El verdadero frío ruso

Foto de Ilia Varlamov

Foto de Ilia Varlamov

En las regiones más orientales de Rusia, las temperaturas descienden hasta los -50 ºC en invierno, pero, de Sajalín a Vladivostok, también hay fiestas que se encargan de darle calor a la vida.

El invierno en Rusia no es tan duro como se cree; es más, es el periodo ideal para visitar este país. La nieve es bellísima, las casas tienen calefacción central y la estación más fría se ve alegrada por algunos sugerentes acontecimientos que logran crear momentos festivos.

La primera vez que aterricé en Yuzhno-Sajalinsk me quedé estupefacto cuando, ya antes de bajar del avión, se nos anunció que la temperatura en tierra era de -20ºC. Sin embargo, enseguida me iba a dar cuenta de que el frío no representaba una amenaza tan seria. Es más, yo encuentro que es muy agradable pasear en una soleada tarde de invierno: basta con ponerse la ropa apropiada. El verdadero peligro es, si acaso, el hielo que cubre las aceras.

Durante mi primer paseo por la isla de Sajalín me resbalé por lo menos diez veces en media hora. Y ¿cómo creéis que reaccionaron los hospitalarios habitantes de la isla? ¿Con empatía? ¿Con un susto? ¿Con preocupación? Nada de eso: mis caídas fueron acogidas con carcajadas. Parecía que lo que hacía que las circunstancias fuesen particularmente hilarantes era precisamente el hecho de que un extranjero terminase en el suelo.

Gracias a unos zapatos adecuados la frecuencia de mis caídas se redujo, y, además, con el tiempo, he aprendido a moverme sobre el hielo como un verdadero experto. Se cuenta que por los pasillos de los hospitales pulula una multitud de “torpes” extranjeros que se ha roto una pierna. Conmigo el destino se ha mostrado más misericordioso, incluso cuando probé por primera vez la experiencia del esquí extremo.

Sajalín está envuelta en una manta de nieve desde noviembre hasta finales de abril. En este periodo la superficie de los ríos y lagos se hiela, y pocas semanas después de que empiece el invierno es posible dar largos paseos sobre estos espejos de agua. Y, gracias a los grandes témpanos de hielo que llegan flotando desde la costa septentrional de la isla, también es posible pasar la noche en una tienda de campaña en medio del mar.

La bahía de Tihaya era mi lugar preferido para dar un paseo sobre el mar de Ojotsk. Durante las noches que pasé sobre estos hielos, los vientos árticos hacían que la temperatura se sintiese incluso más gélida de lo que era en realidad.

En este lugar el invierno también es la estación de la pesca sobre el hielo. A menudo los periódicos dan noticias sobre pescadores “que se han quedado aislados sobre témpanos a la deriva”. Esto sucede porque algunas personas no les conceden la suficiente importancia a los avisos del Ministerio de Emergencias, que desaconseja pescar en determinadas zonas y de este modo, año tras año, los equipos de socorro del Ministerio se ven obligados a poner a salvo a algún pescador que ha terminado a la deriva sobre el hielo.

Si no os identificáis con el tipo de persona que adora estar al aire libre y os preguntáis cómo hacen las ciudades para enfrentarse a temperaturas tan extremas, debéis saber que en el invierno 2006-2007, sobre Sajalín se abatieron hasta cuarenta y dos ciclones, y que, durante todo este periodo, si la memoria no me falla, la ciudad nunca se quedó a oscuras, sin calefacción o sin agua caliente. Las escuelas, la universidad, las oficinas y la vida en general continuaban como de costumbre, independientemente de las condiciones meteorológicas. Una cosa es cierta: la mayor parte de las veces la gente dejaba el coche en casa para evitar conducir sobre el hielo, pero, para compensar, los taxis no paraban ni un instante.

Se cerró el aeropuerto, pero el servicio de ferries que conecta la isla con el continente solo se vio interrumpido durante alguna nevada especialmente fuerte. Cuando se enteran por la televisión que el aeropuerto de Heathrow permanece cerrado porque han caído cinco centímetros de nieve, los habitantes de las regiones situadas en el extremo oriental de Rusia se echan a reír.

Incluso si los moscovitas y aquellos que viven en la parte central de Rusia consideran que el invierno de Sajalín es “extremo”, los habitantes de las regiones orientales tienen una opinión diferente.

En la ciudad portuaria de Vladivostok no nieva demasiado, pero los vientos gélidos que soplan desde el Pacífico son tan impetuosos que se llevan a las personas; en algunos ocasiones han llegado a levantar coches. Y si en Jabárovsk encontré una temperatura era de -36º, fue en Komsomolsk del Amur donde, un día de diciembre, experimenté el frío más extremo: -43º. Tenía ropas adecuadas, y me las arreglé bien. Por el contrario, mis amigos rusos terminaron con la barba helada y, tras un paseo por la orilla del río, estaban extremadamente contentos de poder volver al calor de sus casas.

Un pasatiempo invernal muy extendido en esta región consiste en entrar un baño ruso (bania), que está muy caliente, e inmediatamente después correr y saltar sobre nieve recién caída. El requisito consiste en no llevar nada puesto encima. Es una costumbre que yo mismo he probado durante cuatro inviernos consecutivos, sin ponerme jamás enfermo jamás. Pero también hay gente (no mucha, es cierto) a la que le gusta hacer un agujero en el hielo o en el mar para nadar dentro. Como la temperatura del agua es superior a la temperatura ambiente, mientras se permanece sumergido no se siente el frío. Una vez que se sale del agua, la adrenalina mantiene el cuerpo caliente hasta que uno se vuelve a vestir completamente.

A hacer que el invierno ruso sea inolvidable contribuyen algunas fiestas que tienen lugar en este periodo. Se saluda al Año Nuevo con grandes fastos (incluso si hoy en día se ha vuelto un acontecimiento demasiado comercial). Todas las ciudades se adornan con decoraciones y un enorme árbol de Año Nuevo. En Jabárovsk y Yuzhno-Sajalinsk se realizan esculturas de hielo, por las que son célebres ambas ciudades. Muchos rusos que viven en el extremo oriental del país me han dicho que no pueden imaginarse tener que celebrar el Año Nuevo sin nieve.

También en invierno cae otra fiesta importante: el Día Internacional de la Mujer. En esta ocasión, en la Rusia capitalista, las rosas para regalar a “las mujeres más bellas del mundo” suben una barbaridad y, durante la primera semana de marzo, no es raro ver pétalos diseminados por la nieve. En febrero se celebra también el “Día del Hombre” y en marzo se festeja “Maslenitsa” o carnaval ruso, para saludar la llegada de la primavera.

Como en estas regiones el invierno tiende a ser largo, a menudo se puede oír, ya en las frías tardes de febrero, skoro budet leto, “el verano llegará pronto”. Sin embargo, a pesar de su duración, el invierno en esta región es un fenómeno único y maravilloso, el periodo perfecto para ver Rusia en toda su (blanquísima) gloria.

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