Parar a un paso del caos

Yevgueni Primakov. Foto de Itar Tass

Yevgueni Primakov. Foto de Itar Tass

La decisión de Rusia y China de vetar la resolución sobre Siria está fundamentada en argumentos serios.

La posición de dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, la Federación de Rusia y la República Popular China, respecto a la resolución siria está perfectamente fundamentada. En un principio, Rusia y China proponían acercarla lo máximo posible a la realidad existente, ya que de ello podía depender su eficacia, sin oponerse de raíz a la aprobación  en el  Consejo de Seguridad. Se trataba de excluir la exigencia relativa a la dimisión del presidente elegido legítimamente Bashar el Assad, una cuestión inaceptable desde el punto de vista del derecho internacional, y al mismo tiempo, evitar responsabilizar del derramamiento de sangre a una sola parte del conflicto exclusivamente, es decir, al gobierno sirio, sin implicar políticamente a la otra facción. La preocupación también provenía por algunas cláusulas de la resolución propuestas por varios estados occidentales y árabes. Estas cláusulas, tal y como han demostrado los acontecimientos en Libia, podrían utilizarse para llevar a cabo una intervención armada en Siria. Por lo que veo, Rusia y China no han querido dejarse engañar por segunda vez. Hace poco EE UU pidió no vetar la resolución de la ONU sobre Libia, presentándola simplemente como la exigencia de cerrar el espacio aéreo del país para evitar que los golpes de la aviación de Gadafi afectasen a la población civil. En aquella ocasión, la parte “poco clara” de la resolución de la ONU fue utilizada sin cortapisas para derrocar al régimen de Gadafi.

¿Qué es lo que se esconde detrás de esta posición antisiria? Principalmente, este país se ha convertido en una víctima por haberse acercado a Irán. La destitución del régimen actual es, por tanto, parte del plan que tiene como fin aislar al régimen de Teherán. Hay que decir que el acercamiento de Damasco al país persa se debe a la falta de soluciones en el conflicto árabe-israelí. Recuerdo que en una de mis conversaciones con Hafez Al-Assad, padre del actual presidente, éste me dijo que iba a hacer todo lo posible para no quedarse solo en un “cara a cara con Israel”. La falta de regulación en un peligroso conflicto como el de Oriente Próximo, con una incesante tendencia a pasar al estado de crisis, empujó a Damasco a crearse “por si acaso” una retaguardia iraní.

¿Por qué los países árabes, en su mayoría, también han adoptado una posición contraria a Bashar el Assad? Creo que en este caso las contradicciones entre las dos principales tendencias del islam, los sunitas y los chiítas, han tenido un peso importante. Las discrepancias han aumentado especialmente a raíz de la operación militar estadounidense en Irak. Por lo que respecta a las autoridades sirias, pertenecen en su mayor parte a una facción denominada alauita, cercana al chiismo. A su vez, dentro de la Liga Árabe, compuesta en su gran mayoría por “estados sunitas”, han aparecido reticencias respecto a la formación de una “franja chiita”, que iría desde Irak hasta Líbano pasando por Irán y Siria.

¿Qué podría ocurrir si se diese el derrocamiento del actual régimen sirio? Me gustaría que los autores del proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU rechazado en la votación se planteasen esta pregunta. Ya existen ejemplos muy elocuentes de las consecuencias que puede provocar una política irresponsable en Oriente Próximo y en el Norte de África. Es necesario contar con un esfuerzo colectivo ante este tipo de políticas, resulta imprescindible para no dejar que la situación degenere en caos, guerras civiles y, finalmente, lleve al fracaso las tan necesarias medidas de regulación del conflicto árabe-israelí.

Yevgueni Primakov ha sido director del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (1991-1996) y primer ministro de Rusia (1998-1999).

Versión completa del artículo - http://rg.ru/2012/02/06/primakov.html

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