Brindis con spritz

El spritz ha llegado a Moscú de la mano de un ambicioso restaurador italiano y pretende hacerse un hueco entre las bebidas de la ciudad.

Foto: www.bontempirest.ru


El spritz, más que un aperitivo es casi un rito, debe ser consumido en compañía y no para beber sino para hacer vida social. La bebida llega a Moscú, cruzando las fronteras nacionales en el difícil intento de derrocar al vodka.


La idea se le ocurrió a Marco Cervett, este amante de los desafíos de 36 años nacido en Alessandria y de madre rusa. En otoño del año pasado, tras adquirir “Bontempi”, el restaurante de unos amigos en el corazón de Moscú, decidió meterse de lleno en la empresa incluyendo en el menú el cóctel a base de Aperol y Prosecco (un vino blanco seco). “El secreto está en la aceituna –precisa Marco- tal como se bebe en Venecia”.


La idea de exportar el spritz tiene raíces lejanas, que se remontan al pasado de Marco, cuando todavía trabajaba en la Bienal de la Laguna. “Allí descubrí que los rusos aprecian mucho este aperitivo. En general, no lo conocen, pero cuando lo beben se enamoran”.


En este refinado local cercano a la calle Arbátskaya, el spritz cuesta 320 rublos (alrededor de ocho euros). “Obviamente, aquí es más caro. Aunque he llegado a encontrarlo a este precio en Roma y en Milán”.


Junto a la barra, algunos jóvenes beben vino, compartiendo una pizza. Muchos son italianos, inconfundibles. “A los rusos no les gusta tomarse algo en la barra, como ocurre en Italia –cuenta, disimulando la mirada dirigida al barman que forcejea para descorchar una botella-. Tal vez sea por eso que resulta tan difícil exportar el rito del aperitivo”, que por definición, vive del dinamismo y la interacción. “Ellos prefieren estar sentados cómodamente la mesa y que los atiendan, relajarse”.


Después de todo, es comprensible, si consideramos el frenético ritmo que se debe soportar en una ciudad como Moscú. “El día acá transcurre a un ritmo alocado. Desde la mañana hasta la noche es una carrera. He intentado reconstruir en la medida de lo posible la atmósfera del 'happy hour' italiano”.


Es así como, al ponerse el sol, las pizzetas y los canapés encuentran su lugar a lo largo de la barra, para acompañar las horas de ocio de aquellos que quieren hacer un alto después del trabajo. “Nada de pepinos”, bromea Marco.


Obviamente, no todos conocen el spritz. En su mayoría suelen pedirlo los que han pasado algún tiempo en Italia. “Quien ha estado en Venecia lo aprecia más, indudablemente”, explica Marco, confesando que un famoso personaje de la televisión rusa es cliente habitual del local y llega a beberse entre cinco y seis spritz en cada visita.


El toque italiano no se limita, sin embargo, al aperitivo. “He querido recrear los banquetes renacentistas. Todos los domingos, a partir de las cuatro de la tarde y pagando un precio fijo, se puede comer alrededor de una mesa bien puesta, repleta de platos calientes y fríos que acompañan pollos, codornices y lechón asado. La idea es volver a proponer un verdadero banquete renacentista: una naturaleza muerta que se elabora en la cocina y se lleva al salón sobre una única y enorme bandeja, alrededor de la cual se come hasta altas horas de la noche”.

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