Saludos desde Rusia

Foto de Svetlana Privalova/ Kommersant

Foto de Svetlana Privalova/ Kommersant

Los usuarios del correo electrónico vuelven a utilizar el correo convencional. En enero, los participantes del movimiento internacional Postcrossing tienen previsto registrar la postal número 10.000.000 dentro del marco de esta iniciativa. Rusia ocupa el segundo lugar en el mundo en cuanto a número de participantes.

La correspondencia que nos llega al buzón suele ser publicidad. Apenas recibimos cartas, ni postales (no electrónicas). El cartero nos hace pocas visitas. Es una situación propia del siglo XXI. Sin embargo, hay personas (ya alcanzan los 278.000 en 201 países) que mandan cientos de postales por correo convencional. Se trata de los participantes del proyecto internacional Postcrossing. En Rusia hay 28.000 remitentes que ya han enviado más de medio millón de postales al mundo entero.


La idea del Postcrossing pertenece al portugués Paulo Magalhães, que siendo estudiante creó la  página web del proyecto en 2005. El primer millón de postales recibidas se registró en 2009, el noveno, en noviembre del año pasado, y está a punto de llegar al décimo. Hoy en día se envían 800 postales cada hora. Durante los últimos seis años, las postales recorrieron 52.000 millones de kilómetros en total.

 
La diseñadora moscovita Aliona Geráshchenko participa en Postcrossing  desde 2007, y ha enviado casi 2 .000 postales. Su destinataria más anciana ha sido una señora estadounidense de 96 años, y el más joven, un niño de Asia que no había nacido todavía; una mujer embarazada pidió que le enviaran una postal a su futuro hijo diciendo “¡Bienvenido al mundo!”. Antes de mandar las postales Aliona no conocía a ninguna de las dos mujeres. En esto radica lo inusual del proyecto: el destinatario es determinado por un ordenador. A veces, Aliona no sólo no conocía al destinatario, sino que tampoco sabía situar en el mapa el país al que tenía que la postal. Por ejemplo, tuvo que buscar dónde estaba Tuvalu, un estado situado en el Pacífico.

 
En la página web postcrossing.com se dice: “Si manda una postal, recibirá a cambio al menos una de otro postcrosser elegido al azar en cualquier parte del globo. Las postales provenientes de sitios exóticos permitirán convertir su buzón en una caja de sorpresas...”.

 
La página web proporciona de manera aleatoria la dirección a la que los participantes tienen que mandar la postal. Tras mandarla, reciben otra a cambio y registran la recibida en la página web. Se pueden enviar cinco postales a la vez (a partir de 50 enviadas, una más). Para participar es muy recomendable saber inglés, porque casi toda la correspondencia se lleva a cabo en este idioma. En la página se cuelgan escaneadas gran cantidad de postales del mundo entero.

 
Aliona se enteró de la existencia de Postcrossing por casualidad. Se aficionó y contagió su afición a una amiga. La contable Anna Mirónova lleva dos años en el proyecto. Por cierto, la mayoría de los participantes son mujeres y los hombres tan sólo suponen una cuarta parte del total.

 
Hay mucha gente joven, pero no se puede decir los únicos participantes sean de la generación que casi no ha conocido el correo convencional. Lo cierto es que hay gente de diferentes edades. Una vez Aliona estuvo en una reunión de postcrossers en Moscú, y le sorprendió la diversidad de personas reunidas: un biker, una abuela, una señora con un niño, una chica de doce años...

En la página web se publica una breve información sobre cada participante, de manera que el texto de la postal puede llegar a ser muy personal, aunque a veces llegan mensajes muy estandarizados: “Hola desde… Me llamo X. Esta postal representa…”. Normalmente la gente habla de sí misma: dónde vive, a qué se dedica, etc. También cuentan algo sobre su país y suelen aconsejar visitar algún lugar o probar alguna comida.

 
Un correo electrónico y una carta escrita a mano son muy diferentes entre sí. “El correo electrónico es una cosa que no tiene vida”, afirma Aliona. “En cambio, aquí ves la letra escrita por alguien e intentas comprenderla. Además, en las postales todo el mundo intenta ser breve porque las frases tienen que caber en un espacio determinado”.

 
Hace poco Anna ha comprado en una tienda online cien postales. Aliona se ha hecho con esta misma cantidad en el Museo de Correos de Helsinki. “Entré y me arruiné”, recuerda. “Aunque no es el mayor número de postales que haya comprado de una tacada”. Aliona, diseñadora gráfica, hacía antes sus propias postales. Ahora está pensando en montar un negocio, porque, según ella, se imprimen pocas y uno se ve obligado casi siempre a comprarlas fuera del país.

 
A diferencia del resto de la población, Aliona y Anna intentan no enviar postales en Navidad, ya que o bien llegarían con mucho retraso (en cualquier otra época tardan tres semanas de media), o podrían llegar a perderse. Según Aliona se pierden unas quince postales al año: “Antes de enviar una, la escaneo. En la página web, en el apartado de estadística, se ve qué postales han sido enviadas, cuáles han llegado y cuáles se han perdido. Cuando veo las que se han perdido, me da pena. Siempre son las más bonitas. Incluso a veces sospecho que se las quedan los carteros”.

 
Los participantes del proyecto son una salvación para las empresas de correos de todos los países. Por ejemplo, Correos de Holanda publicó el año pasado un sello especial dedicado a Postcrossing en señal de agradecimiento.

Puede obtener más información sobre el proyecto en http://www.postcrossing.com/  

Noticia publicada originalmente en: http://www.kommersant.ru/doc/1848456

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