Open de Australia

Se espera un duelo fraticida entre Makarova y Sharapova en la semifinal. Foto de AP

Se espera un duelo fraticida entre Makarova y Sharapova en la semifinal. Foto de AP

Los cuartos de final de un Grand Slam no es sólo el mejor resultado de la carrera de Ekaterina Makarova (si descontamos un título menor del circuito WTA en 2010), sino que supone toda una presentación en sociedad, pues lo alcanza tras eliminar contra pronóstico a la estadounidense Serena Williams, invicta en Australia desde 2008 (títulos en 2009 y 2012, baja por lesión en 2011). Makarova, nº 56 del ránking WTA y casi una veterana a sus 23 años (profesional desde los 15), se enfrentará el miércoles a la también rusa María Sharapova por un puesto en semifinales.

Makarova comenzó el partido como debe hacerlo quien sabe que juega contra la lógica: desinhibida y soltando el brazo. Ante la zozobra de Serena (17 errores no forzados), la rusa robó la primera manga 6-2 en apenas media hora de juego. Sin embargo, el cuento de hadas no iba a ser tan plácido. Williams despertó en el comienzo del segundo set, rompiendo el primer servicio de la rusa. Un momento clave para que la estadounidense recuperase el control del partido, en un guión tantas veces visto: favorita que se relaja, pierde el primer set, despierta y acaba ganando sin problemas. Pero fue entonces cuando Makarova se creció ante el escenario y rompió el guión. Devolvió de inmediato el break a Serena para recuperar la iniciativa del encuentro y ya no volver a cederla. La segunda manga se cerró 6-3 y en pocas horas la noticia de su machada en Melbourne salpicaba titulares en medio mundo.

“Esta es probablemente la victoria más importante de mi carrera. Nunca había llegado tan lejos en un Major. Pero además hacerlo en la pista central [Rod Laver], ante Serena, que ha ganado tantos Grand Slams… No es fácil resistir, así que sí, creo que es la victoria más importante de mi carrera”, declaró la propia Makarova, exultante, en una entrevista a Sovietski Sport poco después del partido. Desde un punto de vista puramente práctico, este mediático triunfo le supondrá también bastantes ‘Wildcards’, invitaciones para torneos para los que no estaría clasificada de manera directa por ránking.

Makarova (Moscú 1988, 1.78 m y 58 kgs.) comenzó en el tenis cuando apenas contaba seis primaveras, en el Club Luzhniki de la capital rusa. Su carrera profesional fue igualmente precoz y arrancó con sólo 15 años. Desde entonces, su madre, Olga, viaja con ella a todos los torneos. Sin embargo, esa celeridad en el salto al circuito profesional supuso un peaje. Los resultados tardaron en llegar y no fue hasta 2009 (cuatro años después) cuando su nombre apareció entre los primeros 100 del ránking mundial, merced a su clasificación para dos finales de torneos WTA: Estoril y Fez. 2010 vio su primera y por ahora única victoria en el circuito profesional (Eastbourne) y a mediados de 2011 alcanzó su mejor puesto en el ránking mundial hasta la fecha: 29º.


La rival de Makarova en cuartos de final será otra rusa, Maria Sharapova. La siberiana, campeona en 2008 y una de las principales favoritas en este Open de Australia, batió en octavos de final con claridad a la alemana Angelique Kerber por un contundente 6-1 y 6-2. Su camino hacia cuartos habla de un estado de forma primoroso, cediendo únicamente 5 juegos en tres partidos y, por supuesto, ningún set. La ganadora del duelo fraticida se verá muy probablemente las caras en semifinales con la checa Petra Kvitova, verdugo de Rusia en la final de la Copa Federación disputada en noviembre en Moscú.

Mientras la salud del tenis femenino ruso se mantiene vigorosa, no corren buenos tiempos en el cuadro masculino. El mejor en este Open de Australia fue Alex Bogomolov Jr, que alcanzó únicamente la segunda ronda. Con Youzhni y Andréev en clara decadencia, Safin retirado (metido a política) y Davidenko camino de acompañarle (30 años y nº 52 del ránking), el tenis masculino ruso atraviesa una etapa de vacas flacas.

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