Gracias, Nicolái: gracias, la Sénia

Foto cedida por Turismo del Ayuntamiento de la Sénia.

Foto cedida por Turismo del Ayuntamiento de la Sénia.

Nicolái Andréyevich Voloshenko tenía 27 años cuando una ráfaga traidora de viento de las que se producen en el valle del Ebro –y de las que seguramente él sabía poco- estampó el avión que pilotaba cuando acababa de despegar del aeródromo de la Sénia (provincia de Tarragona). Era el 4 de noviembre de 1937 y este accidente puso fin a la vida de uno de los muchos soldados soviéticos que acudieron voluntariamente a luchar en la Guerra Civil Española en defensa de la democracia.

Por deseo expreso de la familia, Voloshenko fue enterrado en el cementerio de la Sénia, pero sin identificar. En los años 90, con la democracia restablecida y las heridas de la Guerra Civil más o menos cerradas –de esto habría mucho que hablar, sobre todo en una zona como esta, donde tuvo lugar la terrible Batalla del Ebro-, el consistorio decidió instalar un monolito en el lugar donde se hallan los restos del piloto soviético.

 

En 2008, es decir, más de 60 años después de la muerte de Nicolái Voloshenko, se organizó un homenaje, con la participación de la embajada rusa, y se puso una lápida con el nombre del piloto, con la intención de “hacer justicia”, en palabras de la actual alcaldesa del municipio, Pilar Ballester, que estuvo presente en aquel acto.



Lápida homenaje a Nicolái Voloshenko. Foto de cedidas por Turismo del Ayuntamiento de la Sénia.


Es este acto de gratitud y de justicia de la Sénia con Voloshenko y con los soldados soviéticos que arriesgaron su vida en la Guerra Civil el que ahora ha recibido respuesta por parte del gobierno ruso. Y es que el embajador ruso, Alexánder Kuznetsov, en nombre del presidente Dmitri Medvédev, entregó hace unos días una placa de agradecimiento al ex alcalde de la localidad tarraconense, Víctor Pla, y al edil de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), donde también hay tumbas de soldados soviéticos muertos en la Guerra Civil.

 

El actual consistorio, molesto

 

Y este gesto ha molestado al actual consistorio seniense. La alcaldesa Pilar Ballester dice “no saber nada oficialmente” de este reconocimiento y encuentra “extraño” que se organice un acto así sin comunicarlo al ayuntamiento. Tanto es así, que el consistorio se puso en contacto con la embajada rusa para pedir explicaciones y la respuesta fue que la placa llevaba el nombre de Víctor Pla.

 

Ballester (del partido Futur per la Sénia) quiso aclarar que no tiene mala relación con Pla (PSC) –incluso gobernaron juntos en el anterior mandato- ni con las autoridades rusas, pero insistió que no veía “correcto” que no se hubiera informado al ayuntamiento.


Un campo de aviación para dos bandos


¿Qué hacía Nicolái Voloshenko en la Sénia? La razón es el aeródromo que había en el término municipal y que desde el verano pasado se ha convertido en un centro de interpretación sobre la aviación y la Guerra Civil. Muchos de los soviéticos que lucharon en la guerra de España eran aviadores, ya que las Fuerzas Aéreas de la II República no tenían suficientes efectivos, y el presidente Francisco Largo Caballero pidió ayuda a Stalin. De este modo y gracias a la “Operación X”, la URSS envió a España 772 pilotos de combate (además de técnicos aeronáuticos) y 648 aviones. Además, más de 800 españoles se formaron como pilotos de combate en la Unión Soviética.

 

El aeródromo de la Sénia tenía una ubicación estratégica, a medio camino entre Valencia y Barcelona (las últimas dos ciudades importantes que se mantuvieron fieles a los republicanos) y muy cerca de Ibiza. El 14 de abril de 1938, las tropas franquistas entraron en el municipio y el campo de aviación quedó en manos de la Legión Cóndor. Los alemanes substituyeron a los soviéticos y los aviones Heinker, Junker y Messerschmitt, a los Polikarpov y los Tupólev.

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