Davos 2012: el renacer de Europa

Foto de Itar Tass

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El domingo finalizó la Asamblea Anual del Foro Económico Mundial de Davos. Este año el estado de ánimo que reinaba en la mayor comuna suiza del cantón de los Grisones era muy diferente al de años anteriores. La mayor sorpresa fue comprobar hasta qué punto se habló menos de la fase aguda de la crisis en comparación con la edición del año anterior. En esta ocasión, la mayoría de las intervenciones se dedicaron a los problemas y a las previsiones a largo plazo.

La situación en Europa

Ángela Merkel realizó el pronóstico más importante sobre el futuro de Europa. Su discurso se basó en la necesidad de llevar a cabo reformas estructurales. Según la gobernante germana, la competitividad de las economías europeas sólo se puede mejorar a través de la reforma del mercado de trabajo, la disminución del gasto público ineficiente y la reducción del sector público.

Antes de la crisis era difícil imaginar que, por ejemplo, Portugal pudiera llegar a reducir considerablemente tanto el número de funcionarios como sus salarios. El sector público suponía el 15% del total de la población activa portuguesa, y sus sueldos eran un 45% más altos que los del sector privado. Sin la crisis, tal reducción de la economía pública hubiera sido políticamente irrealizable. Presionado por la situación, Portugal llevó a cabo la que quizás haya sido la mayor reforma del sector en las últimas décadas, anulando los repartos de beneficios y bajando los sueldos de los funcionarios públicos. Es de suponer que este tipo de reformas sin precedentes aumentarán, aunque no en un instante, la eficacia de la economía y sus perspectivas de crecimiento.

Podrían aducirse ejemplos análogos de reformas estructurales forzosas para paliar la crisis en España, Irlanda o Grecia. Aún más importantes han sido las exitosas transformaciones realizadas en los países bálticos, exitosas y por eso olvidadas de inmediato. Más aún, una de las causas del bajo nivel de desempleo y la alta competitividad de Alemania han sido precisamente las reformas de finales de los años 90 y principios de los años 2000, incluidas las reformas del mercado laboral.

Por lo tanto, no es de extrañar que la crisis empuje a los países de la periferia europea a cambiar radicalmente sus economías siguiendo el ejemplo de sus vecinos con más exito. Además, se está creando antes nuestros ojos una unión fiscal en la práctica, en la que a cambio de ayuda financiera y reestructuración de la deuda, los países periféricos se comprometen a llevar a cabo una política tributaria mucho más conservadora.

Sin embargo, en la intervención de Merkel hubo una muy mala noticia para el euro, cuya relevancia no apreciaron la mayor parte de los medios de comunicación. Merkel declaró que Alemania estaba dispuesta a defender el euro, salvo que ello supusiera una amenaza de crisis financiera para la propia Alemania. Es una posición radicalmente diferente comparada con la que mantenía Merkel en su intervención en el Foro de Davos de hace un año, cuando tanto ella como Nicolás Sarkozy juraron que iban a defender el euro “hasta el final”.

¿Qué significa el apoyo a las reformas estructurales, por una parte, y la decisión de Alemania de no defender el euro en caso de que los acontecimientos se desarrollen según el peor de los escenarios?  Se trata de la vuelta al realismo. Ahora es evidente que los recursos presupuestarios de Francia no son ilimitados. También está claro que Alemania podría toparse con los mismos impedimentos dentro de muy poco. La época de las sutiles contenciones presupuestarias se ha terminado. Ya no existe una fuente ilimitada de recursos para salvar a los miembros irresponsables de la zona euro. Por eso, si el euro sobrevive, y es algo que ocurrirrá con toda probabilidad, Europa entrará en un período de renacimiento de su crecimiento económico y éste será más rápido que en los últimos veinte años.

 La situación en EE UU

En el Foro se habló de EE UU mucho menos de lo habitual. No es de extrañar, sus  problemas actuales son más a largo plazo. La intervención más importante en el Foro acerca de los problemas de Washington ha sido la entrevista de media hora con Timothy Geithner,  ministro de Finanzas. Parte de su intervención resultó ser el típico discurso político sobre la mejora de la economía. Sin embargo, Geithner se vio obligado a reconocer una serie de problemas fundamentales: el alto nivel de paro, el alto nivel de pobreza y desigualdad y, lo que es especialmente importante, los problemas políticos y sociales, incluida la pérdida de la fe en la movilidad económica de la mayoría de los norteamericanos.

Geithner no propuso soluciones convincentes para estos problemas. En primer lugar habló de aumentar impuestos a los ricos y luego acusó a China de ser la culpable de los problemas estadounidenses.

Los problemas de la economía estadounidense a largo plazo, es decir, el alto nivel de desempleo y la deuda pública, son muy importantes. Aún más peligro suponen la tensión social (y por consiguiente, la polarización de la sociedad) y la inestabilidad política, ya que provocan que los problemas económicos tengan una solución próxima.  A diferencia de lo que ocurre actualmente en Europa, donde la crisis empuja a tomar decisiones complicadas desde el punto de vista político, en  Estados Unidos no existe de momento una coalición política para resolver los problemas a largo plazo. En este sentido, EE UU se parece cada vez más a la “vieja” Europa en la que los problemas políticos se convierten en barreras para el crecimiento económico. Seguramente siga creciendo más rápido que Europa, pero más lentamente de lo que lo ha hecho durante los últimos veinte años.

La situación en China

Prácticamente nadie habló de una posible crisis en China. Sin embargo, todos admiten que el gigante asiático tiene sus propios problemas: las fuentes de crecimiento a medio plazo están sin definir, la corrupción y la polarización de la población aumentan, el proteccionismo es un hecho y existe la posibilidad de entrar en una guerra comercial con EE UU. Sin embargo, lo más probable es que China no ralentice su ritmo de crecimiento, al menos a corto plazo. Uno de los comentarios más interesantes e inesperados se dio en la sesión titulada “Incertidumbre: dólar, euro, yuan”. Aparentemente, China no pretende que el yuan se convierta en una divisa de reserva en los próximos diez años.

El motivo consiste en que las autoridades chinas recelan de que el yuan, como divisa de reserva, se convierta en un potencial desestabilizador de la economía. Por ejemplo, la “huida hacia el yuan”, con posibles futuras crisis fuera de China, podría conducir a un fortalecimiento brusco de esa moneda y, por tanto, a problemas en la economía real. Este comentario demuestra que, desde el punto de vista de la administración china, al menos en los próximos diez años las ventajas del yuan como divisa de reserva son menores que los potenciales riesgos de las divisas. Nuestra previsión es que China seguirá cumpliendo su 12º plan quinquenal, el principal programa económico del país, que supone la transición desde un crecimiento económico basado en el modelo de la exportación, a un modelo del consumo interno. Mientras que la promoción del yuan como divisa de reserva, probablemente no se dé hasta que la economía china sea más equilibrada desde el punto de vista de la exportación, del consumo interno y del desarrollo de su mercado financiero.

-Serguéi Guriev es rector de la Escuela de Economía de Rusia.

-Oleg Tsivinski es catedrático de economía de la Universidad de Yale y de la Escuela de la Economía de Rusia.

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