La rebeldía de Kuprín

Alexánder Ivánovich Kuprín (1870- 1938), tal y como señalan los expertos, contribuyó junto a Maxim Gorki e Iván Bunin a la renovación de la literatura rusa hacia el realismo y más tarde, hacia el realismo socialista. Su novela El duelo es una de sus novelas más representativas.

Su padre trabajaba como funcionario raso de la ciudad de Narovchat (provincia de Penza) y murió de cólera cuando Alexánder Kuprín apenas había cumplido un año de edad. Su madre, una aristócrata tártara venida a menos, se vio obligada a vivir con su hijo en la Casa de viudas de Moscú.  El joven Alexánder se formó en academias militares. Se graduó en 1890 y se retiró para dedicarse a la escritura en 1894.  La vida militar dejaría una marca indeleble en su vida, tal y como se refleja en El duelo, novela que hace unos meses publicó Nevsky Prospects, una editorial que lleva dos años trabajando por difundir la buena literatura rusa.

En El duelo, Romáshov, subteniente de infantería y trasunto del propio Kuprín, describe el tedio, la violencia, las novatadas y la escasa solidaridad que reinaba en el ejército zarista durante los años previos a la Revolución, donde los soldados se vanagloriaban sin pestañear de su hombría y crueldad. Los superiores desprecian a los de rango inferior, campesinos de caras monótonas e inexpresivas que en sus lugares de origen deben soportar una vida de  sacrificios, y que en el ejército ingresan en un batallón alienante.

Portada de El duelo de la editorial Nevsky Prospects

En el otro lado los civiles también son vistos con desprecio por la mayoría de los militares.  La ciencia, el arte y el trabajo manual no interesan al hombre formado en las armas. El mundo según se describe en esta novela se divide en militares y civiles; en amos y esclavos. En este escenario descrito con un realismo brutal, destaca Nazanski, el mejor amigo del protagonista. Este suboficial es la oveja negra del regimiento, alcoholizado y marginado por el resto de sus compañeros, se siente prisionero en una institución que considera inútil y destructiva para el soldado mismo. ” (…) yo tengo que realizar cosas que no me gustan en absoluto: cumplo, bajo el yugo del temor animal, órdenes que me parecen algunas veces crueles y la mayoría de las veces sin sentido. Mi existencia es monótona como una valla y gris como el paño del uniforme de un soldado.”

El personaje alberga un único deseo: salvaguardar su individualidad por encima del espíritu colectivo. Su yo freudiano anhela la libertad. “Mi Yo es mucho más importante que todos esos conceptos sobre el deber, sobre el honor o sobre el amor. Yo ahora mismo sirvo… y de repente mi Yo dice: ¡no quiero! ¿No solo mi Yo, sino más Yos…! ¡El millón de Yos que forman el ejército!...¿Todos los Yos que habitan la tierra de repente dicen!: “ ¡No quiero! Y al momento la guerra no tiene sentido y deja de existir… Todo esto se basa en el hecho de que la humanidad no quiere o no puede decir: “no quiero”!

A los ojos de Camus, Nazanski sería su hombre rebelde, el que dice que no al poder establecido; el que se rebela al miedo y a la violencia en cualquiera de sus formas. Precisamente en la novela todo este clima de honor patrio rebosante de testosterona aboca al soldado Romáshov a enfrentarse en un duelo con el marido de su amante y que tiene un desenlace sorprendente.

Kuprín pone sobre la mesa esta forma de asesinato legitimado y los razonamientos que justifican lo que sin ambages es también un homicidio, envuelto de una estética teatral de buenas maneras. El escritor reclama la atención del lector sobre una cuestión nada baladí: hasta dónde puede llegar la indiferencia de un hombre por la vida de uno de sus semejantes.

Si el lector siente curiosidad por conocer otra faceta de la obra de Alexánder Kuprín, “el Kipling ruso” como lo llamó Nabokov,  hace apenas unas semanas la misma editorial ha publicado Sulamita. En esta bellísima obra el autor rompe con el estilo naturalista, sumergiéndonos en una atmósfera barroca llena de erotismo de su versión de El Cantar de los cantares. “Ponme como un sello en tu corazón, como tatuaje en tu brazo, porque es fuerte el amor como la muerte; cruel como la muerte son los celos; sus flechas son flechas de fuego.” 

Portada de Sulamita de la editorial Nevsky Prospects

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