la tele como en la calle, que no siempre es lo mismo”, asegura Lidia Ivanovna, petersburguesa de 81 años y antigua profesora de psicología. “No es sólo la moda, sino toda la cultura en general parece volver a lo clásico, no sólo lo soviético sino lo clásico. No obstante, creo que es pasajero, porque la gente joven no sabe lo que fue la URSS; diría que es una moda que dura varias sesiones”, añade.


Entre las nuevas generaciones de rusos los atributos políticos asociados a determinados símbolos y prendas han sido sustituidos por una memoria imaginada (en el mejor de los casos), o distorsionada (en el más común). Así, el renovado interés por la moda en Rusia no sólo se limita a productos orgánicos, o colas kilométricas para ver exposiciones sobre Coco Chanel, sino también por prendas antiguas con ciertos elementos identitarios.
Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en el diseñador Denis Simachev, quien combina elementos y motivos tradicionales con prendas contemporáneas. “Estamos de acuerdo en que ha aumentado el interés por la ropa soviética, y en gran parte se lo debemos a gente como Denis Simachev”, explican Kate y Alex, gerentes de OFF, una de las boutiques vintage referentes en Rusia.


“Lo que mueve a la gente a comprar vintage es una orientación correcta en medio de este desproporcionado mundo moderno, además de unos valores adecuados aprendidos en la niñez y cierto deseo de experimentar”, añaden Kate y Alex, para concluir: “En cualquier lugar donde haya seres razonables se reclamarán prendas antiguas. A nosotros tampoco nos sorprendería que mañana aterrizaran unos extraterrestres y compraran vestidos de crespón chinos”.



Entre Moscú y San Petersburgo se organizan cinco pasarelas de moda por estación, lo que puede hacer pensar en un “El Dorado” de la industria textil rusa. Sin embargo, la investigadora Ekaterina Kalinina, de la Universidad Södertörn de Estocolmo, apunta que conglomerados extranjeros copan este mercado, y que –a pesar de ciertos signos de recuperación en la actualidad- este sector no ha vuelto a ver el sol tras la caída de la URSS.

Entonces la industria textil rusa disfrutaba del patrocinio de un gran estado, el cuál planificaba, ordenaba y financiaba lotes que se contaban por cientos de miles. No obstante, también existían otras modas soviéticas más allá de la oficial, como la del mercado negro o la que se producía en casa.

Es precisamente esta manufactura casera y amateur la que puede tener mayor interés: las mujeres soviéticas demostraban alta imaginación y dedicación, ya que al esfuerzo diario de un trabajo poco remunerado se sumaba la escasez de buenos materiales y patrones.

¿Cómo vestían los moscovitas en los 60?

El propio entendimiento de la moda también evolucionó en la URSS. Durante los años veinte la atención por las apariencias y el buen vestir podía ser motivo de persecución social por “frívolo” y por “NEPista” (especuladores entre los mares revueltos de la nueva política económica leniniana).


En los treinta cambió, e incluso la palabra moda comenzó a aparecer en la prensa si bien siempre entre comillas. Además en 1936 fue inaugurada la primera Casa de Modelos (Dom Modelei) en Moscú, abriéndose cuatro más antes de la guerra: Leningrado, Novosibirsk, Yekaterinburgo y Rostov del Don.


Muy contrariamente a lo supuesto, los patrones y diseños expuestos en la Dom Modelei no era nada pacatos. La diseñadora italiana Elsa Schiaparelli fue invitada a la inauguración en Moscú, y tras el evento explicó: “yo siempre opiné que la ropa de la gente trabajadora debe de ser simple y práctica, pero lo que he visto aquí es una orgía de pliegues y ornamentos”.


No obstante, una cosa eran los vestidos de seda a tonos pastel expuestos en las revistas, y otra bastante distinta lo que en verdad se producía. Así, la primera fábrica textil soviética (simbólicamente llamada Primero de mayo) recibió el encargo de producir 75.000 vestidos, 85.000 faldas y 39.000 blusas, todas ellas blancas y de algodón, porque era el único material disponible a comienzos de los años treinta.


Reportaje sobre uno de los diseñadores soviéticos:

En los cuarenta la producción textil estuvo marcada por la guerra, y sólo tras la muerte de Stalin y el deshielo de Jrushev floreció un nuevo interés por las apariencias, reflejado por entonces a través de coloridas inspiraciones étnicas.


Aun así, los caminos post-colonialistas no pudieron reconducir la maléfica influencia del imperio, y en los sesenta la sociedad soviética fue afectada por el fenómeno “stilyagi”, una corriente hedonista que puso de moda los sombreros de cowboy, el cuero, los pantalones ajustados de Elvis y nombres como “Mike” y “John”.


El movimiento fue socialmente reprimido, aplicándosele la moralizadora etiqueta de “víctimas de Occidente”, pero la mejora en las condiciones de vida y al aperturismo ideológico abrió las puertas de nuevos espacios de ocio. Incluso aparecieron revistas de moda como Rabotnitsa (trabajadora), que incluía una columna de consejos estilísticos significativamente titulada “Mírese, por favor” (Posmotrite na sebya, pozhaluista!).


Cierto es que comprar una falda podía llevar horas de cola ¡y qué falda!, pero tras el vigésimo segundo congreso del PCUS en 1961 el soviet supremo apostó por la producción de bienes. Desde entonces, la por entonces deficiente industria textil soviética creció hasta desbordar en el mercado negro.


Además de algodón (oro blanco uzbeko), también estaban disponibles ciertos materiales sintéticos obtenidos en aventurados procesos químicos, como cuenta Natalya Novikova, quien trabajó en una fábrica textil durante los setenta: “no era casualidad que los trabajadores de estos departamentos se retiraban a los 45 años de edad”.


En la URSS se hacían desfiles de ropa de invierno como estos:

El interés por la moda acabó por dar fruto en los 70, y en casi todas las repúblicas de la URSS y países del bloque se publicaban revistas con modelos, patrones de costura y consejos. Las más famosas y influyentes fueron “Burda”, hecha en Alemania del Este, “Silhouette” en Estonia, “Moda i Vremya” y “Zhurnal Mod” en Rusia, “Banga” en Lituania y “Rizhskie mody” en Letonia.


Los ochenta apuntalaron definitivamente el histrionismo de la moda rusa, y diseñadores como Valentin Yudashkin pusieron la “Soviet Fashion” en el mapa mundial del arte del consumo.


Como cuenta Pelevin en Generación P, unos vaqueros dejaron de ser unos pantalones para convertirse en una actitud ante la vida. No obstante, el homo sovieticus no sólo vestía de negro sino también en tonos pasteles, como podemos ver en este curioso anuncio de la época:

Trajes-chaqueta de esta calaña todavía se ven en Rusia, y no sólo.


Durante muchos años la única opción de la mujer soviética para distinguirse del resto fue el vértigo de sus tacones, quizá eso explica muchas cosas.

Para saber más:


Libros


- Djurdja Barlett, “FashionEast: The Spectre that Haunted Socialism”, MIT Press.
- Catriona Kelly, “Refining Russia”, Oxford University Press.

Lugares donde comprar artículos soviéticos


http://offoffoff.ru/
http://www.frikfrak.ru/
http://www.denissimachev.com/
http://www.sovietvintageuk.com/soviet-fashion.html
http://www.etsy.com/shop/sovietvintage

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