Ansia por coleccionar

Coleccionable en ruso de la editorial RBA

Coleccionable en ruso de la editorial RBA

“Cómo hacer punto de cruz”; “Crea y decora tu casa de muñecas”; “Los mejores compositores de música clásica interpretados por la Deutsche Grammophon”. ¿Les suena? Son algunos de los productos con los que la empresa RBA se ha convertido en líder del mercado del coleccionable en España.

Aunque el grupo RBA, con sede central en Barcelona, presuma de tener el 100% de capital español, no se ha limitado al mercado local y esas míticas colecciones que forman parte de nuestra memoria colectiva –y muchas otras nuevas- también se comercializan en 48 países y en 12 idiomas diferentes. Desde 2009, cuando la compañía decide acelerar su proceso de internacionalización, sus productos están presentes en Rusia, a través de un socio comercial.

“En nuestro negocio, no existen las barreras culturales”, asegura el responsable de la división internacional de coleccionables de RBA, Ramon Comella, y añade: “Nosotros trabajamos con productos globales”. Los fascículos que se fabrican en España no sólo se traducen al ruso, sino que además se adaptan a las necesidades del consumidor de acuerdo con un estudio de mercado previo, pero al final “los productos que mejor funcionan en España o en los países mediterráneos son los mismos que funcionan bien en Rusia”.

El primer lanzamiento para el mercado ruso fue la colección de minerales y la respuesta del público fue “muy muy buena”, recalca Comella y a continuación afirma que “sabíamos que funcionaría bien” porque las otras grandes empresas internacionales del coleccionable también están haciendo el agosto en la Federación Rusa. Después de los minerales, pusieron a la venta los fascículos del cuerpo humano, los insectos o los desafíos matemáticos, y todos se están vendiendo muy bien.

Para cuantificar este éxito, Ramon Comella nos da un dato: hay colecciones de RBA que las completan 50.000 personas de principio a fin y “esto es muchísimo”. Y es que las cifras en Rusia son “enormes”. Se trata de un mercado muy nuevo, muy competitivo y con muchas posibilidades, con muchísimos consumidores –que además van aumentando de año en año-, y con la capacidad de absorber, tanto productos clásicos (El cuerpo humano), como novedades (Los desafíos matemáticos).

El perfil de consumidor es muy variado: lo hay urbano y lo hay rural (sólo hace falta que tenga un punto de venta cercano); de todas las edades y de diferente nivel sociocultural, en función del coleccionable en cuestión. A diferencia de España, donde actualmente los fascículos se venden básicamente en fin de semana y en compañía de los periódicos, en Rusia, la venta principal es en quiosco y sin el apoyo de la prensa.

Una de las ventajas importantes que ofrece Rusia es que la publicidad en televisión no es tan cara como en los otros países europeos en relación a la población que alcanza y una de las claves del éxito, la eficiencia en la distribución. “Las empresas de distribución son muy eficientes en la gestión y eso es básico en un país tan inmenso como este”.

Con todo ello, “Rusia se está convirtiendo en un mercado muy importante para nosotros, aunque no es el único, ya que tenemos un negocio muy diversificado”, explica el directivo de RBA. “El 2009 y el 2010 este mercado nos ha funcionado muy bien; el 2011 -tenemos que acabar de cerrar el ejercicio- también ha sido muy bueno, y los próximos años serán buenos seguro”, señala Comella. “Falta ver, una vez pasados estos años iniciales, cómo será la consolidación”, añade, pero avanza que, ante las buenas perspectivas, RBA no descarta la posibilidad de dar un paso más y vender directamente sus productos en el mercado ruso.


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